EL MUNDO › INSOLITA DESIGNACION DE TOLEDO EN EXTERIORES

Un canciller que quema a Perú

Por Carlos Noriega
Desde Lima

Los analistas políticos coinciden en adjudicarle al presidente Alejandro Toledo una vocación autodestructiva, que lo lleva a tomar decisiones equivocadas en momentos clave, que lo impulsa a crear las condiciones para golpear su propia imagen precisamente cuando su gobierno podría aprovechar alguna coyuntura favorable. Como para no desmentirlo, Toledo ha comenzado su último año de gobierno con una decisión que puede ser calificada como suicida. Desoyendo las advertencias de la oposición, los consejos de su propio partido y los cuestionamientos unánimes de la prensa y de los analistas, el presidente peruano decidió, luego de varios días de dudas, designar como canciller a Fernando Olivera, el controvertido jefe del Frente Independiente Moralizador (FIM), pequeño partido aliado del gobierno. Hasta ayer embajador en España, Olivera tiene una trayectoria marcada por los escándalos y por una personalidad conflictiva, muy distinta a la que se esperaría de un canciller, y está en la lista de los políticos con mayor rechazo ciudadano. Pero no solamente es criticado por la oposición al gobierno, sino que ha tenido constantes y muy duras fricciones con sus aliados del oficialismo.
Las reacciones a la designación de Olivera no se han hecho esperar. El primer efecto de su nombramiento ha sido el estallido de una crisis al interior del gobierno con la renuncia del primer ministro, Carlos Ferrero. La dimisión de Ferrero se conoció en el mismo momento en que Olivera juramentaba como canciller. El resto de los ministros le seguirá los pasos, porque la Constitución indica que eso es lo que sigue a la renuncia de un premier. En la ceremonia de juramentación de Olivera, la mayor parte de los ministros no pudieron ocultar un gesto adusto, que contrastaba con la incontrolable felicidad de Olivera. Otros miembros del gabinete simplemente prefirieron no asistir. Fue el caso del titular de Vivienda, Carlos Bruce, el ministro más popular del gobierno, quien sostuvo en los últimos días un duro enfrentamiento verbal con Olivera, como consecuencia del cual amenazó con renunciar. Ha trascendido que luego de que Ferrero le anunció a Toledo su decisión de renunciar ante el nombramiento de Olivera, éste le ofreció el cargo de primer ministro al congresista oficialista Henry Pease, uno de los personajes de mayor prestigio del oficialismo. Pero Pease rechazó la oferta por la misma razón por la que se iba Ferrero. Hasta anoche, el cargo permanecía vacante. Consciente de los anticuerpos que su nuevo canciller tiene entre los miembros del propio gobierno, Toledo pidió, entre la exigencia y la imploración: “Denle su apoyo y respaldo al nuevo canciller”.
Olivera fue ministro de Justicia en el primer año del gobierno de Toledo y su paso por el gabinete estuvo, como su carrera política, marcado por la controversia. Ha sido acusado de haber ayudado al empresario televisivo Ernesto Schutz a huir a la Argentina antes de que se hiciera público un video en el que se le ve al broadcaster recibiendo dinero de manos de Vladimiro Montesinos, el ex hombre fuerte del gobierno del hoy prófugo Alberto Fujimori (1990-2000), para apoyar la re-reelección de Fujimori. También tiene abierto un proceso penal por haber llevado al Vaticano cartas falsas con las que pretendió vincular al cardenal Luis Cipriani con Montesinos. Con su designación como ministro de Relaciones Exteriores, ahora Olivera gozará de inmunidad por cinco años a partir del momento en que deje el cargo, lo que lo pone a buen recaudo de estas y otras posibles investigaciones judiciales en su contra.

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