PSICOLOGíA › FAMILIAS DONDE LA PAREJA PARENTAL ES HOMOSEXUAL

“Ya sé que ella es tu novia, mamá”

La problemática de los padres o madres homosexuales, con eje en las cuestiones que plantea la revelación ante los hijos.

Por Silvia Quaglia *

Este trabajo parte del interés de adecuar a nuestro contexto social el modelo que en el Ackerman Institute for the Family de New York implementan para familias donde la pareja parental es homosexual. Esta investigación en nuestro país comenzó en 1993, gracias a la colaboración de la Fundación Aiglé y la Comunidad Homosexual Argentina.
Una nueva configuración ha comenzado a hacerse visible: se trata de la conformada por una pareja homosexual que decidió evitar la opción entre su orientación sexual y la maternidad/paternidad, y que además desea ser honesta y confiable para su progenie.
Es necesario diferenciar la pareja conyugal de la pareja parental, aunque esté compuesta por las mismas personas: la pareja conyugal remite al vínculo de dos personas, sexualidad incluida; la pareja parental se refiere al vínculo que establecen con sus hijos. Por ejemplo, puede suceder que los roles parentales queden a cargo de la madre y la abuela materna, siendo ellas quienes deciden la crianza, sin perjuicio de que el padre viva en la misma casa, pero “él no sabe porque nunca está”.
Distinto era el caso de los padres de Fabián, de 3 años, quienes consultaron juntos luego de una entrevista con la maestra jardinera. Ella los había convocado juntos, aun sabiendo que están divorciados. Ellos le contaron que los dos tenían nuevas parejas, pero no se atrevieron a decirle cuál había sido el motivo de la separación: que Oscar había decidido aceptar su homosexualidad, visibilizarla delante de su ex esposa, quien, por su parte, luego del divorcio había formado una nueva familia y tenía otro hijo. Fabián no estaba informado de quién era exactamente Alejandro –la pareja del padre–, aunque vivían juntos: “El amigo de papá”, así le fue presentado. Oscar temía las preguntas de su hijo, no deseaba mentirle, pero tampoco disimular su amor de pareja.
Haberle mentido a la maestra jardinera afectó a ambos padres, que fueron juntos a la consulta psicológica. Deseaban que el pequeño tuviera el mejor asesoramiento posible cuando deseara saber sobre el vínculo de su papá con Alejandro. Temían que el niño fuera discriminado de conocerse su pertenencia a una familia no convencional.
Según mi experiencia, todos los adultos a cargo de niños, en algún momento de la crianza, se plantean: ¿es necesario decir la verdad?, ¿qué decir?, ¿cómo?, ¿hasta dónde decir?, ¿para qué? Esto sucede en adopciones, divorcios, enfermedades y otros temas de difícil abordaje para los adultos.
Françoise Dolto escribió: “El niño se complace en confundir lo imaginario y lo real, hay que ayudarlo a que haga la crítica de lo posible y de lo imposible cuando la confusión de estos dos campos de representación lo angustia y le arruina la vida” (Tener hijos, cap. 17, “¿Tiene el niño derecho a saberlo todo?”).
Cuando aparece la pregunta, quiere decir que está constituido el espacio para escuchar la respuesta. Que el adulto no pueda, no se atreva o tema enfrentarla es un problema del adulto, no del niño. Y ya sabemos que ayudar a crecer a un niño con la verdad, y en un marco de confianza, genera esperanza y fortaleza psíquica.
El marco social homofóbico provoca un temor adicional; sin embargo, vemos que, afortunadamente, se va incrementando la cantidad de personas que desean ser honestas y sinceras con sus hijos.
Lorena se separó de su marido cuando eligió vivir con la mujer de la que se había enamorado. El ex marido amenazó con contarles a los hijos esta situación y denunciarla para obtener la tenencia –planteo que, según el juzgado interviniente, tendría posibilidades de prosperar–. Es así como ella llega a la consulta de orientación psicológica. En este caso, la estrategia consistió en ayudarla a explicarles a los niños la situación, vinculada con la hostilidad generada en el ex marido por el abandono de un modo contenedor y amoroso. Cuando Lorena habló con sus hijos, le respondieron: “Ah, era eso... ya sabíamos que Alicia era tu novia”. Aceptar la homosexualidad puede generar conflictos intensos en el individuo –homofobia internalizada–. Compartir la visibilidad con los familiares directos y personas significativas deviene de un minucioso trabajo posterior, que en ocasiones requiere asistencia psicológica individual o de diferentes subsistemas. Se ha detectado que la familia, extensa o nuclear, atraviesa por distintas etapas cuando uno de los miembros se hace visible con su homosexualidad, desde la negación y el repudio hasta la aceptación.
Cuando se investiga en las parejas homosexuales las causas de haber ocultado su orientación, las razones más frecuentes giran alrededor de la presión social y los diferentes modos en que el “orden establecido” las presiona. Si bien este argumento podría ser entendido como una racionalización, no siempre lo es, dado que en la Argentina las normas establecidas por el poder político-social son de extrema rigidez y generan en la población homosexual temores no siempre excesivos.
La homosexualidad en la Argentina tiene sus características propias: tómense por ejemplo las dificultades que existen para la tenencia de los hijos en caso de divorcio, para la adopción –cuando el solicitante es “sospechado” de homosexualidad– o para la fertilización asistida. Mantener la homosexualidad en secreto puede servir para sostener artificialmente la autoestima, pero va actuando insidiosamente en la distorsión de la realidad y perturbando la comunicación. Cuando un padre o una madre acepta su homosexualidad y se torna visible ante sus hijos, se fluidiza el diálogo y así ellos pueden crecer en un espacio de coherencia entre lo que pre-sienten y lo que se les dice.
Cuando un padre o una madre decide revelar su homosexualidad a los hijos, en muchos casos esa información se acompaña con otro mensaje, explícito o no: el de mantener la confesión en secreto. Esto puede conllevar un alto costo emocional según la edad del niño. El aislamiento social que deviene de mantener la familia en la oscuridad puede, también según la edad, deteriorar su inserción en la comunidad; los hijos adolescentes suelen mantener el ocultamiento con mayor facilidad.
Sucede que otros padres no ven con buenos ojos que sus hijos vayan a jugar a la casa de un compañerito cuyo papá o mamá vive con una persona de su mismo sexo. Y muchos maestros o maestras adjudican a esta situación cualquier dificultad que presente el alumno, transformándola en un problema. Así ocurría en otras épocas con hijos adoptivos o cuyos padres estaban divorciados.

* Psicóloga. Titular del seminario Familias y Parejas del Siglo XXI, Facultad de Psicología de la UBA.

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