ESPECTáCULOS › LOS OPINADORES CAHE, LESTELLE, ZIN, CORMILLOT

La guerra de los médicos

De cómo el caso Maradona provocó una invasión de médicos en la pantalla, más parecida a una guerra de vedettes que a la divulgación. Opinan Mariana Lestelle y Alberto Cormillot.

 Por Julián Gorodischer

La doctora posa como una diva, encantada con este juego que le proponen: ser una “bomba” letrada. A ella le gusta pasarse horas frente al espejo, pero lleva el diploma de honor en la cartera. “Hay que tener a mano las credenciales, ¿viste?”, dice Mariana Lestelle con el candor de la cuestionada, después de uno, dos, cinco duelos mediáticos con Any Ventura o Alfredo Cahe, en defensa de su vocación mixturada: ¿la medicina o las tablas? “Y de última, si me quiero ir al Maipo es cosa mía, ¿no?, pero en el fondo hay una discriminación a la mujer. Yo no escuché que sospecharan de Cormillot o de Zin.” A cualquier hora, los médicos largan el chorro: batallas novedosas que desplazan a la vedette y el gay mediático del programa de la tarde. Lo que sigue es el tiro al blanco (siempre el mismo: Alfredo Cahe, el médico personal de Diego Maradona), y el sermón que se encabeza de este modo: “Yo me pregunto...”.
“Yo me pregunto –dirá Alberto Cormillot–, a quién se le ocurre darle asado y vino recién salido de terapia. Está fuera de toda lógica.” Es el novedoso formato de la pelea entre médicos, ahora que invaden Intrusos, Indomables, el flamante Fulanas, para transformar el clásico de la divulgación: ya no aconsejan ni enumeran calorías; se indignan con ganas, responden a los embates de Cahe, del Facha Martel, de Gianina Dinorah; se incluyen en el juego de los gritos y los abucheos, alimentan horas y horas de murmullo, contestan, se apoyan, se distancian, recomienzan...
“¡Hay que limpiarlo!”, con el entusiasmo del cruzado, ahora que se dedican bloques del noticiero a hablar del ídolo caído (Claudio Zin en Telenueve) o se exige un derecho a réplica tras el exabrupto. “Están preocupados por las calorías de una milanesa, pero se borran, nos dejan...”, contrapone Cahe con el rictus ofendido del descargo. “¡Cuánto tiempo en el camarín!, ¿no tendrías que estar estudiando?”, se suma Any Ventura en la mesa de Mirtha Legrand. Silencio en el estudio, mohín de confundida, verba acostumbrada a lo que se debe: pausa, remate y elevación del tono. Se desata la furia de la doctora.
–El primer round fue de Any Ventura versus Mariana Lestelle.
Mariana Lestelle: –Pero qué quieren que sea, ¿gorda y peluda? A mí me gusta maquillarme, pero soy diploma de honor en la UBA y medalla de oro en el colegio. Censuran las decisiones de la vida del otro.
–Segundo round: Cormillot vs. Cahe...
Alberto Cormillot: –Sobre Maradona, yo dije lo que pensaba todo el mundo. Me involucré muy pocas veces en casos públicos, pero cuando lo hice es porque creo que es necesario transmitir algo: el peligro de la medicación con pastillas en el caso Rímolo o la salud del astro en riesgo.
M.L.: –Tendrías que estar en un ateneo para ver cómo nos matamos: las peleas son normales, nos decimos de todo. Se opina y se pone presión para que el otro pueda largar 20 mil diagnósticos ante un síntoma. Putearte es bueno.
–Tercer round: Cormillot versus ¡Facha Martel!...
A.C.: –En 40 años de profesión es la primera vez que me pasa esto de quedar enfrentado a alguien como el Facha Martel. No contesto: la suya es la defensa del amigo. No me cruzaría nunca con él al aire, pese a que me lo piden. Yo no soy el que está enjuiciado por la sociedad, nadie pide explicaciones sobre mí.
Llegado el cuarto round, las voces se entremezclan y dispersan, se hacen indescifrables: Cormillot tira contra Cahe, pero a la vez no simpatiza con Lestelle, que por otra parte se queja del machismo de todos los otros. Ella aprendió a ser sólo simpática con el cronista de turno: “¿Te gusto?, ¿Soy clara?, ¿Me creés?, ¿Qué edad tenés?”. La pelea mediática les tiende trampas imposibles (“Mauro me llamó por Maradona; me hicieron hablar de Daddy Brieva”, dice Lestelle), y ofrece una promesa de ascenso que llegará. “Pasé de invitada a panelista de Historias de la tarde; yo también soy madre sola y tengo que mantener a un hijo. ¿Quién tiene algo para decir?” Lo que sigue es el alarde continuo que se libra en defensa del nicho. Miran al de al lado de reojo y se cuelgan las medallas, como en cualquier guerra de la tele: no podría faltar el autobombo.
–Supongo que me llaman porque doy bien en TV, ¿no? –dice Lestelle–. Pero no basta: televisiva también es la Pradón o la Ritó.
–Yo no soy un médico famoso –contrapone Cormillot–. Tengo prestigio, que es distinto. La TV es el diez por ciento de mi tiempo.
–Ultimo round: ¿Quién gana y quién pierde?
–Más allá del morbo –asume Cormillot–, el caso deja algunas cosas: la gente se está concientizando sobre qué sucede cuando hay abuso de drogas y alcohol.
–Yo como médica –dice Lestelle– he visto hasta 20 pacientes por día, lo que da un total de cuatro mil al año. Gracias a la TV, me escuchan cien mil personas por cada punto de rating. ¡Pura ganancia!

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En los programas de la tarde, los médicos se han vuelto figuritas repetidas.
 
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