ECONOMíA

El Banco Mundial limpia sus culpas en un maratón de autocríticas

Luego de admitir que las AFJP no habían funcionado, ahora el BM descubrió que el crecimiento en los ’90 no disminuyó la pobreza y que empeoró la distribución del ingreso. ¿Ingenuidad o hipocresía?

El Banco Mundial reconoció que en la Argentina el crecimiento económico no sirvió para reducir la pobreza. La razón fue que, al mismo tiempo, “se produjeron grandes cambios en las distribución del ingreso”. También hizo un mea culpa respecto de su actitud en la década pasada, cuando no habría prestado debida atención al escaso crecimiento de la industria y los servicios. En otras palabras, para el organismo internacional la Argentina de los ’90 se caracterizó por la concentración del ingreso y un crecimiento fragmentado, acotado sectorialmente.
Las declaraciones fueron hechas durante la presentación de un documento sobre el “clima de inversión” en el mundo, en el que el Banco evaluó los resultados de una encuesta a 30.000 empresas en 53 países. Tras el análisis de las restricciones que enfrenta el sector privado en la mayoría de los países en desarrollo, como la imprevisibilidad de la regulación estatal, la inseguridad jurídica y hasta la delincuencia, el BM reexpuso en el documento sus tradicionales recetas de política, como la eliminación de barreras al comercio y las reformas al sector público, todo ello dentro del objetivo amplio de “reducir la pobreza”.
Pero lo sustancioso para la Argentina no estuvo en el documento mismo sino en las declaraciones de los funcionarios, quienes continuaron con los tibios mea culpa iniciados meses atrás, cuando reconocieron el fracaso de los sistemas de jubilación privada que promovieron en los ’90.
Según el economista jefe del Banco Mundial, François Bourguignon, “el crecimiento es una condición necesaria para reducir la pobreza, pero no es suficiente. El caso de Argentina en los años ’90 lo ilustra muy bien”, admitió. “Cuando decimos que, generalmente, el crecimiento genera parte de la reducción de la pobreza, es partiendo del principio que el crecimiento se produce de forma neutral en la distribución de los recursos económicos”, explicó. “Si el crecimiento se produce con grandes cambios en la manera de distribuir la totalidad de los ingresos, entonces es posible que haya crecimiento sin reducción de la pobreza y hasta que la pobreza aumente pese al crecimiento”, aseguró el funcionario.
Por su parte, Michael Stein, economista jefe de la Corporación Financiera Internacional, el brazo del BM para el sector privado, reconoció los errores del organismo en su evaluación de la economía argentina. “Cuando uno se fija en la experiencia de crecimiento de Argentina a lo largo de los ’90, el gran tema es que durante todo el período de reformas hubo muy poco crecimiento en el sector manufacturero y en los servicios”, reseñó.
“La pregunta es ¿por qué?”, se interrogó. “Los obstáculos a la regulación en la economía argentina parecen ser un factor explicativo”, interpretó bajando el tono crítico. “Por supuesto, también estaban todos los problemas relacionados con el régimen de tipo de cambio que tenía” el país, agregó. “Pero, en el fondo, Argentina es uno de casos más claros en los que no se prestó suficientemente atención a los sectores manufactureros y de servicios, incluso por parte nuestra”, admitió. Volviendo a las obsesiones de los organismos dijo que “las privatizaciones sólo funcionan si hay un clima en el que otros pueden entrar y competir con las empresas privatizadas, de modo de que un monopolio público no se convierta en monopolio privado”.
En otro orden el economista realizó una curiosa interpretación de las críticas al neoliberalismo que se escuchan en América latina. A su juicio, las recetas económicas tendrían carácter étnico. Si la región “está harta de recetas neoliberales anglosajonas”, dijo Stein, entonces debe probar con otra cosa. “Si no les gustan los anglosajones, echen un vistazo a Escandinavia”, declaró. “Todos esos países, tras las crisis que los afectaron a principios de los ’80 o de los ’90, aplicaron políticas macroeconómicas, bajaron la inflación y crearon una de las regulaciones más flexibles y simples del mundo para el ambiente empresarial”, concluyó.

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La craneoteca que funciona en el Banco Mundial se sorprende ahora por el saldo de la receta de los ’90.
 
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