ESPECTáCULOS › PABLO LESCANO Y FIDEL NADAL, CONFLUENCIA DE CUMBIA VILLERA Y REGGAE

“Somos el reflejo de una realidad”

El líder del exitoso grupo Damas Gratis y el integrante del combativo Todos Tus Muertos explican en esta entrevista por qué consideran natural unirse en un show, como el de esta noche en Cemento. Los prejuicios hacia los géneros, dicen, son reaccionarios.

 Por Pablo Plotkin

Es de noche en San Martín y nada haría suponer que el pequeño Pablo Lescano, metido en su tradicional buzo deportivo, es la voz cumbiera más popular de los barrios bajos bonaerenses. Sin embargo, cuando entra a una pizzería decrépita para encargar un par de grandes de muzzarella, el dueño del local lo saluda con un respeto y un candor efusivos. Pablo agarra una empanada de carne del mostrador e invita a sus acompañantes. “Estas corren por cuenta de la casa”, dice el pizzero. “De cobardes no está hecho el mundo, ¿no?” Fidel Nadal, rastafari devoto, no come carne. Está vestido como un soldado africano, con algunos prendedores del emperador etíope Haile Selassie (Dios Todopoderoso para los rastas) y un turbante verde. Ambos confluyen en esta calle oscura del Conurbano donde se sitúa el estudio de grabación del líder de Damas Gratis, donde se teje parte de la historia de una asociación insospechada.
Hijo de un repartidor de Coca-Cola, Pablo empezó a tocar cumbia a los doce años. Su primer trabajo rentable dentro de la música fue como tecladista de Amar Azul, banda que tuvo su ardiente cuarto de hora en el circuito de bailanta de fines de los 90. Pero Pablo estaba disconforme con la lírica de la cumbia imperante, demasiado liviana y alejada de la problemática de barrios como el suyo (Villa Esperanza). Empezó a componer canciones cargadas de un realismo sin anestesia. Primero inventó Flor de Piedra (en el que se desempeña como autor y productor) y, a los 22 años, mientras convalecía de un accidente de moto, tramó el proyecto Damas Gratis. Su sitio internético lo resume así: “El triunfo fue inmediato, el público lo apoyó y se identificó con sus letras. El fenómeno social comenzó a ser analizado por los seudointelectuales, que en verdad no saben nada de nada. Los medios trataron de encasillarlo y lo denominaron ‘cumbia villera’. La maquinaria se puso en movimiento. Hasta los chetos los imitan usando los pantalones Adidas para salir los sábados a la noche”.
A un costado del cumbiero carismático, Fidel sonríe plácidamente. Fidel lideró Todos Tus Muertos, banda que surgió a fines de los 80 y, en los 90, protagonizó la crecida del rock alternativo. Influidos por Mano Negra, los Muertos mezclaron punk rock, reggae y hip hop en una serie de discos de carácter energético y contestatario. A fines de la década pasada, cuando el cantante abrazó definitivamente la religión, la separación decantó de un modo previsible. Desde entonces, Fidel grabó tres discos como solista. El más reciente, Cabeza Negra, empieza con un tema titulado “Vamos a robar”, grabado en combinación con Lescano. El título, que parece una trampa para personas impresionables, es en verdad metafórico: “Vamos a robar almas y corazones/ Nuestra arma es la inspiración...”, canta Fidel, que esta noche compartirá cartel con Damas Gratis en el rockerísimo antro Cemento. “Cumbia reggae rasta en combinación”, define Lescano, sentado en el piso de su estudio, en cuyo garaje descansa una poderosa 4x4. Y repasa: “Yo ya empecé a reflejar esa combinación en mi compacto anterior, con esa de ‘alza las manos si tú quieres bailar, alza las manos...’ Algunos vieron que eso pegaba y entonces ahora en la tele ya aparece algún careta, uno que no sabe nada del mambo, haciendo lo mismo. A eso no le veo ninguna magia. Pasó lo mismo con Damas Gratis. Salió ‘El dueño del pabellón’ y enseguida salieron otros que son zarpados en delincuentes, son todos chorros, y acá el único chorro que sale es el de la canilla, ¿entendés?”.
En el momento en que empezó a crecer la espuma de la cumbia villera, a Fidel le “sonó bien”. “No había escuchado ni una nota, pero cada vez que preguntaba me decían ‘¡ah, no, esas letras son terribles!’ ¿Qué tan terrible es, a ver? ‘No, no sé’, me decían. Al final me cantaron ‘Se te ve la tanga’ y yo pensé: ‘Man, imaginate qué bueno sería agarrar esto que está re-popular y es bien de abajo, y mezclarlo con todo el mensaje que nosotros queremos traer. Hay que meterse con éstos. Si dicen que éstos sonlos peores, hay que meterse acá’. Yo sé que la gente no me va a escuchar a mí. ¿Quién quiere escuchar sobre Selassie Todopoderoso y sobre la repatriación a Africa? Nadie quiere escuchar eso. La gente quiere escuchar cosas mundanas. Pablo una vez me dijo: ‘Fidel, la gente no quiere religión, la gente quiere divertirse’. Pero mirá lo que arregló El Más Alto. Dijo: ‘Fidel, vos te tenés que juntar con Pablo Lescano. El es el más popular, él es al que toda la gente está escuchando’. Y yo nunca encubrí esa intención.”
Lescano se jacta de saber “dónde está lo comercial”. Y tiene razón. Con apenas 24 años comanda un escuadrón bailantero suburbano que supo disecar los conflictos, los vicios –sexo rápido, drogas, disputas– y las alegrías del lado salvaje de la provincia de Buenos Aires, acusaciones apologéticas al margen. “Yo simplemente quería reflejar lo que se vive en mi barrio. Si hoy la masa son los negros cucaracha que se juntan en un galpón, yo creo que muy fuera de foco no estamos”, dice Pablo, señalado por un sector de la opinión pública y privada como el portavoz de la decadencia cultural argentina. “Lo único que reflejo es lo que está pasando hoy en la sociedad. Porque si chorrea la grasa, como dice la vagancia, chorrea la grasa en toda la Argentina.” Fidel agrega que “los que pelean por tirar abajo la cumbia, los que quieren prohibirla, son los que cometen esos mismos delitos, pero de manera encubierta. Esa es la diferencia. ¿Cómo vas a prohibirla? ¿No hay que prohibir primero a los que prohíben? ¿No son peores esos? ¿No son los responsables de la realidad argentina que estamos viviendo?”
Molesto por la propagación de la etiqueta “cumbia villera” (“cosas que pone gente de marketing de una empresa monopolizadora”), Lescano está por editar el nuevo disco de Damas Gratis, que será menos bardero y más tradicional que el anterior. “Creo que se va a llamar 100 % Cumbiero”, adelanta. “No va a tener tanto ska y esas cosas. Yo toco cumbia, vieja. Y en este compacto lo quiero remarcar bien, para que la gente no se descoque, ¿no? Bajemos a nuestras raíces.” Raíces que, en buena medida, la cumbia y el reggae comparten. “El reggae también sale de las clases más bajas –apunta Fidel–, y quizás por eso nuestro encuentro se dio naturalmente.”
Nadal y Lescano salen a sacarse fotos a una calle oscura, perimetrada por un paredón desconchado. Los músicos se sientan en unos escalones y miran a cámara. Pasa un coche blanco, de brigada bonaerense. Se detiene a algunos metros y da marcha atrás. Enseguida vuelve a arrancar. Probablemente reconocieron a Pablo Lescano. Todo bien, entonces. Después de las fotos, caminando despacio por el barrio, el cantante de Damas Gratis retoma el asunto de la religión. Hace dos años, cuenta, su hermano de 16 años murió de pulmonía. Desde entonces ya no cree en Dios. “No creo en nada. Ahora sólo creo en mí.”

Compartir: 

Twitter

Lescano y Nadal ya grabaron una canción juntos en “Cabeza Negra”, el nuevo disco del ex TTM.
 
ESPECTáCULOS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.