EL PAíS › UN CHANGARIN CREO LA FIRMA PROPIETARIA
DE CROMAÑON. AHORA LA PRESIDE UNA AMA DE CASA

Los dueños fantasma, también en Uruguay

La trama de sociedades detrás de Omar Chabán depara una nueva sorpresa para la Justicia argentina: cuando les pida datos a las autoridades uruguayas se encontrará con que Nueva Zarelux SA es una cáscara vacía. El hombre que la fundó confesó: “Fui, firmé y me retiré”. El estudio vinculado con la off-shore.

 Por Alejandra Dandan

Cuando Omar Chabán todavía ni siquiera proyectaba los sótanos cavernosos de República Cromañón, un veterano changarín uruguayo se ganaba unos pesos por aparecer fundando la sociedad que ahora es propietaria del edificio, Nueva Zarelux SA. “Fui, firmé y me retiré”, confesó hace unos días Henry Luis Vivas, jubilado de 63 años que sobrevive con changas de pintura y de mantenimiento general en las casas de sus vecinos al otro lado del Plata. Un semanario uruguayo, que acaba de encontrarlo, lo presentó como uno de los dos presuntos testaferros que le habrían dado origen a la maraña de sociedades que fuera y dentro del país investiga la Justicia para dar con el paradero de los posibles corresponsables de la masacre de Once. Una off-shore y un famoso estudio de abogados uruguayo dedicado a operaciones de sociedades financieras de inversión y que, además, opera en la city porteña, aparecen detrás de la otra historia de las sociedades de Cromañón.
Hace ya varias semanas, Página/12 publicó la primera parte de la trama societaria vinculada con el edificio de Bartolomé 3050, donde funcionó República Cromañón hasta el día del infierno. La propiedad fue adquirida el 18 de octubre de 1994 por Juan Mario Lerner, apoderado de National Uranums Corp., una sociedad con sede legal en Islas Vírgenes. Para la Inspección General de Justicia (IGJ), encargada de elaborar un preinforme de las sociedades vinculadas con Chabán para la jueza María Angélica Crotto, lo llamativo de aquella transacción no fue solamente la participación de una off-shore sino los montos que se manejaron. El tal Lerner compró el edificio en 2,2 millones de dólares pero lo vendió el 4 de febrero de 1998 en sólo 708 mil dólares. La compradora fue Ana Celia Rothfeld, apoderada en el país de la uruguaya Nueva Zarelux SA. Rothfeld pagó 620 mil dólares por la propiedad de Bartolomé Mitre 3038 y 88 mil por el edificio lindero, sede de Central Park Hotel SRL, otra de las sociedades mencionadas en el expediente de Chabán (ver aparte).
Los datos de la IGJ sobre los uruguayos de Nueva Zarelux llegaban hasta ahí. El resto se encuentra archivado del otro lado del Río de la Plata, protegido por leyes de sociedades comerciales que les dieron cobertura oportunamente a casos resonantes de lavado de dinero proveniente de los carteles de Medellín, de Cali y de Juárez, como lo recordó el informe sobre lavado elaborado por la comisión parlamentaria que presidió Elisa Carrió.
El caso de Nueva Zarelux no parece distinto. Fue creada el 4 de junio de 1997 como operadora de cambio, bolsa, compraventa de oro, corredores de cambio y holding, bajo la vieja ley de “sociedades de inversión” que opera con los beneficios de las sociedades financieras de inversión, conocidas como SAFIs o sociedades off-shore. Protegidas por el riguroso secreto bancario uruguayo, uno de los más rígidos del mundo, “en la práctica, carecen de control fiscal y operan con una tasa impositiva tremendamente baja, que les permite fáciles modalidades de ocultamiento de los accionistas”, indicó en su momento el informe de la comisión.
Esto es lo que revelan los antecedentes de la Dirección General de Registro de Uruguay. Según esos datos, publicados en la última edición del semanario Brecha, los socios fundadores de Nueva Zarelux fueron dos: Vivas, el changarín de 62 años, y María Dora Velázquez. Cuando el semanario entrevistó a Vivas para preguntarle por sus asuntos de negocios, el hombre pareció sorprenderse: “Mire –contestó–, eso fue como quien dice un pasaje. Fue en ese momento y después quedé totalmente desligado de eso, vio”. Cuando le pidieron detalles, lo explicó sencillamente: “Fui, firmé y me retiré. Después no sé más nada”. Y le aconsejó a quien lo llamaba que se comunique con los que saben: “Los del estudio –dijo–, hable, que las chicas le van a explicar”. El estudio, siguió Vivas, “es el de la calle Juan Carlos Gómez”.

LOS CUKIER & CUKIER

En la calle Juan Carlos Gómez 1348 (4º piso) de la Ciudad Vieja de Montevideo está el estudio Cukier & Cukier. La dirección es conocida por la IGJ argentina. Tal como ya lo publicó este diario, conforme a las escrituras 346 y 348 del escribano Sergio Duvove –destituido por el Colegio Público de escribano–, ésa es la sede social de la Nueva Zarelux uruguaya. Según el semanario Brecha, ese estudio habría pagado “unos pesos” a los dos socios fundadores para que firmaran un papel del que poco entendían. Un mecanismo habitual en decenas de estudios contables y jurídicos de Uruguay fue relevado oportunamente por la comisión de investigación parlamentaria. En ese entonces fueron emblemáticos los casos de Daforel y Delbote, dos de las empresas ligadas a Alfredo Yabrán que usaban como plataforma un estudio contable. Angela Chiodo, una veterana nacida el 6 de octubre de 1910, incapacitada mental desde 1993 y fallecida en 1998 aparecía como presidenta de las dos empresas, y además como fundadora de otras sesenta.
La presencia de Vivas y de Dora Velázquez en Nueva Zarelux quedó diluida rápidamente: el 23 de octubre fue nombrado presidente Juan Percoco da Silva, un joven empleado del estudio de Mauricio Cukier. Un día más tarde, Zarelux iniciaba sus actividades formales en la Argentina. Se inscribía en el Registro de Sociedades Extranjeras de la IGJ bajo los términos de la ley 19.550 con facultades para conformar una Unión Transitoria de Empresas (UTE), con un capital inicial de 1 millón de dólares, de acuerdo con la información de la IGJ. La UTE le permitía operar en el país con las otras dos empresas investigadas por la Justicia que están ligadas a República Cromañón: Central Park Hotel SRL y Lagartos SA, dueña del título de habilitación comercial del boliche, según los datos que surgen del auto de procesamiento a Omar Chabán (ver aparte).
La inscripción en la Argentina corrió por cuenta de Sandra Gabriela Rothfeld y Ana Celia Rothfeld, aquella que un año después compraba el edificio de Once a precio devaluado. Antes de que la compra del edificio se concretara, la base de operaciones uruguaya volvió a hacer un cambio: las acciones que hasta noviembre de 1997 eran al portador, pasaron a ser nominativas pero no quedaron en manos de una persona física sino en manos de una sociedad anónima, en este caso Avral SA, una sociedad fundada en agosto de 1989 con domicilio legal en el mismo estudio jurídico de Cukier & Cukier. Para los especialistas, se trata de un traspaso habitual entre las SAFIs capaz de preservar el anonimato de los dueños.
Néstor Deppeler estuvo en Uruguay la semana pasada. Es especialista en derecho comercial, académico y compañero de cátedra de Ricardo Nissen, director de la IGJ de la Argentina. Hace unos quince días, Deppeler hizo público un informe de la IGJ sobre las empresas de Cromañón, y ahora de paso por Uruguay se enteró de la historia de los socios fantasma y de los traspasos de acciones publicados por Brecha. “Esto demuestra –le dice ahora a este diario– que las off-shore o las SAFIs en definitiva no son otra cosa que pantallas para esconder a los verdaderos propietarios, y no son realmente sociedades de inversión ni financieras.”

BASE EN BUENOS AIRES

Si las cosas siguen de ese modo, detrás de Nueva Zarelux la Justicia podría encontrarse con un gran fiasco. Avral SA no registró aportes y aparece como “clausurada”. Juan Percoco dejó de ser presidente el 19 de mayo de 2003 y quien lo reemplazó un día más tarde es otra presunta mujer fantasma: Juana Machado López, una ama de casa que cumplirá 71 años y aparentemente vive alejada del mundo de los negocios.
Pero fuera de Uruguay la trama Zarelux ha tendido puentes: los Cukier tienen un estudio en Buenos Aires y sus nombres figuran ligados a una veintena de sociedades. En Uruguay, están inscriptos como corredor de Bolsa en el Banco Central de Uruguay desde febrero de 2003. Según los uruguayos, el contador Mauricio Cukier tiene su despacho en el piso 3, unpiso debajo del estudio de la calle Juan Carlos Gómez. Página/12 intentó comunicarse ayer con el contador, pero sus secretarias aseguraron primero que “estaba en una reunión” y más tarde que “se había ido”. Y aclararon que “le dejamos escrito los motivos” del llamado.
En Buenos Aires, en tanto, la información sobre Mauricio Cukier abunda. Nacido el 9 de febrero de 1939, este uruguayo está anotado en la AFIP local con la actividad de “servicios de contabilidad y teneduría de libros, auditoría y asesoría fiscal” desde el 1º de enero de 1999. De acuerdo con una base de datos privada, consultada por este diario, desde abril de 1997 fue director titular de Montevideo Cambio y Turismo SA, ex Federal Brokers SA dedicado a compra, venta de monedas y billetes extranjeros y oro amonedado. Tras su desplazamiento, la presidencia y dirección de esa empresa fueron asumidas sucesivamente por Mauricio Solnica Cukier, Darío Gustavo Goldring Cukier y Marcos Jacobo Goldring Cukier.
Darío Gustavo figura, por ejemplo, como representante legal de Eledos SA (sucursal argentina) y como propietario del 99 por ciento de las acciones desde junio de 2003 de Antenea SA, una sociedad agropecuaria, inmobiliaria y constructora. El director suplente de Antenea SA es otro de los Cukier llamado Daniel Goldring, que además posee 1 por ciento de las acciones de Risanim SA, de actividades semejantes. Y así sucesivamente.

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La Justicia busca encontrar en los verdaderos dueños de las empresas vinculadas con Cromañón a los corresponsables de la tragedia.
 
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