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Shock petrolero

 Por Alfredo Zaiat

La fuerte caída del precio internacional del petróleo fue inesperada. Bajó 40 por ciento en apenas tres meses. Es uno de los retrocesos más importantes desde la posguerra. Tal es el shock por el acelerado derrape que pocos se animan a prever cuál puede ser la evolución en el corto y mediano plazo. Es un shock que todavía está siendo evaluado a nivel internacional para ver cómo queda el tablero de la economía global. Se trata de un potente cimbronazo teniendo en cuenta que las proyecciones que se presentaban en foros mundiales eran de suba del precio del petróleo. En una reunión reservada de ministros de Economía desarrollada en octubre pasado, en la última asamblea anual del Fondo Monetario Internacional, se presentó un escenario de alza del crudo justificado por los conflictos geopolíticos en áreas petroleras. Cuando el ministro Axel Kicillof planteó en ese encuentro una visión opuesta sobre el recorrido del petróleo considerando los cambios en la política monetaria de Estados Unidos, el fortalecimiento del dólar y el elevado componente especulativo de ese mercado no recibió aprobación por parte de la mayoría de los representantes de los países centrales. Los ministros de las potencias y los ejecutivos del Fondo se equivocaron. Se basaban, entre otros informes, en las proyecciones incluidas en las “Perspectivas de la economía mundial” del FMI. Ese documento difundido en esa asamblea del FMI-Banco Mundial advertía que “En un marco de conflictos geopolíticos, los riesgos para los precios del petróleo se inclinan al alza”.

El Fondo elaboró su análisis de la economía mundial definiendo que el precio promedio del petróleo fue 104,07 dólares en 2013, el supuesto, en base a los mercados de futuros, de 102,76 dólares en 2014, y de 99,36 dólares en 2015. A partir de esos valores, las sentencias sobre la evolución de la economía mundial son impactantes porque ratifica una vez más la inutilidad y a la vez riesgosa, por la influencia sobre la gestión de la política económica de los países, de las proyecciones del FMI. Ese documento sobre las perspectivas mundiales, divulgado hace apenas dos meses, decía lo siguiente respecto del petróleo:

- En lo que se refiere a los componentes que determinan la incertidumbre en torno de los pronósticos, los riesgos a la baja para el crecimiento mundial causados por (el alza de) los precios del petróleo han aumentado en comparación con el informe WEO (perspectivas económicas mundiales) de abril de 2014, y de forma notable para 2015.

- La intensificación del conflicto en la región (Medio Oriente) podría perturbar la producción de petróleo y desencadenar una escalada de los precios del petróleo.

- El capítulo “Escenarios de riesgo: Aumento fuerte y repentino de los precios del petróleo” supone que el precio del petróleo sube en promedio aproximadamente 20 por ciento en 2015 como respuesta a perturbaciones imprevistas de la oferta mundial de petróleo causadas por una disminución temporal de la producción en Irak.

- La sección especial del documento titulado “evolución y perspectivas de los mercados de materias primas, con un enfoque centrado en el gas natural en la economía mundial” advierte que las perturbaciones de la oferta del crudo totalizaron más de tres millones de barriles diarios (mbd) durante el último año, registrándose los mayores cortes en Irak, Libia y Siria, además de los trastornos generados por las sanciones impuestas contra la República Islámica de Irán. Otras perturbaciones obedecen a factores geopolíticos (por ejemplo, en Sudán del Sur).

- Los riesgos para los precios del petróleo se inclinan al alza dado el amplio espectro de interrupciones del suministro y las tensiones geopolíticas en curso. Las mayores preocupaciones son la escalada de la violencia en Irak y el conflicto entre Rusia y Ucrania.

- El crecimiento mundial disminuiría como resultado de perturbaciones en la producción o un aumento pronunciado en los precios mundiales del petróleo (debido a las tensiones de carácter geopolítico), así como también en caso de un deterioro inesperado de las condiciones financieras debido a las tasas de interés a largo plazo más alta de lo previsto en Estados Unidos o a una mayor aversión al riesgo.

Además del impacto en la propia actividad petrolera por cuestiones geopolíticas y su impacto en la economía global, se ha desplegado otro proceso que no fue tan brusco, pero probablemente más relevante para comprender la actual situación: la revaluación del dólar frente a otras monedas. No son abordajes excluyentes, sino que se complementan. A esos dos factores se debe sumar que el precio del petróleo tiene un elevado componente especulativo, con alzas y bajas bruscas como la registrada en estos meses.

Existe una lógica de la propia actividad: el comportamiento de la oferta (OPEP, autoabastecimiento de Estados Unidos con la explotación de hidrocarburos no convencionales, la decisión de Arabia Saudita de no disminuir la producción), la lista de países ganadores y perdedores por el retroceso del precio del petróleo (Venezuela, Irán, Rusia), el efecto positivo sobre el crecimiento global, y el impacto sobre proyectos de inversión que exigen un precio determinado del barril para que sean rentables (por ejemplo, Vaca Muerta). Sin embargo existe otro factor determinante sobre el precio del crudo vinculado con el ciclo económico de la por ahora primera potencia: Estados Unidos. Daniel Kampel en“Nuevo paradigma mundial: dólar caro y energía barata”, publicado en un informe de Econométrica, señala que no ha sido un acontecimiento indiferente sobre el mercado del petróleo que el dólar empezara a revaluarse a partir de mayo del año pasado.

En ese mes, el entonces titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, anunció en el Congreso de Estados Unidos que se iniciaba el proceso de reducir progresivamente el programa de expansión monetaria, plan de estímulo que ya ha terminado. El dólar se encuentra hoy en el nivel más alto de los últimos ocho años, mientras que los mercados especulan respecto del momento en que la Reserva Federal –ahora bajo el liderazgo de Janet Yellen– decida subir la tasa de interés que se encuentra en el mismo nivel (0,25 por ciento anual) desde hace siete años. La eventual alza de la tasa de interés a un rango del uno por ciento anual durante el 2015 reforzaría la tendencia ascendente del dólar.

Esas dos líneas interpretativas no son excluyentes, sólo es una cuestión de precisar a cuál se le asigna más relevancia explicativa sobre el comportamiento del precio del barril de crudo. La primera es la geopolítica, una alianza Arabia Saudita-Estados Unidos para castigar a Venezuela, Rusia e Irán; y la otra es que la caída del petróleo forma parte de los ciclos económicos del capitalismo. Estados Unidos decretó que salió de la crisis, empezó paulatinamente a retirar los estímulos monetarios hasta eliminarlos, entonces empezó a revaluarse la moneda con una perspectiva de suba de la tasa de interés. El resultado es un reflujo de capitales, caída de los commodities y devaluación de monedas periféricas.

Frente a semejante shock externo que tiene su componente especulativo inmediato en la caída del precio del petróleo, montado sobre un cambio en la economía mundial por la revaluación del dólar y una probable alza de la tasa de interés internacional, no es recomendable la estrategia de quedarse de brazos cruzados absorbiendo sus efectos en la economía doméstica.

El paquete de medidas anunciando por el equipo económico de disminución del precio de las naftas pretende amortiguar las ineludibles perturbaciones provocadas por el mercado internacional de hidrocarburos. La rebaja de impuestos y el plan de estímulos a la actividad petrolera tienen como premisa el mantenimiento o, en forma más ambiciosa, el aumento de la producción y el empleo tras la meta de la recuperación del autoabastecimiento energético. Es un plan que involucra aportes del sector público por unos 1200 millones de dólares, programa que ha convertido a los ejecutivos de uno de los sectores que más publicita las bondades del libre mercado en repentinos entusiastas de la intervención del Estado en la economía.

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Imagen: Bernardino Avila
 

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