ESPECTáCULOS › ENTREVISTA A LA CANTANTE Y PIANISTA DIANA KRALL

La voz femenina del jazz

Antes de su visita a Buenos Aires, habla de sus colegas y de su apretada agenda.

 Por “Mi desafío es la inspiración”, dice.

Por Keith Shadwick *

Si es lunes, debe ser Berlín. Diana Krall ya cumplió con buena parte de su gira mundial de un año de duración, que la tendrá ocupada hasta fines del otoño de 2005. Los dos días que consiguió estar en su casa de Vancouver como parada fueron los primeros en casi seis meses. “Tenía que ir al dentista”, suelta. Estaba sintiendo los efectos de un itinerario tan intensivo. Krall habla de modo sencillo, al punto de ser brusco en ocasiones, y es rápida para desplegar su ingenio nativo a costa de ella misma. Y nunca ha sido de mecer la varita del showbizz sobre su vida. “He tenido un mes difícil. Estaba enferma; tuve ocho shows en nueve días y entonces caí. Me pasé tres días en cama en Madrid, pero incluso así hice el show. Hubo escenas locas, no podía cantar porque me estaba recuperando de una gripe. ¡Seguro que es diferente a tocar en el Court Theatre de mi ciudad!”. La agenda de Krall también incluye Buenos Aires: estará el 3 de febrero en el Luna Park.
Puede que a Krall se le note en los poros la fiebre de viaje, pero aun así está convencida de que es donde debe estar. “De ningún modo me estoy quejando”, insiste. “Esto es lo que elegí hacer. Y sé muy bien lo afortunada que soy.” Toda la carrera de Krall está basada en una inflexible ética de trabajo sostenida por la noción de que el modo de tener suerte es “hacer los deberes”. “Crecí con la idea de que si te gusta la música de alguien y querés tocar con él, entonces tenés que trabajar duro aprendiendo todas sus canciones, así tal vez un día puedas llegar a compartir un escenario con él.”
“Desde que tengo 16 años, ha sido un sueño tocar con gente como (el baterista) Jeff Hamilton o (el bajista) John Clayton, y me llevó hasta 2001 poder hacerlo en giras de modo regular. Me llevó un largo tiempo y una visión clara de lo que quería hacer. Esta vez hicimos Australia juntos y todavía los miraba como mentores. Hace poco me encontré a almorzar con (la pianista de jazz) Marian McPartland, una mujer fascinante y llena de información sobre música. Es fácil pensar ‘me siento tan intimidada que no voy a hablar con esta gente’, pero tenés que sobreponerte a ese sentimiento. Hablar con ellos. Aprender de ellos. Puede que no vuelva a sucederte.”
Semejante claridad de propósitos continúa siendo el combustible de su carrera. Su álbum de 2004, The girl in the other room, que es el que presenta en su actual gira mundial y que incluye canciones de Tom Waits y Mose Allison (y un montón de piezas coescritas por Krall y su esposo Elvis Costello), marcó un cambio profundo de su enfoque anterior. Algunos sintieron que estaba reposicionándose más cerca de lo que se conoce como el reciente fenómeno del “mainstream acústico”, con Norah Jones, Jamie Cullum y demás. Pero hacer semejantes presunciones es no entender las motivaciones de Krall. Ella está al tanto de lo que hacen sus contemporáneos, pero no los considera rivales ni los guías de un nuevo enfoque en su propia carrera. The girl in the other room salió de sus circunstancias personales en ese momento: la muerte de su madre, su matrimonio con Costello, su búsqueda de modos de expresar esos cambios en su vida. Canciones de ese álbum aparecen en su set al lado de Night and day o Let’s face the music and dance.
Ahora la gira es lo más importante de su agenda, y Girl... ya es parte de su pasado. “Seguro, esas canciones significan mucho para mí”, reflexiona, “pero no las siento más interesantes ni me presentan más desafíos que tocar But not for me”. Está rumiando tres o cuatro proyectos para hacer después de la gira. El DVD de su set en Montreal es la última instantánea de un momento, más que algo a lo que ella esté aferrando su carrera. De sus contemporáneos dice: “No aparecí al mismo tiempo que ellos, pero los admiro. Me gusta Jamie Cullum porque reconoce que está aprendiendo, trata de mejorar y es directo sobre cómo se siente con lo que está haciendo. Lo mismo sucede con Norah Jones. Leí algunas entrevistas que le hicieron hace poco y realmente me gusta su actitud y lo que está haciendo. Pienso que su éxito es admirable. Ella tiene una cualidad especial y uno lo descubre apenas la escucha. Cada tanto aparece alguien como ella, con esa madurez y con algo especial. Cassandra Wilson también lo tiene. Hoy en día ella es la cantante de jazz esencial. Lo tiene todo. Y también están Dianne Reeves, Abbey Lincoln, Patricia Barber...” Entre los ídolos de Krall están Joni Mitchell y Nat King Cole, pero también encontró inspiración temprana en mentores como el pianista Jimmy Rowles y el bajista Ray Brown.
Londres y su sala de conciertos favorita, el Albert Hall, tienen una resonancia única para ella. La ciudad es donde ella y Costello se casaron, y donde viven muchos de sus amigos en común. Y del Albert Hall dice: “Es un lugar muy especial para mí, personal y profesionalmente. Es un edificio muy hermoso, ¿no es cierto? ¡Y enorme! No me había dado cuenta de lo enorme que es hasta que fui al concierto en homenaje a George Harrison. Estaba sentada ahí y pensaba: ‘Mi dios, este lugar es sobrecogedor’. Pero es diferente cuando la que toca es una. Cuando te sentás ahí, sobre el escenario, todo está oscuro, entonces podés tener un feeling como de club pequeño, podés crear esa intimidad. Ahora ya sé qué hacer para no sentirme sobrepasada por el lugar: no hay que cantar fuerte hacia el hall. Sabés que es un lugar grande, pero tenés que traer a la gente hacia vos en lugar de salir”. Exactamente ése es el enfoque que tiene en su nuevo DVD, frente a una audiencia incluso más grande que la que tendrá en Londres. Aparece sobre el escenario con su banda de gira, que incluye al brillante guitarrista Anthony Wilson, y toca una tormenta de música en la que su voz parece la extensión natural de su piano, y viceversa, y luego se va tras un breve saludo con la mano. Lo único que el DVD no incluye y que fue exhibido con éxito en el Albert Hall es su desarrollo más reciente, excursiones en piano solista. Como dijo Krall en Berlín: “Estoy empujándome todo el tiempo, practicando mucho. Incluso estoy tocando algo de solo piano ahora en nuestros sets. Me da una buena patada en el trasero y eso es lo que quiero. ¡Nada de vagancia! Hay que hacer lo necesario para inspirarse, porque si no estás inspirado el público lo descubre al instaante. Ese es mi desafío”.
En un mundo lleno de alcahuetes de marketing con ideas sobre el sonido, la imagen y hasta el sabor que debería tener la música, es remarcable que el instinto de Krall para la clase de música que quiere crear continúe coincidiendo con las necesidades y deseos de su público alrededor del mundo. Sin embargo, para ella sigue siendo una ecuación simple: “Tenés que confiar en tu público, simplemente ser honesta. Y el público responderá siempre. No podés menospreciarlo, tenés que estar segura de que va a amar tu nueva música porque vos la amás”. Hasta ahora le ha funcionado hermosamente.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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Diana Krall actuará en el Luna Park el 3 de febrero.
 
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