EL MUNDO

El hombre que perdió casi todo por usar mocasines

Edmund Stoiber, líder de la Unión Socialcristiana, perdió por poco. Cometió varios errores, pero uno fue crucial y ocurrió en las trágicas inundaciones del
mes pasado.

Por John Hopper
Desde Berlín

Si bien el canciller Gerhard Schroeder puede no haber hecho todo bien, no hizo nada encandilantemente mal. Edmund Stoiber, su desafiante socialcristiano, por contraste, cometió una serie de errores. La mayoría fueron triviales, pero uno de ellos fue serio.
El manifiesto de Schroeder fue un compendio de agradables generalidades. Su banal slogan fue: “Un canciller moderno para un país moderno”. No fue sorprendente que evitara tomar riesgos. Cuatro años atrás se comprometió específicamente a reducir el desempleo a 3,5 millones de personas, mientras esa cifra se ampliaba a los 4 millones pareció que le iba a costar su puesto. No obstante, en el primer día de su campaña el mes pasado, el canciller formuló otro compromiso que se le volvió como boomerang en los últimos días de la campaña. Schroeder prometió que bajo su liderazgo Alemania no participaría de ninguna ofensiva liderada por EE.UU. para derrocar a Saddam Hussein, incluso si, como luego hizo claro, la invasión contaba con la bendición de la ONU. La irritación en EE.UU. sobre su compromiso antibélico se convirtió en rabia intensa y abierta cuando una ministra socialdemócrata, Herta-Daubler-Gmelin, fue citada en un diario regional alemán comparando las tácticas de George W. Bush hacia Irak con las de Adolf Hitler. El viernes por la noche se reveló que Schroeder había escrito a la Casa Blanca para lamentar el hecho, diciendo que la ministra había negado haber hecho esas declaraciones. Pero Washington indicó que Schroeder todavía debía explicarse y pedir disculpas más seriamente luego de la elección. Condoleezza Rice, la asesora de Seguridad Nacional, dijo que el incidente había “envenenado” las relaciones germano-americanas.
Los tropiezos de Stoiber comenzaron con un incidente medio cómico en el que sus asesores de campaña lo alentaron mostrarse deportivo pateando una pelota de fútbol. Lo hizo con tanto entusiasmo y mala puntería que la pelota impactó en una anciana, pulverizando sus lentes y ensangrentando su rostro. Tropezó en los escalones de una tarima frente a 10.000 partidarios en Dusseldorf. En diferentes momentos de su campaña, llamó al presidente estadounidense como “George Bus”, y pareció sorprendido cuando le dijeron que el tren interurbano de alta velocidad podía llegar de Berlín a Hannover en una hora. En el segundo debate en TV, vaciló en su respuesta a una pregunta de Schroeder: si bajo su liderazgo los soldados alemanes serían enviados a combatir contra Irak. La respuesta fue larguísima y ambigua.
Sin embargo, lo que fue de lejos su mayor error vino después de las inundaciones en el sur y el este de Alemania el mes pasado. Stoiber estaba de vacaciones en ese momento, y desperdició dos días vitales en que el canciller operó velozmente para demostrar su liderazgo, y luego Stoiber criticó detalles de las propuestas de Schroeder, cuando podría haber sido más sabio ofrecer su apoyo irrestricto en momentos de emergencia nacional.
Muchos votantes empezaron a hacer preguntas sobre Stoiber en ese momento. Y la menos importante no fue la siguiente: ¿Cómo fue que Stoiber, cuando finalmente apareció en la inundada Dresden, llegó de mocasines?

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