EL PAíS › AMADO BOUDOU, EL EX EGRESADO DEL CEMA QUE “SUPO CAMBIAR Y ADAPTARSE”

El nombre de una etapa

Su formación y militancia lo asimilaban al perfil de los adversarios del Gobierno. Pero es un símbolo de la exitosa gestión de Cristina después de julio de 2009 y diseñó algunas de sus políticas más importantes.

 Por Raúl Dellatorre

La elección de Amado Boudou como su candidato a vicepresidente es un reflejo de lo que, para la presidenta Cristina Fernández, ha sido el inicio de la etapa más trascendente políticamente en su gestión presidencial. Boudou llegó a la cartera de Economía el 8 de julio de 2009, como parte de varios cambios estratégicos decididos por la jefa de Estado apenas una semana después de la derrota electoral (más por su lectura política que por los números en sí) sufrida por el oficialismo en las legislativas de fines de junio. Junto a Boudou llegaron Aníbal Fernández a la Jefatura de Gabinete y Julio Alak a Justicia. Pero el cambio en el Palacio de Hacienda significaba desafiar la seguidilla de ministros que se habían sucedido en el cargo con más penas que gloria desde la etapa final del mandato de Néstor Kirchner: Felisa Miceli, Miguel Peirano, Martín Lousteau y Carlos Fernández. Al superar airoso el desafío y diseñar políticas como la reestatización del sistema previsional y la Asignación Universal por Hijo, Boudou se convirtió en un emblema de esa etapa en la que Cristina asumió las riendas del poder, hasta este escenario actual en el que ni el más optimista de sus opositores duda de su triunfo en octubre. Ayer, la Presidenta no solo premió la gestión del ministro, sino que con su nombramiento también le dio identidad a esa etapa.

El reemplazo de Carlos Fernández por Amado Boudou en la cartera económica en 2009 reflejó, también, una decisión de transformar el rol que hasta entonces tenía el titular del Palacio de Hacienda. Del ministro ausente, hundido en el anonimato, de voz desconocida para el público y de ideas u opiniones todavía menos perceptibles, se pasó a un jefe de Economía dispuesto a defender con pasión, ironías, coraje y desparpajo hasta la última causa que enarbolara el Gobierno, perteneciente a su gestión ministerial o fuera de ella. Boudou representó en estos dos años y medio uno de los rasgos distintivos de la gestión de Cristina Fernández con respecto a la de Néstor Kirchner, al pasar de los ministros de Economía lo más sigilosos posible a uno con altísimo perfil mediático.

Boudou asumió un desafío plagado de riesgos. Cargó sin quejarse ni señalar reparos con algunos flancos predilectos para el ataque opositor, como lo son el Indec y la gestión de Guillermo Moreno en Comercio Interior. Defendió a ambos con pasión y argumentos cuando le tocó hacerlo, en público o en el Congreso. No le sacó el cuerpo a ningún desafío. Tenía mucho para perder. Pero ganó.

Carga en sus antecedentes una militancia política y una formación académica que lo acercan más al perfil de los “enemigos” ideológicos que a los socios del gobierno kirchnerista. Como estudiante de economía en la Universidad de Mar del Plata militó en la Upau, el brazo gremial universitario de la Ucede de Alvaro y María Julia Alsogaray. Ya recibido, hizo un master en Economía en el CEMA, usina de formación de los estrategas principales de la política económica del menemismo (Roque Fernández, Pedro Pou y buena parte de quienes secundaron a Domingo Cavallo). Y sin embargo, Boudou fue el ideólogo y ejecutor de la medida más audaz del kirchnerismo, más desafiante hacia el modelo neoliberal heredado y más transformadora en cuanto a las condiciones estructurales de la economía en la última década: la reestatización del sistema previsional.

Por supuesto, esto le valió el distanciamiento con quienes lo prohijaron en su formación académica y lo elogiaban por su desempeño como profesor en el mismo CEMA (fue titular de la materia Análisis Económico de la Empresa). Incluso, se ha señalado que también su predecesor en la Anses, Sergio Massa, que además lo propuso para reemplazarlo en el cargo, se alejó del ministro tras ese cambio abrupto. Pero tuvo una compensación mayor: la admiración de quien lo había designado para el cargo, Cristina Fernández, y el reconocimiento de quien no lo había designado ni quedó muy convencido cuando su esposa lo designó. “En mi gobierno no fuimos capaces de llegar tan lejos”, dijo tiempo después Néstor Kirchner sobre la recuperación para el Estado del manejo del régimen jubilatorio.

Esos antecedentes académicos y este presente de políticas transformadoras, más que una contradicción en su trayectoria terminó siendo un mérito adicional, en la valoración de la presidenta de la Nación. “Tuvo la capacidad y la valentía de cambiar y adaptarse, en un mundo que está cambiando”, destacó ayer la Presidenta al anunciar su nombramiento como acompañante en la fórmula. Que un economista identificado con “otros paradigmas” terminara abrazando la causa “nacional y popular”, tal como la encarna el kirchnerismo, resultó el trampolín de Boudou.

Ese cambio y adaptación a los nuevos paradigmas le permitió a Boudou no sólo ser artífice de transformaciones como la mencionada en el régimen jubilatorio, sino incluso defender con una línea argumental desafiante la postura argentina en foros internacionales en discusiones clave, confrontando nada menos que con quienes representan mundialmente los paradigmas de los que el propio Boudou se nutriera en su formación académica, como el FMI.

Argentina tuvo que enfrentar en mayo de 2010 la discusión en el Fondo acerca de las políticas de ajuste que en ese momento se planteaba aplicar en Grecia como parte del llamado “plan de rescate” para evitar la cesación de pagos. En ese momento, el ministro instruyó a los representantes en el organismo internacional que Argentina debía rechazar el respaldo a ese plan en base a su propia experiencia y a un análisis exhaustivo de las consecuencias que acarrearía su aplicación. “El programa de ajuste ahogará la capacidad de pago de Grecia, pero además es políticamente insustentable”, señalaba a principios de mayo de 2010 Boudou a los representantes argentinos en Washington en un documento reservado. “Si el plan se llegara a aplicar, implicaría una reducción del PBI real superior al 9 por ciento en los próximos dos años, el desempleo treparía hasta el 15 por ciento en 2012, incrementaría la pobreza, disminuiría la calidad de vida de los griegos y, además, sería inútil para cumplir con los compromisos de deuda a futuro, ya que destruiría la capacidad de pago del país.” El plan igual se aplicó, con las consecuencias conocidas, no muy diferentes a las previstas por el ministro argentino.

“No les tuvo miedo a las corporaciones”, destacó también ayer Cristina al ungirlo candidato a vicepresidente. En eso, Boudou también fue un emblema de la gestión de la Presidenta de julio de 2009 en adelante. Respondiendo a una estrategia y una política que no era la suya, pero en la que demostró ser uno de sus más eficientes ejecutores. Es, precisamente, lo que espera la Presidenta de él como vicepresidente.

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Imagen: Bernardino Avila
 
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