EL PAíS › RATIFICAN QUE JULIO POCH ADMITIó HABER PARTICIPADO EN VUELOS DE LA MUERTE

Confesiones de un piloto

El piloto Tim Eisso Weert dio detalles de la cena en la que el teniente de fragata mencionó su supuesta intervención en los vuelos de la muerte. “Tendríamos que haberlos matado a todos”. “Eran terroristas y no se merecían algo mejor”, contó que dijo.

 Por Alejandra Dandan

Tim Eisso Weert es un piloto holandés. Ayer declaró vía videoconferencia en la audiencia oral por los crímenes de la ESMA. Es uno de los testigos directos de la cena en Bali en la que el teniente de fragata retirado y piloto Julio Poch mencionó supuestamente su intervención en los vuelos de la muerte. Era la primera vez que un testigo de aquella cena hablaba en una audiencia pública. En la sala escucharon jueces, fiscales, querellas y el propio Poch. En Holanda, jueces, fiscales, periodistas y dos traductoras, una oficial y otra de la Justicia holandesa. Weert contó sobre aquella noche: “Me acuerdo que le pregunté a Julio: ‘¿Cómo pudo participar en la ejecución de personas que no tuvieron un debido proceso?’. La reacción fue agitada hacia mí”. Habló en inglés. Y explicó: “Que quiere decir que eran terroristas y no se merecían algo mejor”. Después agregó: “Le pregunté por qué no les devolvieron el cuerpo de los que él llama terroristas a los familiares, luego de haber sido ejecutados”. Y Poch respondió: las “madres no tendrían que haber permitido que los hijos salieran a la calle de noche’. Luego de lo cual hizo un comentario muy fuerte que se escuchó en otras partes de la mesa: ‘Tendríamos que haberlos matado a todos’. Como se imaginará –explicó Weert–, eso causó un gran impacto. Mi ultimo comentario fue decirle que en mi opinión fue una forma muy inhumana para ejecutar a personas. La respuesta del señor Poch fue que ‘estaban drogados’. Luego de esto me quise levantar de la mesa, pero el señor (Edwin) Brouwer me detuvo y puso la mano en mi hombro”.

Weert conoció a Poch en 1988, cuando el piloto argentino entró a Transavia, la línea aérea franco-holandesa con la que volaron a Bali en diciembre de 2003. Hasta ese momento habían compartido un vuelo en 1990 y otro en 2002. “Lo considero muy respetuoso, y tranquilo –dijo–. Vivíamos bastante cerca, en dos ciudades cercanas, y para ese vuelo incluso le ofrecí pasar a buscarlo para viajar juntos al aeropuerto. Por lo demás, a Julio lo conozco como un piloto serio, bueno, una persona muy amable que merece mi respeto.”

En 2003 la compañía envió a un grupo de tripulantes a Indonesia. Como en la temporada de invierno la empresa no necesitaba tantos aviones ni para charter ni para vuelos de línea, los aviones se alquilaban solos o con tripulación a otras compañías. Por esa razón se trasladaron a Bali con la tripulación completa.

“La cena tuvo lugar la última noche que estuve en Bali –dijo–. Nos llevaron con taxis del hotel al restaurante. A la llegada nos ofrecieron una copa. La mesas estaban en la playa. Cenamos afuera. Si no me equivoco, yo me senté en la mesa que estaba más alejada del bar.”

A su izquierda estaba otro piloto, Edwin Reijnhoudt Brouwer, próximo testigo. A la izquierda de Brouwer, un tercer testigo y frente a él estaba Poch. También estaba Gretha, la esposa de Poch. Y al lado de Gretha, una persona del servicio técnico, igual que hacia la derecha de Weert. En 2011 tuvo que reconstruir la ubicación de las personas en un croquis a pedido de la Justicia.

“Nos sirvieron un primer plato, el plato principal, un postre, vino y había agua en la mesa –dijo–. Y durante la cena las conversaciones eran sobre temas sin demasiada importancia. En algún momento el tema es el príncipe y su novia, la princesa Máxima. Me acuerdo que el señor Brouwer hizo un comentario sobre el suegro de nuestro príncipe heredero. Se trataba de que él tendría que haber sabido de la desaparición de personas. En ese momento cambió la actitud corporal de Poch”, dijo Weert.

Para explicarlo, Weert dijo una frase en inglés. En la sala se iniciaron así una serie de planteos por cuestiones de la “traducción”. “¡Está haciendo un comentario en inglés!”, se quejó la traductora oficial. No es que no supiera inglés o no pudiera traducirlo, sino que “oficialmente” no estaba contratada para hacerlo. “¡No lo puedo traducir!”, dijo justo cuando el testigo se disponía a contar uno de los tramos más relevantes. “Le rogaría que se exprese en holandés”, intercedió el presidente del tribunal argentino, Daniel Obligado, porque en estas cosas se iban cuestiones determinantes.

Muchos de los que estaban ahí llevan años esperando la audiencia y ayer agregaron otras larguísimas tres horas mas: el Servicio Penitenciario Federal debía llevar a Poch de Marcos Paz a Tribunales a las 8 de la mañana, pero lo hizo tres horas más tarde.

Poch se sentó con una notebook, tomó apuntes vestido de traje, lentes y look de abogado. Estuvo al lado de su defensor Gerardo Ibáñez. Le tiró del saco cada tanto. Y se lo oyó quejarse varias veces de la traducción. Hasta aquí ésa fue su mayor defensa: dijo que en aquella cena hubo un malentendido, que no dijo lo que dijo, y habla de una confusión en el diálogo con Weert en el uso del “you”, entre un “tú” y un “ustedes inclusivo”: “How terrible this should have been sor you that you have had to do this” (“Qué terrible que debe haber sido para vos que vos hayas tenido que hacer eso”, pero Poch argumenta que entendió “para ustedes”, como si fuera un genérico, para los militares argentinos, y que eso no lo involucra directamente). Ayer, Weert reconstruyó los párrafos originales en inglés y ratificó la interpretación en holandés que ya había hecho y que señala a Poch como responsable.

“El señor Poch explicó que (Zorreguieta) era ministro de Agricultura –afirmó el testigo–. Y ahí comenzó a contar de la dictadura argentina. Contó que personas fueron ejecutadas tirándolas desde un avión. Mi primera reacción fue como diciendo: ‘¿Esto qué es?’. Y el señor Poch me daba pena.”

Más tarde dijo: “Puedo agregar que sí me llamó la atención el cambio en el lenguaje corporal, el lenguaje no verbal, que me dio la impresión de que de pronto se puso como una persona muy fanática y tuvo reacciones fuertes”.

Weert mencionó presiones. Mensajes de texto. Correos electrónicos. Pedidos para que cambie un oficio que había circulado como denuncia dentro de la compañía. Allí puso la palabra “confesión”. El hijo de Poch fue a verlo dos veces. La última vez, en mayo de este año. Le dijo que su padre estaba preso por esa palabra “confesión”. Le pidió que la sacara. “Le puedo contar lo que pasó y usted después puede concluir si son amenazas o lo que fue”, les dijo a los fiscales. También mencionó que la empresa generó un expediente interno, pero que luego lo cerró. Poch generó una campaña de imagen para defenderse y cuenta con el apoyo de buena parte de la prensa holandesa. Weert en un momento dijo por qué estaba haciendo todo esto: “Llegué a la conclusión de que si no participaba de esto, mi silencio se podía interpretar como que yo estaba favoreciendo a la parte equivocada”.

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Julio Poch (en el centro, inclinado) está siendo juzgado por los crímenes de la ESMA.
Imagen: DyN
 
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