EL PAíS › LAS ENCUESTAS HAN PRONOSTICADO CON ACIERTO CUANDO LAS DIFERENCIAS SON NOTORIAS

Una historia de aciertos y errores

El valor predictivo de las encuestas en la última década muestra que al confrontarlas con los resultados electorales los aciertos aumentan cuando más nítidas han sido las diferencias entre los candidatos. El margen de error se acrecienta ante las paridades.

 Por Raúl Kollmann

Una mirada hacia la última década de las encuestas y los resultados electorales indica que los consultores acertaron en sus pronósticos cuando las diferencias fueron nítidas y se dividieron fuertemente cuando, a priori, el escenario fue parejo o dudoso. En esos casos de controversia, como es obvio, la mitad acertó y la mitad se equivocó en forma notoria. La revisión indica que los encuestadores tuvieron grandes dificultades con las oleadas de última hora, un fenómeno que se verifica en casi todo el mundo y que consiste en que en los cuatro o cinco días finales de la campaña electoral, un candidato que venía creciendo saca mucho más de lo previsto, o uno que venía bajando termina más abajo de lo pronosticado.
Este es el detalle histórico recogido por este diario, tomando únicamente en cuenta las elecciones más tradicionales, las presidenciales y las legislativas de los años impares.
2001. Hubo sólo elecciones legislativas. Los resultados fundamentales fueron que Rodolfo Terragno (21,5 por ciento) le ganó a Alfredo Bravo (16,9) y a Gustavo Beliz (16,8) en la Capital Federal. Las elecciones fueron el 15 de octubre y ocho días antes la totalidad de los consultores pronosticó que ganaba Terragno y que habría dura lucha por el segundo puesto entre Bravo y Beliz. El segundo escenario importante fue la provincia de Buenos Aires, en la que Eduardo Duhalde (40,9) le ganó ampliamente a Raúl Alfonsín (16,9), también un resultado previsto por los consultores. El tercer dato que reflejaron con bastante precisión las encuestas fueron los siderales niveles de votos en blanco y anulados (trepó al 28 por ciento en Capital y al 25 en el distrito bonaerense).
1999. En la elección presidencial, Fernando de la Rúa obtuvo el 48,5 por ciento de los votos y le ganó en primera vuelta a Duhalde (41,9). De los diez encuestadores chequeados por este diario, los diez dijeron que De la Rúa ganaría en primera vuelta, lo que se cumplió. Eso sí, muy pocos acertaron que conseguiría casi el 49 por ciento de los votos: la mayoría pronosticó el 45.
La mayor controversia se dio respecto de la contienda por la gobernación bonaerense entre Carlos Ruckauf, que ganó con el 48,2 por ciento de los votos, imponiéndose a Graciela Fernández Meijide, que consiguió el 41,4. A dos semanas de las elecciones, de los diez encuestadores tres sostuvieron que ganaba la candidata de la Alianza y siete consideraron que la lucha era muy pareja, lo que impedía un pronóstico. Aun así, de esos siete, tres dijeron que la tendencia era hacia un triunfo de Ruckauf. A dos días de los comicios, sólo dos de los siete que hablaban de paridad insistían en que la tendencia favorecía a Ruckauf. El ahora canciller ganó por seis puntos, lo que indica que las encuestas fallaron. Los consultores sostienen que Ruckauf protagonizó una trepada final con su discurso violento contra el aborto y a favor de la pena de muerte.
Un capítulo aparte merecen las bocas de urna realizadas por los canales el día de la elección. De los cuatro, tres dijeron al aire que había ganado Graciela Fernández Meijide (Canal 13, Telefé y América) y sólo uno (Canal 9) sostuvo que la elección era reñida y puso en pantalla una boca de urna que favorecía a Fernández Meijide y otra, de Mora y Araujo, dando ventaja a Ruckauf. Esa fue la única encuesta en boca de urna que acertó. Además, aquel día también se produjo en dos canales el blooper de consagrar a Pinky como intendente de La Matanza.
1997. El centro fueron las elecciones a diputado en la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal. En el distrito bonaerense, Graciela Fernández Meijide (48,4) le ganó a Chiche Duhalde (41,2). Tres semanas antes de los comicios seis consultores sostuvieron que ganaba Graciela y seis que ganaba Chiche. Dos días antes de los comicios se dio vuelta Julio Aurelio, afirmando que se venía el triunfo de la candidata de la Alianza.Con ello, pronosticaron a favor de Graciela siete y a favor de Chiche cinco. Estos últimos erraron en forma notoria.
En la elección de Capital todos acertaron que Carlos “Chacho” Alvarez arrasaba. Se impuso con el 56 por ciento de los votos, ubicándose segundos Scioli y Cavallo, con alrededor del 17. El pronóstico fue ajustado, ya que los consultores dijeron que Chacho conseguiría más del 50.
1995. Hubo escaso nivel de controversia. A una semana de las elecciones, sólo dos encuestadores dijeron que podría haber ballottage entre Carlos Menem y José Octavio Bordón, aunque esos dos encuestadores más bien consideraban que era apenas una posibilidad. Otros seis encuestadores, en cambio, sostuvieron que Menem ganaría en primera vuelta. Al final, Menem consiguió el 49,7 por ciento de los votos, contra 29,5 de Bordón y, por supuesto ganó en la primera vuelta. Debe decirse que hubo un margen de error, ya que ninguno prenunció una votación tan alta para Menem, ubicando lo que iba a sacar entre el 45 y el 47 por ciento. En las encuestas en boca de urna acertaron todos los canales.
1993. Elección legislativa con enorme paridad en la Capital Federal donde se impuso Antonio Erman González (PJ) con el 31 por ciento, sobre el radicalismo, que postuló a Martha Mercader y obtuvo el 29 por ciento. A una semana de las elecciones, cinco encuestadores dijeron que la elección era muy peleada, con leve ventaja para la UCR. A 48 horas del comicio, dos consultores anticiparon el triunfo del PJ y los otros tres se mantuvieron en que el favoritismo era para Martha Mercader.
En la provincia de Buenos Aires se produjo el blooper más recordado de la historia de las encuestas. El consultor Javier Otaegui aseguró que ganaría el radicalismo por cinco puntos y la UCR terminó perdiendo por 20. Todos los demás encuestadores sostuvieron que Alberto Pierri le ganaría ampliamente a Federico Storani.
“Las encuestas son un instrumento que no sirve para medir pequeñas diferencias. Es como usar un aparato grande para un tornillo chiquito”, señalaba hace unos años el consultor Heriberto Muraro. Y esto parece aplicable a la elección de este 2003. En verdad, todos los consultores tienen ventajas pequeñas a favor de Kirchner o de Menem y por ahora en un segundo plano viene Ricardo López Murphy. Tomando en cuenta la historia de la última década, la lógica es que algunos de los encuestadores acierten y otros le pifien y que todavía se produzcan cambios en los cinco días que faltan. Porque como se ve en la mayoría de las familias, todavía hay gente que piensa en cambiar su voto y otros que ni siquiera saben a quién van a apoyar.

Informe: Emiliano Ruy Rodríguez.

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El próximo domingo el escrutinio será la última prueba para mostrar la seriedad de las encuestas.
 
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