ECONOMíA › CON EL DOLAR TREPANDO A 3,78, LULA BUSCO DIFERENCIAR A SU PAIS EN LA CRISIS

“Brasil no es republiqueta, no es Argentina”

La especulación sigue haciendo su verano ante la inminente llegada de Lula Da Silva al gobierno. El candidato eligió una forma particular de transmitir calma: diferenciarse de la Argentina. También impugnó la continuidad de Arminio Fraga en el Banco Central, ni siquiera en una transición.

Los mercados financieros brasileños continuaron convulsionados, con el real cerrando en su nivel histórico más bajo, 3,78 unidades por dólar, después de haber tocado una cotización de 3,82 durante la jornada. Por más que algunos analistas continuaron balbuceando sobre el “efecto Lula”, ya no cabe duda de que Brasil está bajo el impacto de una fuerte corrida especulativa que amenaza mantenerse como mínimo hasta las elecciones del próximo 6 de octubre. En medio del nerviosismo, el probable futuro presidente Luiz Inácio Da Silva realizó una analogía poco elogiosa para con su socio del Mercosur. “La economía está frágil y no debemos jugar con ello. Lo que tenemos que crear es la idea fija de que este país no es una republiqueta cualquiera, no es Argentina, no quiebra.” Además, antes que profundizar en las señales “pro mercado”, el candidato anunció que si es electo no mantendrá en el cargo, ni siquiera por un período de transición, al ortodoxo presidente del Banco Central Arminio Fraga.
Un par de horas después de aquellas declaraciones, el vocero del candidato del PT, André Singer, tuvo que salir a aclarar que “la República Argentina goza de la mayor estima, respeto y solidaridad” de Lula y a afirmar que las declaraciones difundidas respondían a “versiones equivocadas”. En la misma entrevista, Lula rechazó los temores por su eventual triunfo e indicó que las turbulencias de los mercados son provocadas por otros factores, entre ellos el temor a un ataque a Irak por parte del presidente estadounidense George W. Bush: “De cada diez palabras que pronuncia, nueve son para crear una guerra”.
La excusa del poder financiero es la incertidumbre sobre el curso a seguir por el futuro gobierno en su relación con los organismos internacionales de crédito. Mientras tanto, la presión del poder financiero afecta la ya complicada situación de la deuda brasileña, tanto la pública como la privada. Casi el 30 por ciento de los compromisos del Estado, alrededor de 65 mil millones de dólares, tiene tasa de interés ajustable por tipo de cambio. A su vez, más de la mitad (53 por ciento), otros 110 mil millones, se ajustan por la tasa de referencia (Selic) que está directamente vinculada con el indicador de “riesgo país” y la inflación. Esto significa que la corrida especulativa agrava notablemente la situación de la deuda y esta situación retroalimenta, a su vez, los indicadores básicos.
Sin embargo, resulta difícil explicar la variación del tipo de cambio sólo por la debilidad de algunos indicadores objetivos de la macro brasileña. Algunas opiniones escuchadas ayer fueron significativas. “Los bancos compraron y vendieron dólares entre ellos para inflar la cotización”, expresó el operador de una mesa de cambios de San Pablo.
La movida era clara. Ayer, el Banco Central de Brasil se abstuvo de refinanciar las obligaciones que vencen hoy por un valor estimado de 1500 millones de dólares, que se liquidarán en reales con la cotización del dólar de ayer. De aquí el interés de muchos tenedores en presionar sobre el tipo de cambio.
La cotización del dólar “está alejada del equilibrio racional, que sería de 2,9 reales. El desequilibrio de este martes es puramente especulativo y extremadamente negativo para un país emergente”, declaró Virene Matesco, de la Fundación Getulio Vargas. Según la economista, el mercado “está perjudicando al país”, manteniendo una pulseada con el Banco Central. Matesco agregó que la actual cotización del dólar es “mala para Brasil y para la Argentina, con la diferencia de que la Argentina está estancada económicamente, que no es el caso de Brasil”. Añadió que aunque la “tasa facilita las importaciones argentinas (de productos brasileños), esa inestabilidad del cambio no aporta ningún beneficio al comercio”. Por su parte, el director de Relaciones Internacionales de la Federación de Industrias de San Pablo (Fiesp), Maurice Costin, el mentado “efecto Lula” ya estaba “descontado en la cotización de 3,4 reales por dólar, el resto es especulación”.
En una conferencia pública, el propio candidato Lula Da Silva se encargó de fustigar a las autoridades financieras. “Arminio Fraga (presidente del Banco Central) no se queda en mi gobierno. El Partido de los Trabajadores (PT) tiene personas de la más alta cualidad, y personas próximas al PT que no son del PT” para ocupar el cargo, señaló. “Elegiremos a un presidente del Banco Central con un perfil y un compromiso con lo que nosotros creemos”, agregó. Lula también fijó posición sobre las futuras relaciones con el Fondo Monetario Internacional. “En las próximas discusiones con el FMI queremos tener autonomía para determinar lo que queremos hacer aquí dentro; no aceptaré que Brasil sea tratado como si fuese un país insignificante”, concluyó.
Mientras los “mercados” continuaron su corrida, que en muchos casos también fue salida de Brasil, las encuestas recientes muestran que Lula dejó de ser una amenaza para el establishment. Según una encuesta de Ibope, difundida en la Argentina por un informe de la consultora KP&M, el 48 por ciento del electorado de mayores ingresos –más de 10 salarios mínimos (equivalentes a 1250 dólares mensuales)– ya tiene su voto decidido por el candidato del PT.

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Luiz Inácio Lula Da Silva, un candidato en la recta final hacia el probable triunfo.
 
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