DISCOS › LAS DOS GRANDES OBRAS RELIGIOSAS DEL BARROCO

Música para el rey de reyes

El advenimiento y la muerte de Cristo son contados por Händel y Bach. Y el director Paul McCreesh logra las mejores versiones.

 Por Diego Fischerman

Las dos obras cuentan la muerte y resurrección de Cristo. Su estilos son, en muchos aspectos, opuestos. Una fue escrita para los fastos de la corte inglesa y la otra para una iglesia luterana de provincias. Pero El Mesías, de George Frideric Händel, y La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, separadas entre sí por catorce años y por maneras totalmente diferentes de concebir el hecho musical y su circulación social, representan la summa del arte religioso del barroco. Y si hay una manera de entender las profundas distancias estéticas entre Bach y Händel es a través de las interpretaciones de un músico que ama a ambos y que, con uno y con otro, es tan cuidadosamente perfecto como revolucionario.
“La historia de las interpretaciones de cualquier obra musical cambia de generación en generación y es importante documentar ese cambio”, respondió Paul McCreesh cuando le preguntaron si era necesaria otra versión de La Pasión... El director inglés, que saltó a la fama con lecturas insuperables del repertorio veneciano del 1600 y con la idea de reconstruir los contextos de cada obra y la manera en que se las escuchaba en la época en que fueron compuestas –por ejemplo, con intercalaciones de piezas instrumentales, de sermones recitados, de motetes de otros autores o del canto coral homofónico de la feligresía–, ya había grabado El Mesías en 1997. Su versión de La Pasión... es de 2003. En ambos casos, su sentido de la tetralidad y su tratamiento de la retórica del barroco es impactante. Sin embargo, las armas a las que recurre en uno y otro caso son bien distintas: “En relación con la expresividad hay una paradoja”, explica. “Por un lado tenemos que seguir mirando al pasado y aprender más cosas, pero a la vez hemos de ser más modernos desde el punto de vista expresivo. Por citar un ejemplo muy sencillo, en la Pasión..., cuando se escucha el grito de ‘Barrabás’, la sobrecogedora disonancia que se produce con ese acorde de séptima disminuida le chocaba enormemente a una congregación en tiempos de Bach, pero nosotros ya conocemos la música de Mendelssohn o de Brahms, y ese acorde lo tenemos tan asumido que esa conmoción no se produce. De manera que tenemos que mentalizarnos; hay que prepararlo de tal forma que verdaderamente se consiga ese elemento de autenticidad que es la sorpresa”.
Pero hay otra paradoja. Es posible que no haya otra versión en la que ese grito suene más teatral y poderoso que en ésta que es, con certeza, la versión en la que canta menos gente desde que Mendelssohn redescubrió la obra un siglo después de su composición. Los famosos coros de la Pasión aquí son apenas los dos cuartetos de solistas y esta es la primera interpretación que se anima a hacer lo que está probado que Bach hacía: usar sólo un cantante para cada parte musical. Todo se oye con una claridad estremecedora, por supuesto –incluyendo cosas que no se oyen en ninguna otra versión–. Pero el conjunto, en lugar de sonar más pobre, con menos fuerza, consigue un impulso arrollador. La convicción de cada uno de los cantantes e instrumentistas es, en todo caso, mucho más evidente. “Curiosamente, siempre intento hacer Händel con conjuntos cada vez más grandes y Bach con conjuntos cada vez más pequeños, y quizás aquí está parte de la diferencia, que la música de Bach siempre será música de cámara. De igual manera, nada puede haber más fantástico que escuchar a Händel tocado con una orquesta de ochenta personas, como la que hemos usado algunas veces”, dice McCreesh. En ambas grabaciones (las dos fueron editadas por Archiv y se consiguen en disquerías especializadas de Buenos Aires) participa la fantástica orquesta de especialistas creada por McCreesh, los Gabrielli Players, sumada a dos grupos de cantantes extraordinarios: Deborah York, Julia Gooding, Magdalena Kozená (genial en el aria con violín obligado “Erbarme dich, mein Gott”), Susan Bickley, Mark Padmore (un evangelista superlativo), James Gilchrist, Peter Harvey (un Jesús de gran intensidad dramática) y Stephan Loges en La Pasión...; Dorothea Roschmann, Susan Gritton, Bernarda Fink, Charles Daniels y Neal Davies en El Mesías, donde también participa el coro Gabrielli Consort. Los registros son, por otra parte, en ambos casos de gran fidelidad.

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“La música de Bach siempre es camarística”, dice McCreesh.
 
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