EL PAíS › JOAQUIN PIÑA, OBISPO Y CANDIDATO

“Rovira es autista, un dictador petisito”

Catalán, con una energía llamativa para sus 76 años, este jesuita que dice que vivió “toda la vida bajo dictaduras” opina, lapidario, sobre el gobernador misionero y, más comprensivo, sobre el presidente Kirchner. Qué tuvo que ver Bergoglio con su candidatura.

 Por Werner Pertot
Desde Iguazú, Misiones

Al Obispado de Iguazú se llega por un camino de tierra, entre palmeras. Cada día lo fatigan indígenas, vecinos, dirigentes y periodistas. Dicen que el obispo encuentra tiempo para todos. Con 76 años, Joaquín Piña tiene una jovialidad envidiable. En los últimos meses combina sus actividades pastorales con actos políticos del Frente Unidos por la Dignidad, cuya lista encabeza para las constituyentes del 29 de octubre. Allí intentará frenar la reelección indefinida del gobernador Carlos Rovira, a quien apoya el presidente Néstor Kirchner. El Gobierno y la Iglesia se cruzaron esa semana luego de que el Vaticano aceptase la renuncia de Piña. “Es verdad que el momento es inesperado. Pero me alivia un poquito. Esos gobernantes que tanto quieren quedarse en el poder y yo aquí con tantas ganas de dejarlo, che”, chancea Piña.

“Mi acento no es español, es catalán”, aclara cuando recibe a Página/12. Todavía conserva la tonada de su infancia en Cataluña, donde creció con dos hermanos menores que nacieron entre los vaivenes de la guerra civil española. “Mi padre decía que tenía un hijo del rey, otro de la República y otro de Franco”, recuerda Piña. Y en seguida arremete: “Yo he vivido toda mi vida bajo dictaduras”. En esa calificación incluye al gobierno de Misiones. En 1955 viajó a Buenos Aires a completar sus estudios y se ordenó jesuita. Identificado con la “opción con los pobres” pasó cerca de 20 años en Paraguay, bajo el régimen de Alfredo Stroessner (ver aparte).

En 1986, asumió al frente de la diócesis de Iguazú, que dejará el 8 de diciembre en manos del obispo Marcelo Martorell, ex colaborador del obispo de Córdoba Raúl Primatesta y amigo confeso del fallecido empresario Alfredo Yabrán. “Si estuvo en la diócesis de Primatesta, me imagino que habrá sido un colaborador”, reconoce Piña, que enfrenta las críticas del Presidente, quien señaló que “el diablo llega a todos, los que usan pantalones y sotanas”. “Está desactualizado: ya no se usan más sotanas. La última vez que fui al Vaticano me tuvieron que prestar una, porque no tenía”, responde Piña, quien considera que la elección en Misiones no es parte de una pelea Iglesia vs. Gobierno: “Kirchner, dentro de todo, es un gobierno de izquierda. Yo apoyo su defensa de los derechos humanos”.

–¿El cardenal Bergoglio influyó en su decisión de aceptar la candidatura?

–Te cuento cómo fue la cosa: aquí en Misiones tenemos un gobierno que cada vez se fue poniendo más autoritario, totalitario, y fue avasallando las instituciones democráticas de la Legislatura, la Corte, el Consejo de la Magistratura, y lo último es esta pretensión de reformar la Constitución –en un solo artículo, curiosamente– para permitir la reelección indefinida. Esto ya fue demasiado. Y provocó una reacción en la población y que se uniesen un arco opositor en el que están: 13 partidos –desde el PJ, la UCR hasta los más chicos–, organizaciones sociales (la CGT y la CTA juntas), las iglesias (con los hermanos evangélicos y luteranos). Toda esta gente es la que me vino a pedir a mí. No fue una iniciativa mía.

–¿Usted no quería?

–Yo al principio me resistí un poco, porque les decía que mi misión es otra. Nunca me consideré un político, aunque siempre critiqué a los políticos. Al final me convencieron de que no se trataba de una cuestión política, sino de que se trata de la defensa de la democracia, de los derechos humanos, de la dignidad de las personas y de las instituciones. Está claro que esto termina el 29 de octubre. Yo no me postulo para ningún otro cargo. No estoy ni estaré afiliado.

–Le preguntaba qué influencia tuvo Bergoglio en esa decisión.

–La Iglesia no es como el Ejército, con una cadena de mandos. Yo la decisión la tomé por mi cuenta. Pero me sentí muy apoyado por mis hermanos obispos. En el aniversario de (el asesinato del obispo Enrique) Angelelli, en La Rioja, me encontré con el cardenal Bergoglio. Yo no me lo esperaba, pero él me dijo que ánimo y adelante, que él me apoyaba ciento por ciento. Yo se lo agradecí. Pero no es que me haya metido porque me metió Bergoglio.

–Kirchner parece interpretar otra cosa.

–Sí, sí. Eso ha venido después. Cuando vino a Misiones y se largó ese discurso, que no venía al caso. Eso es lo que nacionalizó el conflicto.

–El Presidente le apuntó al papel de la Iglesia en la dictadura.

–Sí, demostró una desinformación notable, a pesar de que le escribí una carta diciéndole que tratase de informarse bien, que no escuchara sólo al gobernador, que está claro que le va a pintar la cosa a su manera. Yo creo que no la debe ni haber leído. Cuando vino, demostró desconocer la historia reciente de Misiones, en la que el padre Jorge Kemerer salvó a muchos durante la dictadura. Kirchner todavía no se ha dado cuenta de que Rovira piensa muy distinto a él. Kirchner, dentro de todo, es un gobierno de izquierda. Yo apoyo su defensa de los derechos humanos. Rovira es de derecha y no entiende nada de derechos humanos.

–Entonces, ¿Kirchner está mal informado?

–Lo que pasa es que hay una devolución de favores, porque Rovira lo apoyó en su elección. Y en esa elección, debemos reconocer que nos equivocamos en Misiones. Así como a nivel nacional, lo que el pueblo argentino votó es que se fuera Menem, aquí pasó algo parecido: todos queríamos que se fuera Puerta. No es que queríamos a Rovira. Y nos ha ido peor.

–Volviendo al rol de la Iglesia en la dictadura, ¿cómo analiza los papeles que jugaron obispos como Primatesta, Héctor Aguer en La Plata?

–Mira, yo creo que hay que reconocer que algunos obispos fueron flojos, que tendrían que haber hablado. Ahora, no deja de ser curioso que se acuse a la Iglesia del silencio en dictadura y ahora se le recrimina porque habla. “¿Para qué se meten?” Tendrían que ser más consecuentes.

–El vocero de Bergoglio sostuvo que hubo sacerdotes en los “dos bandos”.

–Eso es cierto. Había sacerdotes “en los dos bandos”. Ahora, ese tipo de consideraciones no me gustan mucho. Creo que no es así: no es lo mismo el terrorismo de Estado que la subversión anterior. No aprobamos ni una cosa ni la otra, pero el terrorismo de Estado es mucho más grave.

–¿Lo sorprendió la designación de Martonelli?

–Yo no conozco en absoluto a este señor. Así que un poco sorpresivo fue.

–Se lo menciono porque estuvo muy cerca de Primatesta y de Yabrán.

–(Se ríe.) Bueno, eso no es ningún pecado. Si estuvo en la diócesis de Primatesta, me imagino que habrá sido un colaborador.

–¿Qué interpretación hace del momento en el que el Vaticano aceptó su renuncia?

–Yo había presentado la renuncia hace un año y medio. No sólo estaba esperando, sino que ya estaba un poco ansioso. Varias veces le dije al nuncio que a ver si llegaba por fin. Bueno, yo también tengo derecho a descansar de la responsabilidad del gobierno. En ese sentido, digo: esos gobernantes que tanto quieren quedarse en el poder y yo tengo tantas ganas de dejarlo, che. Es verdad que el momento es inesperado. Pero bueno, ya era hora. Esto me alivia un poquito. Lo que me agotó con la candidatura es el acoso periodístico. No es el acoso sexual, pero... Lo que mantengo es el trabajo social de siempre.

–¿Cómo analiza la situación social de la provincia?

–A nivel país, la economía ha repuntado y en Iguazú creció el turismo. El problema es que esto no llega a la gente. En la Argentina no hay un problema de pobreza, sino de la distribución de la riqueza, que creo que posiblemente ha empeorado. Veo los barrios más pobres de Iguazú, que están igual o peor que antes.

–¿Usted lo conoce a Rovira en persona?

–Una sola vez pude hablar con él. Me llamó al principio de su gobierno, fui a Posadas e hizo un discurso muy lindo. Cuando terminó le dije: su discurso está muy bien, pero lo que hacen es todo lo contrario. Es curioso. Con los anteriores gobernadores, a los que también critiqué, por lo menos se podía hablar. Con Rovira, no. No habla con nadie. A mí me dicen que ni recibe a sus propios ministros. Es un autista, que no escucha a nadie. Es un pequeño dictador (porque es petisito). Una vez dije que es un faraón petiso. Y quiere decir porque –según dicen las malas lenguas– si viene otro, va a investigar. Y aquí hay muchas cosas... que mejor mantenerlas ocultas. Ellos lo acusan a Puerta, pero han hecho cosas iguales o peores.

–Puerta, sin embargo, salió a apoyar su candidatura.

–En un momento hablé con él. Y él mismo me dijo: “Me doy cuenta de que no conviene que yo aparezca”. Se da cuenta de que no es una figura presentable en Misiones. El me prometió que no iba a aparecer para nada. Después, de hecho, apareció un poco. No conviene que se mezcle con los del FUD, porque Rovira era el delfín de Puerta.

–¿Qué diferencia encuentra entre ellos?

–(Sonríe.) Hay una diferencia por lo menos... y es que Puerta al menos era simpático. Y éste es antipático, pobrecito. No, en serio: con Puerta se podía hablar (después mentía como él solo). Y con éste, no.

–¿Qué ocurre si Rovira logra reformar la Constitución?

–Lo veo difícil. Pero la consecuencia es que vamos a estar peor. Y tendremos que aguantar.

–¿No hay posibilidades de que el FUD continúe en 2007 para frenarlo?

–Lamentablemente, la oposición está muy fragmentada. Esto creo que pasa en todo el país. Y al estar dividida pierde fuerza. Además, el que está en el poder dispone de todo el aparato. Si no se logra frenarlo en este momento, que hay un objetivo muy claro, después la van a tener mucho más difícil para vencerlo.

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Imagen: Télam
 
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