EL PAíS › ENTREVISTA A DANIEL DE SANTIS, AUTOR DE LA HISTORIA DEL PRT-ERP

“Fue una política revolucionaria”

En 1971, De Santis se incorporó al PRT-ERP. Atesoró y publicó todos los documentos de los congresos partidarios y ahora escribió la historia política del partido contada por sus protagonistas. Una mirada que seguirá aportando a la polémica.

 Por Alejandra Dandan

Dice que una de las primeras cosas que aprendió fue a agachar la cabeza. Intentaba entrar a trabajar a una obra en construcción, primera escala hacia una metalúrgica, corazón de la vanguardia de la clase obrera industrializada. Corría el año 1973. Ante el capataz, metió la pata. “¿Cuánto voy a cobrar?”, le preguntó. “Mire, si así vamos a empezar, mejor se va a otro lado.”

Daniel De Santis nació en 1948, en 1971 se incorporó al PRT-ERP, en 1975 era dirigente de los obreros de la fábrica Propulsora Siderúrgica, desde donde llevaron adelante tres meses de huelga, y enseguida integró el Comité Central del partido. Durante la dictadura estuvo exiliado. Participó de la Revolución Sandinista. Después de distintas derivas, terminó un profesorado en física para dar clases en los secundarios de La Plata, un antecedente de esa lógica pedagógica con la que diseñó la Cátedra Che Guevara en la Universidad de La Plata en 2003, dos años después de lo que aún llama la rebelión de 2001. Desde ese espacio surgió La Historia del PRT-ERP, la historia política del partido contada por sus protagonistas, un libro de 687 páginas que acaba de publicar.

En su casa, a la vera de un camino de tierra, cerca de La Plata, De Santis guardó durante años uno de los archivos más completos del PRT-ERP. Los documentos del IV y V Congreso, buena parte de los boletines internos, documentos del Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP), el curso de la Escuela de Cuadros del partido y publicaciones como El Combatiente y Estrella Roja. Con ese material publicó en 1998, 2000, 2004/2005 la obra en tres volúmenes de A Vencer o Morir - Historia del PRT-ERP- Documentos, entre otros. Ahora esos documentos integran una edición en soporte informático de 50 mil páginas editado por Abuelas de Plaza de Mayo. Incluye un listado provisorio con el nombre de 1800 militantes del PRT-ERP secuestrados desaparecidos, asesinados y muertos en combate. El DVD acompaña la publicación del libro que se presentará hoy en el Hotel Bauen (ver aparte).

El texto es probablemente polémico. De Santis estructura la vida del PRT-ERP como una historia política, sin esquivar los ejes complejos. Piensa en distintos tipos de lectores, también en los no iniciados, y en ese sentido su historia explica el marxismo para poder entender la revolución bolchevique, Latinoamérica, y en ese contexto la evaluación de las organizaciones políticas argentinas durante los ’60 y ’70. Habla de Enrique Gorriarán Merlo, discute con Luis Mattini y María Seoane, autores de otras historias; se mete con Monte Chingolo, con la evaluación del golpe de Estado. Los errores. Y el presente. Una cosa más: no es un libro de anécdotas.

–Desde el prólogo queda planteado el carácter no neutral de la obra.

–Sí. Es una historia que debate con otras líneas, en general con la corriente posmoderna posterior a la derrota, a la caída de la Unión Soviética.

–Parte de esas miradas señalan la desviación militarista o el carácter aventurero del partido ¿cuál es su posición sobre el PRT?

–Discuto con los que dicen que era un partido de la pequeña burguesía o que Santucho no entendía de política. Yo digo que nosotros, como todo el que lucha, se tropieza, pero esencialmente esto fue una política revolucionaria. Lo que planteo es que el PRT fue una organización revolucionaria, que se enmarcó cabalmente dentro del leninismo y dentro del marxismo revolucionario. Que interpretó la situación de la lucha de clases en Argentina. Logró insertarse en el movimiento obrero, logró jugar un papel fundamental en contribuir a que la clase obrera fuera miembro del socialismo. La clase obrera argentina no era socialista. La última vez que la izquierda dirigió una acción importante de la clase obrera había sido en 1936 con la huelga general liderada por el PC. Hasta el Cordobazo, la clase obrera estuvo liderada por corrientes populistas o el peronismo. Y en ese proceso el papel del PRT fue decisivo para que se retomaran las banderas del socialismo. Desconocer eso es desconocer una realidad inmensa. Llegamos a tener 816 militantes obreros, la mayoría compañeros de las fábricas.

–El libro tiene como eje las clases. Y el relato de los protagonistas. ¿Por qué la decisión?

–Durante la cátedra, invitamos a los compañeros más representativos de cada tema. Lo que ahora es el segundo capítulo, fue la primera clase: el PRT en Tucumán, la fundación y el proletariado azucarero, que jugó un papel relevante. Vino Juan Carlos Ledesma, un compañero que militó en el FRIP, que fue protagonista de primer nivel de toda esa experiencia. Viene de la vertiente de los hermanos Santucho. La segunda clase abarcaba el período entre el I y IV Congreso, invitamos a Luis Ortolani, que viene de la otra vertiente: Palabra Obrera. Cuenta todo el origen del partido también desde ese otro lado que van a confluir en la Tendencia Leninista, previa al IV Congreso. En el Cordobazo, Abel Bohoslavsky que estuvo ahí. Goyo Flores, dirigente del Viborazo y de Sitrac-Sitram. Fernando Vaca Narvaja, Celedonio Carrizo y Jorge Marcos por la fuga de Rawson. La compañía del Monte Chingolo. Yo hilvano a través de la línea del partido estos hechos que son contados por los protagonistas centrales. No es que todos pensemos exactamente lo mismo, pero creo que hay una mirada común de una historia que todos compartimos.

–El libro aporta como dato un detalle del minuto a minuto de la fuga de Trelew, ¿por qué?

–El minuto a minuto demuestra la gran capacidad organizativa de las tres organizaciones que intervinieron. Muchas cosas no dependían de la voluntad, sino de innumerables factores externos, como haber tomado la cárcel desde adentro para afuera; guardiacárceles armados; la brigada a 200 metros y la base Almirante Zar a 25 kilómetros. Demuestra que no era gente improvisada.

–Durante el asalto al destacamento de Viejobueno en diciembre de 1975 hubo un delator. Los militares estaban esperando. Hubo 49 muertos enterrados como NN en Avellaneda por lo menos. Mucho se criticó esa decisión.

–En Monte Chingolo yo comparto la decisión de realizarlo. No era que los dirigentes estaban desesperados, como dicen otros. La planificación se correspondía cabalmente con la línea que veníamos desarrollando en el V Congreso. Era un paso necesario que había que dar para llegar a un nuevo nivel de enfrentamiento político-militar. Es cierto que había un agente infiltrado que no detectamos por error propio. Había elementos concretos para hacerlo. Y el agente fue decisivo para el fracaso.

–Usted dice que se sabía que había infiltrados, pero actuaron igual.

–Sabíamos que estábamos infiltrados, pero no en particular. Hago una especulación. Digo: no lo condeno, porque a lo mejor se sabía y se pensó que igual podía ser exitoso. Lo que también digo es que como antes, en abril de 1975, se había tomado exitosamente el cuartel de Fray Luis Beltrán en Rosario, eso pudo haber jugado en la mente de los dirigentes del PRT para hacer la acción, pese a que estaban siendo descubiertos. Lo que digo es que si fue así: si se sabía, y se avanzó, fue un error grande. Pero lo que quiero decir es que no fue producto de un tipo que estaba loco o de un contrarrevolucionario, ni de un dirigente que mandó la gente a la muerte. Se equivocó mucho, muchísimo. Ponele el superlativo que quieras, pero era un dirigente revolucionario que se equivocó, no era un tipo que estaba loco.

–¿Por qué la necesidad de revisar la historia en este momento?

–Para mí es muy importante porque es el punto de partida de las fuerzas militantes que se plantean una trasformación social profunda en Argentina. Es un punto de partida esencial porque es el nivel más alto que alcanzó la clase obrera y la teoría política del otro. No partir de ahí es partir de nuevo desde el principio. Newton decía: “Yo partí de ahí porque me paré en hombros de gigantes”. De Galileo y de otros. Lo que creo es que hay que volver a descubrir cosas que ya están escritas, es un cúmulo de partida esencial para elevarse desde ahí.

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“Es una lectura que debate con las miradas posmodernas”, señaló Daniel De Santis.
Imagen: Pablo Piovano
 
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