EL MUNDO › SE DESAFILIAN DE LA FEDERACION
AMERICANA DE TRABAJO

El peor escenario desde 1930

 Por David Usborne *
Desde Nueva York

El movimiento sindical estadounidense estaba al borde de la guerra civil anoche cuando los dos sindicatos más importantes, incluyendo el Teamsters, se preparaban para abandonar el principal congreso sindical del país, el AFL-CIO (Federación Americana de Trabajo y el Congreso de Organizaciones Industriales), en medio de amargas recriminaciones sobre su liderazgo y el fracaso para revertir una pronunciada merma de miembros.
Las hostilidades comenzaron el domingo cuando cuatro grandes sindicatos anunciaron que estaban boicoteando la convención anual de AFL-CIO, que comenzó en Chicago ayer. Luego se supo que dos de los cuatro probablemente se retirarían totalmente de la alianza. Los dos sindicatos que se van, la Hermandad Internacional de Camioneros y el Sindicato Internacional de Empleados de Servicio, tienen 1,4 y 1,8 millones de miembros, respectivamente. Su revuelta representa un gran golpe, tanto en términos morales como financieramente al AFL-CIO y fue descripta como la peor pelea en el movimiento laboral desde 1930. Arriesga socavar aún más la fuerza sindical en Estados Unidos que ha estado declinando desde hace décadas, erosionada por menguantes listas de miembros, los efectos de la automatización, el permanente apuro por mejorar la productividad y las ramificaciones de la globalización y el aumento de la competencia mundial.
La AFL y la CIO se separaron en la década de 1930. Sin embargo, se unieron nuevamente en 1955 y la convención de este año iba a ser una celebración de ese matrimonio de 50 años. Durante todo ese tiempo, la AFL-CIO fue la voz del trabajo organizado en el país. Pero mientras uno de cada tres trabajadores en el sector privado pertenecían a un sindicato en Estados Unidos hace medio siglo, hoy en día es sólo el 8 por ciento. Lo implacable de esa caída y el ambiente político ahora hacen que el poder sindical sea aún menos creíble y dio lugar al aumento de las tensiones de hoy.
La división del movimiento laboral también es malo para el Partido Demócrata, que durante generaciones dependió de los líderes trabajadores para galvanizar a los votantes así como reunir fondos para los candidatos para la Casa Blanca y el Congreso. El año pasado casi un cuarto de todos los votos emitidos en la carrera presidencial provino de hogares sindicales, una mayoría de los cuales apoyaba al demócrata John Kerry. Algunos sostienen que los disidentes, lejos de ayudar, están haciéndoles el juego a aquellos que quieren que el movimiento sea aún más débil.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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