EL PAíS › ULTIMO TRAMO DE LA CONFRONTACION KIRCHNER Y DUHALDE

Otra vez cara a cara

El ex Presidente salió a criticar a Lavagna y el plan económico. El actual Presidente calificó en la intimidad al aparato duhaldista de patotero y diseña la manera de ampliar el triunfo. Las estrategias a dos semanas de la elección.

 Por Sergio Moreno

A pesar de la confianza que sienten en un triunfo holgado en las elecciones que se celebrarán dentro de dos semanas, en el cenáculo del Gobierno están tomados por la fecha. Cada voto que se gane, dicen, es vital. Agrandar el triunfo va a dibujar el escenario político de los próximos dos años, condicionará el camino hacia el 2007 y diseñará la calidad de esta administración para finalizar este tramo de su mandato.
“Va a ser un buen triunfo”, sostiene el Presidente en su intimidad, aunque prefiere escapar de las cifras abultadas que arrojan las encuestas que él mismo suele consultar. Emocionado por la recepción que tiene en cada acto de campaña, particularmente en la provincia de Buenos Aires, Néstor Kirchner reflexiona sobre las mesnadas que pretende vencer. Dice asombrarse de lo que podrían hacer ciertos grupos duhaldistas, a los que no duda en caracterizar como “patotas”. Al nombrarlas, mira con un dejo de estupor a su interlocutor. “Esos tipos son capaces de cualquier cosa., dispara Kirchner. Cada músculo está tenso para terminar la contienda electoral. En esta semana que se apaga hoy, Kirchner y su antecesor Eduardo Duhalde, en diversos espacios, han vuelto a confrontar directamente.
En el ágora kirchnerista, vencer es el imperio de la hora. Y, de producirse, tal triunfo derramaría generoso sobre la Nación si en el distrito más populoso la victoria fuese ancha. Sin embargo, el Presidente considera que un buen triunfo estaría coronado por apenas 10 puntos de diferencia entre sus paladines y los de Eduardo Duhalde. “Sería un golpe mortal”, categoriza, a pesar de lo magro de la cifra. No hay, en la Casa Rosada, quien sea tan cauteloso como Kirchner a la hora de hablar de números. Se reconoce parcial, invadido por el sentimiento triunfalista, pero frena su sentir y acomete con cautela, acaso porque, como dijo Cervantes en el Quijote, “la valentía que no se funda sobre la base de la prudencia se llama temeridad”. “Vamos a ganar por 15 puntos en la provincia”, dice el Presidente, contrastando encuestas que auguran hasta un 40 por ciento de diferencia entre Cristina Fernández de Kirchner e Hilda “Chiche” González de Duhalde. “No creo en las encuestas que dan esa diferencia y que dicen que (Ricardo) López Murphy se acerca a Chiche; esas son para favorecer a López Murphy”, sostiene Kirchner, ante sus escuderos.
Pero hay varios de ellos que se permiten ser más optimistas. “Las proyecciones de las encuestas ofrecen una brecha muy grande; no es disparatado pensar que estamos en 30 puntos de diferencia”, entre CFK y Chiche, colige un confiable consejero del Príncipe. El contertulio de Página/12 apela a la reaparición pública del caudillo bonaerense para justificar guarismos tan favorables para los candidatos de la Casa Rosada. “Si no estuviesen mal en las encuestas, Duhalde no hubiese salido, él en persona, a pegarnos”, ensaya el hombre. Y algo de eso hay.

Volvió una noche

Duhalde se había prometido guardar silencio durante toda la campaña de su mujer y sus fieles. Prefería preservarse, dejar que la faena la realizasen sus centuriones. Su anhelo es acumular un caudal de sufragios que lo erigiesen en segunda fuerza nacional y, después del 23 de octubre, reconstruir su ingeniería para influir en el horizonte político argentino, especialmente en 2007, año de elección presidencial. Sus planes consisten en revitalizar su vieja Fundación para la Producción, golem del su colaborador y ex ministro de la Producción, Ignacio De Mendiguren, para, desde allí, emitir un discurso de sesgo productivista.
Lo novedoso en Duhalde es haber hecho pública su mirada sobre quien fuera su ministro de Economía y sigue siéndolo del actual gobierno, Roberto Lavagna. Desde hace ya bastante tiempo –algo así como unos seis meses–, el ex Presidente viene criticando en la intimidad de su entorno cercanísimo la labor de Lavagna. A diferencia de su mujer y del comando de campaña de la candidata, Duhalde entiende que la política económica actual carece de agresividad, que el Estado debería estar más presente en el mercado, que la política de alto superávit no puede sostenerse con los niveles de pobreza del país, al igual que la política de desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional. De estas cuestiones, negativas a su paladar, Duhalde acusa al Gobierno y también a Lavagna. “Roberto es muy conservador, siempre quiso hacer la suya. Hay que marcarlo de cerca”, dice en la intimidad, lejos de Chiche que había decidido ensalzar la faena del ministro para minimizar la de Kirchner.
Tales conceptos, vertidos con matices en su aparición pública de inicio de la semana que termina hoy, fueron novedosos para la sociedad, no así para quienes conocen su pensamiento íntimo. Lo que no estaba en los planes previos del ex Presidente fue el momento de dicha reaparición. Duhalde debió salir al ruedo para recordar que él esta, que es el alma de una corriente que comienza a pararse en la vereda opositora, que no se ha ido, que –si se quiere– volvió. Refrescar la memoria no es sólo para los distraídos, sino para muchos dirigentes de segunda y tercera línea y algunos intendentes que, ante lo escorado que marcha el bote hacia el lado de CFK, hacen flaquear sus lealtades.
Un efecto, nocivo a los intereses del duhaldismo –¿acaso no calculado?– se está produciendo, explican algunos sondeos. La alianza con el ex policía acusado de secuestros, torturas y asesinatos de militantes peronistas Luis Abelardo Patti es un gran negocio... para Patti. La boleta de candidatos a diputados nacionales que el ex subcomisario pegó –acuerdo mediante– a la de candidatos a senadores en la que figura Chiche y José María Díaz Bancalari, estaría obteniendo casi la misma cantidad de asientos en la Cámara baja que la que encabeza Julio Villaverde, del PJ. Eso menguaría el caudal que fuese a engrosar a los duhaldistas que aun cuentan con otros dos años de mandato en el Congreso.
Duhalde no puede permitir eso. La lealtad de Patti llega hasta el 23 de octubre. Después, debería volver a negociar. Es mejor, para los intereses del caudillo de Lomas de Zamora, evitar esa dispersión y la diáspora que podría producirse si el triunfo kirchnerista fuese demasiado amplio.

Patotas

El Presidente, por su parte, además de euforia trae de cada visita por el conurbano algo extra. Kirchner acusa a algunos sectores del aparato duhaldista de continuar con conductas por las cuales su mujer calificó de .Padrino. a Duhalde. “Yo no sabía que era tan pesada la mafia duhaldista, hay patotas que son terribles. El temor que encuentro en algunos compañeros a la patota es tremendo. El otro día, en Lomas, una chica me contó que le ofrecieron dinero para que haga una operación en contra nuestra. Temblaba, el terror que tenía esa chica en los ojos no me lo puedo olvidar. Nunca lo hubiese creído de Eduardo”, dice Kirchner. Tales conductas, apañadas durante años por diferentes niveles de los estados nacional, provincial y municipal, han sido cinceladas por muchos dirigentes que actualmente están coligados al Gobierno en esta contienda. Gran parte de la ingeniería del clientelismo y el patoterismo mantienen en el poder a no pocos aliados del kirchnerismo. En Balcarce 50 justifican esas presencias con referencias gramscianas a lo viejo que no termina de morir y lo nuevo que no termina de nacer. Pero hay, también, funcionarios que van más allá de la filosofía política, y preparan la avanzada contra los restos de ese sistema no bien terminen las elecciones.
Sin embargo, no todos piensan igual al respecto. Hay ministros, candidatos y ministros-candidatos que sostienen, al igual que lo hizo Napoleón después de la batalla de Friedland, que “después de la victoria, ya no hay enemigos, sino solamente hombres”. Algo similar quiso decir citando la parábola del hijo pródigo el titular de defensa y candidato a senador José Pampuro, la semana pasada, en un reportaje concedido a Página/12. Es lo que dice el intendente de La Matanza y cabeza de la lista de candidatos a diputados nacionales, Alberto Balestrini. Abrir la puerta para que los .amigos. que se equivocaron de margen del Jordán, puedan cruzarlo. Los dos candidatos mencionados son los únicos que piensan así.
Habrá que ver qué opina y cómo actuará al respecto el Presidente.

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