EL PAíS › CADA VEZ MAS GENTE EN EL CACEROLAZO EN TRIBUNALES

“La Corte aprende a nadar”

Cada jueves hay más gente pidiendo la renuncia del tribunal supremo. Ayer eran más de 4000 y hubo escrache en las casas de Nazareno y Boggiano. Aparecieron los “no pesificados”.

Una rata de traje y corbata, con anteojos, fuma un habano. Con las manos llenas de dólares, está dibujada en colores en una pancarta que dice “Fuera la banda de Nazareno”. El cartel lo llevaba un hombre que ayer participó junto a unos cuatro mil manifestantes de la ya clásica protesta de los jueves para reclamar la renuncia de todos los integrantes de la Corte Suprema de Justicia. Felices, los ciudadanos que cantaron y golpearon cacerolas y otros objetos en Tribunales se alegraron al comprobar que cada jueves son más. “Que se vayan todos/ que no quede/ ni uno solo”, coreaban al ritmo del hit brasileño “Vocé Abusó”. Y como en este país la realidad aporta cada día un nuevo motivo de preocupación, se sumaron ayer al escrache al máximo tribunal de Justicia los autodenomidados “no pesificados”: hombres y mujeres que por haber sacado créditos por más de cien mil dólares fuera de las entidades financieras reconocidas por el Banco Central tendrán que afrontar los pagos en la moneda estadounidense.
Cada vez más gente. Cada vez más organizaciones: a la protesta de ayer se sumó la representación de las asambleas vecinales de San Cristóbal, Plaza de Mayo y Caballito, entre otras zonas. Cada vez más y mejores carteles. Cada vez más bronca se ve los jueves en las manifestaciones contra la Corte Suprema de Justicia. Ayer, no conforme con manifestarse en tribunales, la gente fue luego a las casas particulares del presidente de la Corte, Julio Nazareno, y de Antonio Boggiano, uno de los ministros del tribunal. “Poné que a los jubilados y estatales les descuentan el trece por ciento de sus salarios, mientras ellos no se quieren bajar los suyos”, pidió un hombre de cierta edad que se negó a dar nombre o apellido.
Mientras algunos golpeaban sus cacerolas –hubo también quien castigó botellas de gaseosas y hasta cajitas de té metálicas–, otros entonaban cantitos de todo tipo. “Se está poniendo de moda/ tirar ladrones al mar/ y la Corte precavida/ está aprendiendo a nadar”, fue uno de los más divertidos. El humor, tan necesario en estos tiempos, también estuvo reflejado en algunos carteles. Además del ratón de traje, había uno en el que podía verse la clásica imagen de la justicia con los ojos vendados y una olla en la mano. “Hoy, Suprema a la cacerola”, decía el cartel, en una demostración de que la indignación y la originalidad no tienen por qué estar reñidas.
Como todo el mundo sabe, la Argentina vive la recesión económica más larga de su historia. Y, por qué no, los vendedores callejeros trataron ayer –con poco éxito, por cierto– de hacer su agosto ofreciendo agua y gaseosas, helados y escarapelas. La Corriente Clasista y Combativa (CCC), la Central de los Trabajadores Argentinos y algunos militantes de izquierda dijeron presente. Pero como viene ocurriendo desde hace ya tiempo, fue mayormente la gente común la que hizo número en Tribunales. Gente común a la que ayer se sumó un nuevo grupo damnificado por las medidas económicas que tomó el presidente Eduardo Duhalde: los autodenominados “no pesificados”. Son aquellos que, a diferencia del resto de los mortales que están actualmente pagando un crédito en dólares y podrán pagar el mismo monto en pesos, tendrán que seguir pagándolo en dólares. Estas personas son las que tienen deudas por más de cien mil dólares o las que tomaron el préstamo en escribanías o con particulares y no en entidades financieras reconocidas como tales por el Banco Central.
Ayer reclamaron por sus situaciones agitando llaveros y gritando una nueva consigna que podría definirse como bizarra si no fuera trágica: “Pesificación/ Pesificación”. Los damnificados por la devaluación gritaban por sus casos, pero también por la renuncia de los integrantes de la Corte. Saben, cada vez más, que la crisis argentina es sistémica. O, en criollo, que en este país es difícil encontrar algo de la vida pública que ande bien.

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“Se está poniendo de moda/ tirar ladrones al mar/ y la Corte precavida/ está aprendiendo a nadar.”
El cantito no era ni remotamente lo más duro que le gritó la multitud a los nueve jueces supremos.
 
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