EL PAíS › LA HISTORIA Y LA PREHISTORIA DE HORACIO RODRíGUEZ LARRETA

El funcionario que llegó a ser jefe de sí mismo

Hasta ocupar la jefatura de Gabinete de Macri, en 2007, pasó por muchos gobiernos como funcionario político y no de carrera: el de Menem, el de De la Rúa, el de Duhalde y el de Ruckauf en la provincia de Buenos Aires. Su papel en el origen del macrismo y en la construcción de una alternativa conservadora desde 2003.

 Por Martín Granovsky

Llegó. Justito, casi sin sumar votos entre la primera vuelta y la segunda, pero llegó, y ganar es ganar. El 10 de diciembre, después de festejar en octubre sus 50 años, Horacio Rodríguez Larreta asumirá como jefe de Gobierno porteño. Y si es verdad que ayer retrocedió el color amarillito PRO y si es cierto que Mauricio Macri no logra revertir la tendencia y termina segundo en las elecciones del 25 de octubre, Rodríguez Larreta se convertirá en un dirigente de alcance nacional con peso en la franja más conservadora de la sociedad argentina.

Rodríguez Larreta superó tres pruebas recientes. La primera, la interna del PRO contra Gabriela Michetti. Hasta ayer la interpretación corriente era que ganó por el apoyo de Macri, que lo consagró como su candidato propio aunque luego decidió llevar a Michetti como su precandidata a la vicepresidencia en las PASO del 9 de agosto. Si en las internas Rodríguez Larreta ganó por el apoyo de Macri, ¿es Macri el nombre propio de la insuficiencia PRO para transformar una victoria amplia en primera vuelta en un triunfo contundente en el ballottage? ¿Es M&M la sigla de un límite que en el territorio más favorable al PRO consiguió la rareza de una segunda vuelta apretada luego de una primera por más de 20 puntos? Si el valor máximo era “el equipo”, frase que Rodríguez Larreta viene repitiendo cada tres palabras, ayer el equipo no arrasó. Si es un fenómeno porteño o el indicio de una tendencia nacional es cosa que comenzará a verse de aquí al 9 de agosto y luego hasta el 25 de octubre.

“La elección nacional del 9 de agosto es nuestro objetivo para mañana mismo”, dijo ayer Diego Santilli, vicejefe electo.

“Mauricio no dijo nada nuevo”, dijo a su turno Rodríguez Larreta consultado sobre si Macri había cambiado de orientación. “Que el Estado funcione y funcione bien”, explicó. También se alegró de que ayer Macri no haya bailado. “Mejor”, sonrió. Y cuando le preguntaron si estaba enojado con Jaime Durán Barba, el asesor estrella de campaña de Macri, dijo lo más evidente: “Ganamos, y cuando uno gana no pasa facturas, festeja”.

Nadie de los que trabajaron en política con Rodríguez Larreta podrá negarle espíritu práctico. El cuento más difundido es que hace por lo menos 20 años que dice que algún día será Presidente de la Nación.

Su autobiografía está teñida del mismo espíritu. Si alguien accede a www.rodriguezlarreta.com.ar y luego hace click en “Horacio” se topará con un CV lleno de títulos y fechas pero sin gobiernos. La carrera de un funcionario del Estado que no es funcionario de carrera pero no tuvo jefes. Ni jefes administrativos ni jefes políticos.

Cuenta que se recibió de licenciado en Economía en la Universidad de Buenos Aires en 1988, que hizo un Master en Administración de Empresas en la Universidad de Harvard y que de regreso eligió el Estado porque “siempre supe que mi lugar estaba en Argentina, en el ámbito público”. Entonces ocurrió lo siguiente: “Volví y me sumé al equipo de la Subsecretaría de Inversiones del Ministerio de Economía”. Algunos de los nombres que faltan en la autobiografía son Carlos Menem (presidente), Domingo Cavallo (ministro de Economía) y Guillermo Harteneck (subsecretario de Inversiones). Versátil, Harteneck sería también presidente de la Comisión Nacional de Valores en el primer año de gobierno de Fernando de la Rúa, antes de volcarse a la actividad privada de la mano de Telefónica.

Sigue la narración del jefe de Gobierno electo: “Durante los siguientes años seguí abriéndome camino en el mundo de la política con un único objetivo: laburar para poder mejorarle la vida a la gente”. Desde un lugar: “Fui gerente general de la Anses y trabajé en la Secretaría de Desarrollo Social como subsecretario de Políticas Sociales”. Cuando fue gerente de la Administración General de la Seguridad Social seguía siendo presidente Carlos Menem, que ya había privatizado las jubilaciones. Continuaba la misma gestión cuando Rodríguez Larreta asumió la Subsecretaría de Desarrollo Social, en 1998. El secretario era el cantautor y ex gobernador de Tucumán Ramón Palito Ortega, que reemplazó en el cargo a Eduardo Amadeo, un peronista que hoy también revista en el PRO como Rodríguez Larreta. Palito aparecía como uno de los puntales de Menem si el riojano conseguía la rerreelección o debía quedar como una carta si Menem no llegaba. Como se sabe, no llegó y el candidato fue el gobernador bonaerense Eduardo Duhalde. Su vice resultó ser Ortega. El peronista triunfante en la provincia de Buenos Aires fue Carlos Ruckauf. El sucesor de Menem fue De la Rúa.

A Rodríguez Larreta se le bifurcaba el futuro. Eligió. Eligió dos veces. Primero eligió el Estado nacional. Y luego el bonaerense. Y luego el nacional.

Dice el relato: “Después fui interventor del PAMI, presidente del Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires y director general de la Dirección General Impositiva”.

Desempeñó la intervención en el PAMI para De la Rúa en un trío junto al frepasista Angel Tonietto y la radical Cecilia Felgueras y luego en otro trío junto a la frepasista Graciela Rosso y al radical Federico Polak. Su carrera estuvo a punto de colapsar cuando se conoció la carta a Fernando de la Rúa que había dejado escrita antes de su suicidio, el 29 de julio del 2000, el cardiocirujano René Favaloro. Rodríguez Larreta se defendió declarando que el PAMI no tenía “una deuda verificada” con la Fundación Favaloro y dijo que sí había un reclamo de facturas emitidas entre 1993 y 1995, cuando Víctor Alderete era el número uno de la obra social de los jubilados. Renunció unos meses después pero no por el caso Favaloro sino porque De la Rúa unificó la conducción del PAMI en Polak, un alfonsinista que mostraba su pasado de joven seguidor de Arturo Frondizi y de racinguista con tanto orgullo como el padre de Rodríguez Larreta.

Dandy, gran amigo del director de cine Leopoldo Torre Nilson, fanático de Racing como sus hijos, dueño de un campo en la provincia de Buenos Aires y a la vez capaz de burlarse de los aristócratas porque los consideraba “llorones”, negociador político nato, conversador con un radio amplio de interlocutores, Rodríguez Larreta padre fue director en la Argentina de The Intelligence Unit de la revista The Economist hasta su muerte, en 2004. Uno de los amigos de Rodríguez Larreta padre era Oscar Camilión, a quien acompañó como ministro de Defensa de Menem. Sin embargo, no se involucró en el contrabando de armas y recomendó la salida de Fabricaciones Militares de Luis Sarlenga.

Horacio hijo suele contar que desde muy chico escuchaba hablar de política a Horacio padre y a sus amigos. Pero conviene volver a su CV para añadir nombres y apellidos. Tras dejar el PAMI se sintió libre para revistar como funcionario con un justicialista como él, el gobernador Carlos Ruckauf, al frente del poderoso Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires, encargado de las jubilaciones estatales.

Ruckauf fue quien lo impulsó como jefe de la Dirección General Impositiva, cargo al que llegó con Domingo Cavallo, ya como ministro de De la Rúa, y al que renunció en febrero de 2002, ya durante la presidencia de Eduardo Duhalde, por diferencias con el entonces administrador general de Ingresos Públicos, Alberto Abad.

En ese momento ya trabajaba en la Fundación Sophia, por donde pasaron entre otros su rival de ayer, Martín Lousteau, y la candidata de Macri a la gobernación de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Vidal también participó de Creer y Crecer, la fundación que tenía en Las Cañitas el empresario Francisco de Narváez cuando aún quería intervenir en política a través de Macri o de Carlos Menem y no para instalarse él mismo como candidato y dirigente político. Las aguas se partieron. De Narváez apostó en 2003 por Menem, que terminó huyendo de una segunda vuelta aplastante contra Néstor Kirchner, y Macri empezó a construir su propio espacio porteño.

El relato de Rodríguez Larreta sitúa en el 2000 su relación política con Macri, a quien conoció, dice, jugando al fútbol con su hermano. Y termina con su papel como jefe de Gabinete de Macri desde 2007.

Antes compitió junto como Macri como candidato a vice en 2003. Con el nombre Compromiso para el Cambio ganaron en primera vuelta contra Aníbal Ibarra con el 37,5 por ciento de los votos. En segunda vuelta, realizada el 14 de setiembre de 2003, Ibarra ganó su derecho a un segundo mandato por el 53,5 por ciento de los votos frente al 46,5 por ciento de Macri. En el medio algunos macristas quisieron acercarse a Kirchner, pero el presidente con cuatro meses de ejercicio se negó a un acuerdo y, aunque la relación personal entre ambos iría enfriándose, apoyó a Ibarra.

Rodríguez Larreta, esta vez, fue constante y no se apartó de la construcción política en el nuevo partido, el PRO, surgido de Compromiso para el Cambio luego de la decantación que produjo el reordenamiento del peronismo y la ampliación de poder del kirchnerismo.

Durante ocho años, de 2007 hasta ahora, fue la mano derecha de Macri en los triunfos y en las derrotas, en el armado político porteño y en el intento de nacionalizar el PRO, en la administración de la ciudad de Buenos Aires y en crisis resonantes como la designación y posterior renuncia del comisario Jorge “El Fino” Palacios. Hasta ahora, como es natural por las funciones de cada uno, el que se benefició de las mayores ventajas de popularidad y corrió con los costos, porque Macri nunca usó a Rodríguez Larreta de pararrayos, fue el propio Macri. Desde el 10 de diciembre en el vértice del poder de la capital de la Argentina estará directamente él. Es decir, Horacio, el economista que estrenó su primer cargo público hace 22 años con Domingo Cavallo y que se resiste a mencionar jefes por nombre y apellido quizás porque hace mucho que quiere ser jefe de sí mismo.

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Diego Santilli, Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta, cuando comenzaba el primer gobierno del PRO.
Imagen: DyN
 
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