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Economía sostiene que no habrá salida del corralito en setiembre

La carta de intención con el FMI aspira a un superávit fiscal máximo en torno al 1 por ciento del PIB. El objetivo es comenzar a renegociar la deuda y reanudar el pago de intereses.

El Gobierno terminará de definir esta semana los principales puntos de la carta de intención que presentará al Fondo Monetario Internacional. El objetivo es llegar a un superávit fiscal primario cercano al 1 por ciento del PIB. Fuentes del Ministerio de Economía señalaron a este diario que un excedente fiscal del 0,7 por ciento del producto, esto es 2500 millones para el 2002, ya habría sido alcanzado. Desde Washington continúan las presiones por un mayor ajuste sobre las transferencias a las provincias y a la seguridad social. El cortocircuito entre Economía y el Banco Central volvió a ser motivo de circulación de información contradictoria. No hay planes para salir del corralito en setiembre.
En el Ministerio de Economía, donde se vive un clima de transitorio entusiasmo, se ajustan los últimos detalles del borrador con los compromisos que asumirá la Argentina. La meta de Roberto Lavagna es llegar al cambio de gobierno sin mayores turbulencias financieras. El objetivo de máxima es dejar iniciadas las conversaciones para una reprogramación de la deuda, con quita incluida, que permita salir de la incómoda situación de default. El equilibrio es delicado, pues la tranquilidad de las cuentas públicas se enfrenta a la potencial inestabilidad social. Más aún cuando a la sociedad le resta absorber aún el impacto que sobre la inflación y el consumo provocará el inminente aumento de tarifas de los servicios públicos.
El borrador de la carta de intención tiene 3 puntos: el programa monetario, la situación fiscal y la reforma del sistema financiero. Desde el Banco Central deslizaron que el Fondo demandaba una solución al problema del corralito para septiembre. Sin embargo, de la lectura del documento entregado por los técnicos del organismo internacional al Ministerio de Economía para su discusión surge que, para dicho mes, lo que debe estar definido es “un acuerdo” para un “programa de levantamiento gradual”. El propio ministro Lavagna desmintió ayer la posibilidad de la eliminación del corralito en el corto plazo. “En tanto no sea definitivamente resuelto el problema de los amparos planteados para liberar depósitos reprogramados, no será adoptada ninguna medida que requiera emisión monetaria, tales como liberación del corralito, habilitación de bonos para la compra de automóviles u otras”, destacó en un comunicado.
El punto central del acuerdo será entonces la magnitud del superávit fiscal primario. Aunque se habla del 0,7 del PIB para el 2002, la meta podría ser mayor. Este superávit es clave, entre otras razones, para determinar el valor de los títulos de la deuda pública, pues define cuál es la cantidad de dólares que podrá adquirir el Estado para hacer frente a sus obligaciones. En otras palabras, es un indicador de la salud del erario para refinanciar la deuda. Cuanto mayor sea el superávit, mayor será la capacidad del sector público para restablecer dichos pagos, aumentando así el valor de los títulos argentinos. Lo que importa en este punto, entonces, no es el valor nominal de la deuda sino el restablecimiento del flujo de intereses.
Los técnicos del FMI disienten con Economía sobre hasta qué punto podrá alcanzarse la meta de superávit y presionan por más. La mira sigue estando en las provincias. El desequilibrio del conjunto de los estados provinciales muestra para el 2002 un déficit proyectado que rondaría los mil millones de dólares siempre y cuando las provincias cumplan con la reducción de gastos comprometida recientemente. El argumento del FMI es que estos pactos nunca fueron cumplidos, por lo que el Estado nacional debería extremar su control.
Desde el Palacio de Hacienda, en tanto, argumentan que la meta del 0,7 por ciento del PIB ya fue alcanzada. El resultado positivo de las cuentas públicas se debió tanto al aumento de ingresos por la mejora en la recaudación como a la reducción del gasto público en dólares por la devaluación. Sin embargo, de aquí a fin de año existe todavía unaposibilidad de mayor superávit que Economía no ha puesto sobre la mesa de negociación. Los cálculos de un excedente del 0,7 por ciento del PIB están hechos sobre un dólar a 3,60. Si a fin de año la divisa llega a por ejemplo 4 pesos, se habrá producido una mejora extra de la recaudación como consecuencia de los mayores ingresos por retenciones.
En cuanto al tercer punto, la reforma del sistema financiero, una alta fuente del Ministerio de Economía se limitó a decir a Página/12 que consistirá en “la natural adecuación al nuevo y muy inferior nivel de activos financieros”. Salir del corralito no está todavía en los planes. La fuente reveló que para septiembre se espera alcanzar “un acuerdo sobre cómo será la salida” y no la salida. Entre los promesas que se incluirían podrán encontrarse algunos clásicos, como la independencia del BC y la protección legal para sus directivos. La preocupación principal sigue siendo limitar los amparos.

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Aldo Pignanelli y Roberto Lavagna también son independientes cuando suministran información.
El ministro aclaró que mientras no se consiga frenar los amparos, no habrá salida para el corralito.
 
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