ECONOMIA

El Fondo en su laberinto

 Por Marcelo Zlotogwiazda

Mark Weisbrot, el economista que pasado mañana compartirá cartel en Washington junto con la ministra Felisa Miceli en una conferencia sobre el caso argentino, escribió hace un par de días una nota en la que ironiza sobre “la poca atención que concita el Fondo Monetario Internacional debido a sus fracasos”, subraya “la pérdida del enorme poder que tenía para presionar a los países en vías de desarrollo de ingresos medios a adoptar políticas económicas que frecuentemente iban en contra de sus intereses” y aconseja a “los países más pobres del mundo a independizarse de la institución”.

La conferencia en la que ambos disertarán está convocada bajo el título “Una historia de éxito latinoamericana: cinco años de extraordinario crecimiento económico y disminución de la pobreza en la Argentina”, y será moderada por un periodista del conservador The Wall Street Journal. Según una versión que circuló ayer en un medio local que no identificó fuentes, la presencia de Miceli junto con Weisbrot en un evento paralelo a la asamblea anual que en esta época realizan en forma conjunta el FMI y el Banco Mundial y a la que viajó la ministra, no cayó bien en el organismo que dirige el español Rodrigo De Rato. Considerando que la posición del gobierno argentino sobre el FMI es bien conocida desde hace tiempo, cuesta creer que el enojo se deba a los conceptos críticos de Weisbrot como los señalados al principio. Algo más verosímil, pero no mucho, es que el supuesto disgusto se origine en la opinión muy favorable a Hugo Chávez que mantiene el economista. También hay que tener en cuenta que el anónimo desagrado fue amplificado por la embajada argentina en Washington a cargo de José Octavio Bordón, celoso de las gestiones que hizo el cónsul en Nueva York, Héctor Timerman, para facilitar un evento que tendrá lugar en la capital política y no en la Gran Manzana.

Weisbrot es uno de los directores del Centro para la Investigación Económica y Política (CEPR, en su sigla inglesa), que cuenta en su comité de asesores a los premios Nobel Joseph Stiglitz y Robert Solow. De hecho, horas antes de la mesa sobre la Argentina, Stiglitz participará, junto con el subsecretario general de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, José Antonio Ocampo, de una conferencia sobre “Desbalances globales, cambios de poder y futuro del multilateralismo”, con la coordinación de un periodista de The New York Times.

El 4 de abril, Weisbrot difundió un artículo titulado “El FMI a los 63 años. ¿Una jubilación anticipada?”, que hace eje en la acelerada pérdida de influencia que ha tenido la institución en los últimos años, que, entre otras cosas, se refleja en el hecho de que tras las cancelaciones totales de Brasil, la Argentina, entre otros, “la cartera de préstamos se ha reducido bruscamente de 96 mil millones de dólares en 2004 a apenas 20 mil millones ahora, de los cuales la mitad corresponde a Turquía”. Augura que el organismo no va a recuperar el poder que supo ejercer, debido a que “lo perdió a raíz de que sus recetas fracasaron”. La nota cierra señalando que en el camino hacia la jubilación “el próximo paso importante debería ser que los países más pobres puedan independizarse del Fondo”.

El último ensayo de Weisbrot, en coautoría con David Rosnick, también apuntó los dardos contra el FMI, con el foco puesto en los pronósticos errados sobre la Argentina y Venezuela. El documento muestra cómo, por ejemplo en el caso argentino, los pronósticos sobre crecimiento se sobreestimaron mientras el Fondo prestaba dinero condicionado a sus políticas, y que, al revés, a partir del default los vaticinios fueron mucho más pesimistas que lo que terminó ocurriendo. Weisbrot y Rosnick resaltan que los errores fueron políticamente deliberados.

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