ESPECTáCULOS › ADRIANA LORENZON Y MARIO SCHAJRIS, GUIONISTAS
DE LOS ROLDAN, ANTICIPAN LO QUE VENDRA

“En la tele, la tira de las 21 para la olla”

El dúo adelanta algunos cambios, aunque se reserva un par de misterios. En un año que promete luchas sin cuartel, la comedia más vista del año pasado prepara el debut en el 9.

 Por Emanuel Respighi

En su bunker de La Lucila, lugar en el que diariamente pergeñan durante horas los guiones de Los Roldán, Adriana Lorenzón y Mario Schajris se embarcan en la escritura de los libros de la que será la segunda temporada de la tira diaria con mayor público del 2004. Con un promedio de rating que rondó los 30 puntos diarios, la pareja de autores tiene frente a sí no sólo el enorme desafío de rebatir el argumento de que las segundas partes de un programa de televisión o una película son peores que las primeras. También tendrá la responsabilidad de ser el caballito de batalla con el que Canal 9 intentará pelearle el liderazgo de audiencia a Telefé y Canal 13, inaugurando –desde el 7 o el 14 de marzo, a las 21– la etapa de Marcelo Tinelli como abastecedor de programas a la emisora de Daniel Hadad y Raúl Moneta. Un desafío que a ninguno de los autores parecería afectarlos. “Nosotros sólo pensamos en los libros”, dicen a dúo. “Si tenemos la cabeza puesta en todo lo que rodea a la segunda temporada de Los Roldán, probablemente nos volveríamos locos.”
Lo poco que se sabe, hasta el momento, es que el segundo año de Los Roldán comenzará en Mar del Plata, con la familia Roldán en su totalidad veraneando en La Feliz. “Pero no va a haber una continuidad narrativa con el final de la primera temporada: la historia arrancará con los meses del verano ya transcurridos y algunos conflictos por resolverse”, adelanta Lorenzón. De hecho, en una de las primeras escenas se podrá ver a Laisa (Florencia de la V) de luto por la supuesta muerte de Emilio Uriarte (Gabriel Goity), aunque el espectador pronto entenderá que, en realidad, el villano está veraneando en Punta del Este, elaborando el plan perfecto para acabar de una vez por todas con el poder de Tito Roldán (Miguel Angel Rodríguez). “Lo único que podemos adelantar –apunta Schajris– es que Tito Roldán va un paso más allá dentro de lo que ya le resultó un desafío el año pasado. Mas no podemos decir porque nos van a echar del laburo.”
Descartada la posibilidad de que la segunda temporada se abra con un capítulo doble y se proyecte paralelamente en un teatro junto al elenco, lo cierto es que el eje del conflicto entre Uriarte y Roldán de este año excederá el ámbito empresarial. Luego de un año codeándose con el jet set empresarial, Tito Roldán aceptará una oferta de una institución civil que cambiará el rumbo de la historia: será candidato a presidente de la Nación. Claro que su archienemigo no se quedará atrás: Uriarte será el candidato opositor de Roldán. Una historia que renovará el enfrentamiento con nuevos ribetes.
–¿Cómo resulta volver a escribir después de una temporada exitosa?
Adriana Lorenzón: –Nuestro objetivo es no sólo continuar con lo que la gente ya se había enganchado, sino hacer propuestas distintas con nuevas historias, personajes y problemas de fondo. Tito Roldán no será el mismo que el del año pasado, va a tener un cambio visible. Se va a notar que todo lo que vivió el año pasado lo afectó.
Mario Schajris: –Desde su rol de villano, Uriarte se enfrentará con una circunstancia nueva que le modifica su historia de amor con Laisa. Ahora los malos tendrán categoría de clan: va a aparecer parte de la familia Uriarte que estaba oculta. Así como a Roldán le correspondería por derecho propio dada su generosidad y honestidad, el clan Uriarte intentará tomar el poder con manejos espurios, por izquierda, propio de lo peor del menemismo. Un poco lo que vivimos todos los días en este país. La historia de pobres y honestos vs. ricos inescrupulosos de Los Roldán no nace sólo de nuestra imaginación, sino que tiene un anclaje con la realidad.
–¿Un grotesco que hizo que la gente se identificara con la tira?
A. L.: –Pero lo que logró la identificación de la gente con la tira no fue la lucha de clases o el héroe justiciero, porque todas las ficciones se basan en estos ejes, aun en una novela romántica. La diferencia con otros ciclos fue la forma en que Los Roldán contó esa temática. Creo que lo destacado fue la manera pintoresca y realista con la que se contó esa lucha. Porque Roldán no sólo es un hombre honesto y familiero, sino que además tiene una hermana travesti y una hija que canta cumbia villera, cuestiones que hasta Los Roldán eran exclusividad de los periodísticos. La idea es que sigan apareciendo cuestiones sociales con el mismo tono de grotesco: no pretendemos dar lecciones de moral, de política ni de justicia.
M. S.: –En la TV argentina hacía mucho que no había un programa con un tono grotesco. En general, lo que se ve a las 21 son tiras costumbristas. Cambian los elencos, las historias, pero son tiras costumbristas, con un registro naturalista. Los Roldán supo llevar a la pantalla chica el grotesco teatral en un momento que la gente necesitaba un cambio. Toma aspectos de la realidad en un tono grotesco. La forma de contar es la diferencia: no es el primer programa que hace Florencia de la V, antes hizo Margaritas. Había que animarse a incluirla en la familia honesta y simple, y no dejarla en un lugar lateral.
–Pero Laisa fue un personaje que tomó más protagonismo del que tenía originalmente...
M. S.: –Pero no se nos escapó de las manos. Lo que pasó fue que nos sorprendió la gran aceptación que tuvo en el público, pero el personaje estaba planteado así. No modificamos la historia porque causó sensación. Sabíamos que era un personaje que, cruzado con el Puma Goity, nos iba a rendir. Aunque no voy a negar que fue una apuesta fuerte y riesgosa. Creo que sumó el hecho de que no ahondamos en su genitalidad, sino que nos abocamos a contar una historia de amor y familiar de una persona con una sexualidad distinta, sin juicios ni prejuicios de ningún tipo. Los Roldán humanizó a las travestis: hizo que la gente tomara a Florencia de la V como parte de su familia.
–Recién se referían a que la gran virtud de Los Roldán es el agregado del grotesco. ¿No piensan que a veces la tira confunde “grotesco” con vulgaridad?
A. L.: –Lo que sucede es que en las tiras diarias hay etapas de producción que no se pueden discutir con tiempo. Desde los libros, nosotros hacemos propuestas que también se van enriqueciendo desde muchos lugares, sea la producción o el trabajo actoral. Muchas veces hay un exceso con el enriquecimiento, producto de una especie de contagio de energía. Cuando un personaje pega, porque tiene una base sólida y buenas ideas propias, suele suceder que el resto también quiere hacer su propuesta, pero a lo mejor no es el momento. Eso hace que nosotros tengamos la necesidad de “bajar” el tono de la comedia. Claro que recién nos damos cuenta cuando el programa ya se emitió. También el público alienta el grotesco.
M. S.: –De todos modos, en la mayor parte de los casos no son propuestas desde los libros, sino más bien de los actores o la producción... Yo me crucé con mucha gente que me dijo que los pobres no eran como los retratábamos nosotros en Los Roldán. Pero nuestra intención no es reflejar cabalmente la realidad, sino hacer un programa de ficción que haga reír. En Los Roldán todo está exacerbado. Desde los libros, el grotesco no está puesto en que la familia hable con la boca llena y escupa la comida, sino con la subida del tono que hace que las cosas se muestran de manera exacerbada y de forma explícita. Es la realidad mostrada en un tono grotesco.
–Pero en Los Roldán no hay lugar para la realidad sociopolítica...
A. L.: –La lectura de realidad no debe detenerse sólo en lo político y lo social. El tema de los perros en la tira es una lectura de una realidad de algún que otro personaje conocido, que no por llamativa deja de ser real. Es loco darse cuenta que hay gente que trata mejor a los perros que a sus propios hijos, pero pasa.
M. S.: –Los Roldán habla de la realidad del universo psíquico de la gente. A nosotros nos interesa hablar de los comportamientos, de la realidad que percibe cada uno. A mí no me interesa escribir sobre una realidad panfletaria o una realidad política. Nos interesa contar el universo psíquico de la gente.
–¿Por qué si hay una búsqueda de la realidad psíquica, entonces, en Los Roldán los personajes no se alejan del estereotipo?
A. L.: –El medio condiciona los libros. Hay una discusión eterna entre los que hacemos ficción sobre qué es lo transgresor. Primero, porque no se puede transgredir sobre lo que no se conoce. Y en segundo, porque la TV es un medio masivo, comercial e industrial. En ese contexto, no se puede escapar del estereotipo. Aunque hay algunos espacios como el unitario donde la experimentación es permitida. Si Los simuladores, que tenía un formato casi de comic, hubiera pasado a ser una tira, inevitablemente se hubiesen estereotipado aún más los personajes. La publicidad usa constantemente los estereotipos para vender cualquier producto. Si uno quiere escapar del estereotipo, lo primero que tiene que hacer es dejar de trabajar en la TV.
M. S.: –El unitario tiene una técnica y la tira tiene otra: no se pueden mezclar porque es ahí donde el proyecto falla. La tira requiere de un público masivo.
–O sea que la tira está condenada al estereotipo...
A. L.: –Lo que pasa es que la tira se convirtió en el género que financia el resto de la programación. En tal sentido, la tira es el sostén de la TV, lo que implica una presión importante para los que la hacemos. El desafío es cómo sostener a toda costa al público. Si uno tiene la suerte de que vaya bien y que los auspiciantes caigan en paracaídas, te enfrentás a la cuestión de la calidad del producto. El autor siempre apela a que la calidad se sostenga. Pero no siempre se puede porque hay otras exigencias, propias del medio televisivo. La TV actual tiene un solo horario, el de las 21, para generar el sustento económico.
M. S.: –Las tiras de las 21 son como en las familias el único hermano que labura. Para la vieja, probablemente sea el que menos reconocimiento tenga, aun cuando labura 14 horas por día. Pero por ahí hay uno medio loquito, otro que toca la guitarra y todos los festejan. En la TV pasa lo mismo. En una productora o un canal de TV, falla el ciclo de las 21 y les queda un agujero económico enorme. Mientras la tira de las 21 facture, no hay problemas con que el unitario pierda plata. En la Argentina existe la injusticia del no reconocimiento de la telecomedia de las 21. La telecomedia es la que para la olla televisiva.

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“El público también alienta el grotesco”, dice el dúo.
 
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