EL MUNDO

“Gané las elecciones apostando al libre comercio con Estados Unidos”

El Alto, la ciudad más radicalizada de Bolivia, encierra una paradoja: su alcalde, José Luis Paredes, no sólo defiende el libre comercio y el ALCA con EE.UU. sino que también apoya a un candidato de derecha. Esto es lo que le dijo a Página/12.

Por Pablo Stefanoni
Desde La Paz

Producto de migraciones de campesinos víctimas del minifundio y de ex mineros expulsados de los socavones por las “reformas estructurales” de los ochenta, El Alto ha derrocado a dos presidentes –Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa, el primero de ellos con un saldo de 60 muertos–. Pero esta ciudad de 800.000 habitantes, “vanguardia” de la lucha por la nacionalización y contra las transnacionales, es también sede de una paradoja: su alcalde, José Luis Paredes –reelegido con más del 50 por ciento de los votos en diciembre de 2004– se pronuncia a favor del ALCA y apoya la candidatura del “neoliberal” Jorge “Tuto” Quiroga. Ex militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en la “guerra del gas” de 2003, Pepelucho –como todos lo conocen– rompió su carnet y fundó su propio partido: el Plan Progreso. Estos son los juicios del alcalde alteño en un diálogo exclusivo con Página/12.
–El Alto ha estado a la cabeza de dos derrocamientos sucesivos de presidentes y de la expulsión de la multinacional de aguas Suez. ¿Cómo definiría a esta ciudad de mayoría indígena?
–En realidad de un solo golpe derrocó a tres presidentes, porque no fue (Hormando) Vaca Díez, no fue (Mario) Cossío y salió Mesa. La ciudad de El Alto es la más importante de Bolivia, en lo político, en lo social y en lo económico. El Alto y Santa Cruz son las dos ciudades que más crecen gracias a la migración y son actualmente los dos pilares sobre los que se sustenta el país. Nuestra ciudad es fundamentalmente comercial, pero también hay una importante actividad manufacturera, de servicios y de transporte. El Alto reúne todas las condiciones adecuadas –tal vez mejor que China– para el asentamiento de industrias. Por eso como alcalde estoy peleando para la implementación del TLC (Tratado de Libre Comercio) con Estados Unidos. Pero lo que ha estado en cuestión en los últimos tiempos es la seguridad jurídica, afectada por la acción de los movimientos sociales.
–¿Qué es lo que le da la unidad combativa a El Alto?
–Primero, que más de un tercio de la población proviene de las minas, portando sus tradiciones combativas. Segundo, la extrema pobreza y tercero, el sistema organizativo que tenemos entre municipio y sociedad. Este es el único municipio en Bolivia en el que se eligen directamente a los subalcaldes por distrito y las asambleas de presidentes de juntas vecinales deciden incluso las obras que se van a desarrollar. Y debajo de las juntas vecinales están las manzaneras de la salud, que es una repetición de los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) de Cuba.
–¿Se puede decir que su función como alcalde es inestable, puesto que hay una poderosa organización vecinal que puede cuestionarlo en todo momento?
–Yo más bien soy parte y promotor de toda esta organización. La fortaleza de mi gobierno ha sido la existencia de un sistema democrático en la toma de decisiones. Si no, ¿cómo me hubiera mantenido cinco años y obtenido en diciembre pasado más del 50 por ciento de los votos? El problema es que en el último tiempo la ciudad ha sido atrapada por radicales. En las asambleas predominan quienes más gritan aunque sean minoritarios. Evo Morales es uno de los principales factores de distorsión en este sistema democrático-asambleísta que tenemos en el municipio. El problema es que somos producto de varias frustraciones. Una es la colonización española. Yo le dije a Felipe Quispe: “La diferencia entre tú y yo es que tú sigues peleando contra los españoles y yo soy un aymara del Internet”. La segunda frustración es el odio antichileno por la pérdida del mar. Otras frustraciones son el cierre de las minas –que dejó en la calle a gente que dio su vida por el desarrollo nacional–, el racismo y la caída del Muro de Berlín para quienes hemos soñado con construir un Estado socialista que pueda superar las desigualdades sociales. Entonces, la gente se va cargando y cuando tocas esas teclas reaccionan.
–¿Se puede decir que un futuro candidato que se base en El Alto llegará más alto que los demás?
–Sí, quien quiera optar por la presidencia de Bolivia tiene que pensar especialmente en dos regiones: El Alto y Santa Cruz.
–¿Cómo explica que en esta ciudad que pide la expulsión de las transnacionales y la nacionalización tenga un alcalde partidario del TLC con EE.UU. y el ALCA?
–En el tema de la nacionalización yo comparto el criterio, el problema es que nadie ha podido definir hasta ahora los detalles, porque una forma ultrista es nacionalizar confiscando, y otra es reconocer el espíritu de la propia Constitución –que establece la propiedad del Estado boliviano sobre los hidrocarburos–, pero que no evita que tengamos que buscar inversión extranjera. Yo gané las elecciones diciendo que debemos apostar a ser la capital de la exportación en Bolivia y que para eso tenemos que exigir al gobierno que apruebe el TLC. El MAS no escatimó en insultos pero he sido reelegido como el segundo alcalde más votado en el país.
–En general, se ve a El Alto y a Santa Cruz como dos polos opuestos. ¿Es posible un proyecto político que los articule?
–Yo creo que sí. Cuando los cruceños dicen autonomía tienen sus razones y no están pensando en separarse. Más bien son muy recelosos de que desde el Occidente –mediante la Asamblea Constituyente– se afecten sus derechos de propiedad sobre la tierra. Incluso grupos de collas han tomado tierras en el Oriente. Para producir soja se necesitan mayores extensiones de tierra –tener hasta 2000 hectáreas es normal–, pero para un colla tener 50 hectáreas es ser un terrateniente. Hay diferentes visiones, y creo que hay una dirigencia nacional que lo entiende, como Samuel Doria Medina o Jorge “Tuto” Quiroga, que expresan una voluntad de articulación.

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Una escena de los enfrentamientos desatados la semana pasada por la crisis en Bolivia.
 
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