EL PAíS › EN EL EXPEDIENTE JUDICIAL SOBRE LAS RELACIONES CON CARACAS NO SE COMPRUEBAN LAS DECLARACIONES DE SADOUS

Mucho ruido y pocas nueces en el caso Venezuela

El ex canciller Rafael Bielsa solicitó explicaciones en su momento a Venezuela por el manejo de los 90 millones de pesos del fideicomiso. Caracas pidió disculpas y el dinero apareció. La venta de maquinarias agrícolas empezó después del relevo de Sadous.

 Por Raúl Kollmann e Irina Hauser

La polémica planteada en el Congreso sobre las relaciones con Venezuela dejó en un segundo plano la causa judicial y lo que se fue o no verificando en el expediente.

1 En los inicios de la causa, una denuncia de la Coalición Cívica contra el matrimonio Kirchner y varios funcionarios por supuesta asociación ilícita mencionaba la desaparición de 90 millones de dólares de un fideicomiso formado sobre la base de las compras argentinas de hidrocarburos venezolanos. También cuestionaba por qué comprar fueloil si Argentina es exportadora. Pero no hablaba de comisiones o sobornos.

Resulta elocuente que la oposición y la mayoría de los medios hayan dejado de lado un nombre clave en todo esto: el canciller de aquel momento, Rafael Bielsa, sobre quien no pesa ninguna denuncia. Se trata de meter otros personajes en esta historia y se esconde al principal protagonista.

Cuando el ex embajador Eduardo Sadous manda el cable confidencial señalando que faltan los 90 millones de dólares, Bielsa reacciona de inmediato, previa consulta con el entonces presidente Néstor Kirchner. El dinero era de los venezolanos, pero existía el compromiso de usarlo en compras a empresas argentinas. Bielsa cita al embajador de Caracas en Buenos Aires, Freddy Balzán, y le entrega una carta. Venezuela pide disculpas y el dinero fue repuesto de inmediato. Todo esto está documentado en el expediente judicial, a cargo del juez Julián Ercolini y del fiscal Gerardo Pollicita.

Como señaló Página/12 desde el primer día, el fideicomiso o el acuerdo con Venezuela, monitoreado por Martín Redrado, secretario de Relaciones Internacionales de la Cancillería, nunca se terminó de volcar en los papeles –o por lo menos hasta ahora no apareció ningún documento– entre otras cosas porque el dinero era venezolano y lo manejaba Caracas. El fideicomiso existía entre la petrolera venezolana Pdvsa y el Banco de Desarrollo venezolano, según aclaran allegados a la investigación judicial, o sea dos partes venezolanas. Es que en Caracas dijeron que el dinero era de ellos y, por lo tanto, ellos eran los únicos con derecho a manejarlo. El Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE) argentino participó en las tratativas pero quedó afuera.

2 Cuando Sadous declara ante el juez Ercolini y el fiscal Pollicita, en abril último, desliza que había escuchado quejas de empresarios de la industria de maquinaria agrícola que sostenían que les estaban exigiendo una comisión del 15 por ciento por vender sus productos en Venezuela.

Aquí entra una nueva reflexión hecha por el ex canciller Bielsa: “Si Sadous mandó un cable confidencial con la desaparición de 90 millones de dólares de dinero que manejaban los venezolanos, ¿por qué nunca envió un cable confidencial con las supuestas versiones de pedidos de comisiones a los empresarios de maquinarias? ¿Por qué tarda cinco años en contar lo que, según él, le dijeron los empresarios?”.

Pero a esto se agregan dos elementos fundamentales del expediente. El segundo de Sadous, Alberto Alvarez Tufillo, declaró ante Ercolini y Pollicita y sostuvo que el embajador nunca le hizo ningún comentario sobre coimas o comisiones. Es más, en toda la declaración de Alvarez Tufillo no se habla ni de embajada paralela ni de otras movidas que ahora mencionó Sadous. Cuenta, por ejemplo, que el acuerdo con Venezuela por la venta de hidrocarburos y el uso del dinero para hacerle compras a la Argentina fue pergeñado por tres ministerios: la Cancillería, Economía y Planificación.

El otro dato que aparece en la causa, es sorprendente. Sadous dejó la embajada de Argentina en Caracas el 20 de junio de 2005. En ese momento, la posibilidad de venta de maquinaria agrícola ni existía. En el expediente figura que el acuerdo con Venezuela se firmó el 29 de septiembre de 2005, tres meses después, y la primera concreción de venta de maquinaria se produjo a partir de junio de 2006, cuando Sadous ya hacía un año que no estaba en Caracas.

3 Como era obvio, las 39 empresas que vendieron en Venezuela negaron que les hubieran pedido una coima, porque estarían reconociendo un delito, el cohecho activo. Pero, además, todas ellas –una por una– firmaron el acuerdo con Palmat Internacional, una trader con sedes en Miami y Caracas. De todas maneras, resulta interesante un testimonio en la causa, el de Eduardo Cavanagh, empresario que intentó vender vaquillonas a Caracas pero quedó afuera. Por ello, no estaría obligado a declarar contra sí mismo, porque no pagó ninguna coima. Y, como perdió el supuesto negocio, podía despacharse con bronca. Cavanagh afirmó ante el juez y el fiscal que nadie le pidió nunca una coima, pero que la pelea era furiosa entre las empresas argentinas y que algunas de ellas eran “caballos del comisario” de los venezolanos. Tomó la situación, señaló, como “parte del riesgo empresario”. Por otra parte, negó haberle hecho comentario alguno a Sadous sobre el tema –algo que afirma el ex embajador– y menos todavía que el ex secretario de Agricultura Javier De Urquiza le haya dicho que se corra del negocio. “No lo conocí, nunca pude hablar con él”, declaró Cavanagh. En función de este relato, queda claro que parte de la declaración de Sadous contiene afirmaciones desmentidas por el expediente de Ercolini.

4 Lo de la supuesta embajada paralela también fue aclarado por el ex canciller Bielsa. El cuadro de situación en ese momento era la amenaza de una grave crisis en materia energética. Es más, toda la oposición, pronosticaba que la Argentina caminaba hacia el gran corte. En ese marco, explicó Bielsa, los funcionarios de Planificación hicieron decenas y decenas de viajes a Caracas, porque se necesitaba el gasoil. No era de buena calidad, pero servía para salir del apuro. Y los técnicos en la materia eran los funcionarios de Planificación que, además, usaron a Claudio Uberti porque tenía buena llegada en Caracas. “Roberto Lavagna y su equipo, durante el primer canje, viajaron decenas de veces a Italia, Japón y Estados Unidos. Eran las personas indicadas. Y no por eso hubo diplomacia paralela”, razonó Bielsa.

5 Los cables confidenciales publicados este fin de semana por Clarín ratifican lo dicho por Bielsa. Muestran a Sadous preocupado por el fideicomiso, algo que se solucionó en pocos días, y pidiendo datos sobre un viaje de gente de Planificación. Eso encaja con lo explicado por Bielsa. Pero, además, uno de los cables demuestra que los venezolanos eran un hueso duro de roer: “A criterio de esta representación –dice Sadous– no deben generarse muchas esperanzas en lograr un amplio acceso de las empresas proveedoras de la industria petrolera argentina, sin existir socios locales”. Es lo mismo que afirman los empresarios de la maquinaria: era difícil meterse en el mercado venezolano, porque estaba copado por los brasileños y, además, porque exigían socios locales y un conocimiento de “mecanismos, códigos y canales informales usuales en el ámbito venezolano”. La única chance fue, justamente, abierta por la negociación de compra de hidrocarburos y, a cambio, el compromiso de Venezuela de comprar productos argentinos con ese dinero.

6 Judicialmente, ni el fideicomiso ni la supuesta diplomacia paralela son temas centrales. El dinero pagado por la compra de hidrocarburos no podía ser tocado por ningún funcionario argentino. Estaba en manos de los venezolanos. En principio, no habría delito a la vista. La diplomacia paralela fue desmentida por el principal responsable de entonces, Bielsa, pero –además–, y suponiendo que hubiera existido, tampoco es un problema penal. Lo único que podría cambiar esta ecuación es que se demuestre que el fideicomiso fue armado para robar.

7 Queda la cuestión de las comisiones por la venta de maquinaria agrícola, algo que Sadous denunció con cinco años de atraso. Según los empresarios, la comisión cobrada por Palmat –entre un 11 y un 15 por ciento– fue razonable, porque no era una empresa que hacía trámites, sino la encargada de conseguir que los venezolanos compraran tal máquina argentina y no tal otra de Brasil. O sea que ejercían un papel parecido al de una concesionaria en el negocio de los autos.

Palmat de ninguna manera es una empresa fantasma. Tiene 200 empleados, factura en blanco, existen contratos oficiales y Palmat registra operaciones desde mucho antes del crecimiento espectacular del comercio con Venezuela. Las comisiones, inclusive, están todas facturadas.

Los empresarios dicen también que la competidora de Palmat, una gigantesca empresa brasileña, Cotia, cobraba lo mismo o un poco más, casi 20 por ciento. Pero no aportaron, hasta ahora, ninguna documentación sobre ello. Es más, está pendiente la declaración de los integrantes de un estudio cordobés, que fue el que concretó los contratos de las 39 empresas de maquinaria agrícola con Palmat. También se le está exigiendo a las 39 empresas las copias de los acuerdos con Palmat. Los investigadores tienen la expectativa de que de ellos surja información sobre la mecánica de las operaciones y la contratación de las intermediarias.

El meollo de la causa pasa por la reconstrucción de la ruta del dinero. El juez Ercolini pidió a Estados Unidos informes sobre los movimientos de cuentas de Palmat, lo que significa que quiere saber qué hizo la trader con las comisiones. Si hubo alguna coima, la lógica indica que los principales beneficiarios deberían ser funcionarios venezolanos, que tenían el poder de decisión sobre las compras de maquinaria. La oposición sospecha también que tal vez una parte de la comisión haya venido hacia algún funcionario argentino que le podría haber marcado a sus pares cuáles eran las empresas “convenientes”. Pero aun así los cables de Sadous demuestran que los venezolanos –casi siempre generales u oficiales del ejército de alta graduación– mantenían un férreo control sobre todo. Algunas de las medidas de prueba de la fiscalía y el juzgado apuntan, por ejemplo, a establecer qué peso y qué papel tuvieron ciertos funcionarios argentinos como el ex titular del Organo de Control de Concesiones Viales (Occovi) Claudio Uberti.

8 Lo que llama la atención es la desproporción gigantesca entre la movida política y mediática y la causa judicial. En el expediente, casi todo lo declarado por Sadous quedó en el terreno de las dudas y en algunos casos desvirtuado. Es más, ahora se habla de la declaración en el Congreso del ex defensor del Pueblo Guillermo Mondino. Este firmó un dictamen sobre la operación de venta de maquinaria a Venezuela y las comisiones de Palmat: “No hay motivos para hacer ninguna denuncia penal”, certificó Mondino. Pasado a la oposición sostiene que firmó pero que igual tiene dudas.

9 Más allá de todo esto, Ercolini y Pollicita tienen todavía un margen para investigar, por un lado, los movimientos de dinero y su destino; por otro, si se compraba fueloil a Venezuela más caro de lo que se exportaba.

10 Por ahora –sin ningún ilícito probado– las operaciones con Venezuela tuvieron tres resultados que se ven a simple vista:

Primero –como señaló Bielsa–, Venezuela ayudó a superar los problemas energéticos, incluso al principio entregando gasoil sin ninguna garantía de pago.

Segundo, la industria de maquinaria agrícola realizó la mayor exportación de la historia y, por primera vez, le peleó el mercado venezolano a las empresas brasileñas.

Tercero, el comercio con la Venezuela de Hugo Chávez registró un crecimiento importantísimo, pasando de 170 a 2000 millones de dólares. Y una parte, como la de maquinaria agrícola, significó la salvación para esas empresas en momentos de crisis. Por ejemplo, les permitió mantener a sus empleados.

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Desde la asunción de Néstor Kirchner, el intercambio con Hugo Chávez pasó de 170 a 2000 millones de dólares.
Imagen: AFP
 
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