SOCIEDAD › BALEAN A UN HOMBRE EN BURZACO Y NADA CIERRA

Rarezas de un crimen

Lo atacó un supuesto enmascarado. El hombre se tiroteó. Hallaron 17 vainas, pero la esposa, que estaba con él, mencionó un solo disparo. Ocultó el arma del marido, que apareció de casualidad.

Rubén Oscar Addati, el marido de una abogada de Lomas de Zamora, murió baleado en la puerta de su casa de Burzaco, el miércoles por la noche, con su mujer como testigo. Addati recibió un balazo mortal, en la axila, a una distancia de diez centímetros y cuando intentaba entrar el auto en el garaje de su casa, luego de accionar el mecanismo eléctrico para abrir la puerta. Según la versión de la abogada, estando en el auto escuchó que su marido le decía “ahí viene un encapuchado, agachate”. Ninguna de las hipótesis cerraban hasta que la casualidad aportó un dato: la mucama, delante de varios asombrados policías, preguntó “¿dónde está el arma de mi patrón?”. La mujer se vio obligada, entonces, a traer la Bersa 9 milímetros que había usado su marido y que ella, pese al shock traumático del momento, tuvo la suficiente frialdad como para quitarla de la escena. Ahora, todas las hipótesis están en veremos.

La historia, tal como llegó paso a paso a los investigadores dice que el miércoles pasado, poco antes de las nueve y media de la noche, Rubén Oscar Addati, de 59 años, fue baleado por un hombre que luego salió corriendo, mientras intentaba guardar su Volkswagen Passat gris en el garaje de su casa, en la calle Lacámera al 1300, casi Ameghino, en Burzaco. Lo acompañaba, dentro del vehículo, su esposa, una reconocida abogada penalista según fuentes policiales. Según el relato de la mujer, un hombre enmascarado, sin mediar palabras, se acercó al auto y disparó sobre su marido provocándole la muerte. La mujer dijo que escuchó a su marido que le decía “ahí viene un encapuchado, agachate”, con la intención de salvarle la vida. Con ese dato los especialistas suponían que podía tratarse de una venganza relacionada con el trabajo de la mujer como penalista.

Pero a los investigadores la historia no les terminaba de cerrar. “¿Si el objetivo era la mujer, por qué le dispararían a él estando ella presente?”, se preguntaba un investigador. Pero más todavía. Los hombres de la policía científica habían recogido casi 20 vainas de pistolas calibre .40 y 9 milímetros, que daban la apariencia de un intercambio de disparos. ¿Por qué se habría iniciado el tiroteo? ¿Por una discusión callejera? Difícil que hubiera un enmascarado. Un robo no fue, porque después de asesinarlo no robaron nada.

Los datos siguieron incorporando más preguntas y más zonas oscuras. Las casi 20 vainas no habían sido recogidas en una zona delimitada sino que las habían levantado de la calle Ameghino, o sea, no sobre la puerta de la casa sino a la vuelta, y a lo largo de cien metros. Es decir que se habría desarrollado una persecución. Que tampoco habría sido revelada en el relato sino a través de la deducción sobre las pruebas.

Pero si se había producido una persecución con semejante derroche de disparos, ¿por qué el auto de Addati solamente había recibido cuatro, incluyendo el que le provocó la muerte? A los investigadores, todas las pruebas (las vainas, el trayecto, los diferentes calibres) les inclinaba la atención hacia un supuesto tiroteo, pero en el relato de la mujer todo había empezado cuando entraban en la casa.

Las preguntas sin respuesta hacían un caso difícil. En eso estaban cuando el horizonte apareció de pura casualidad. Fue cuando la mucama preguntó a la mujer, frente a los policías: “¿Dónde está el arma de mi patrón?”. A los policías se les cayó la mandíbula del asombro. A la mujer no le quedó otra posibilidad que traer la Bersa 9 milímetros y entregarla. La había tomado del escenario del crimen y la había ocultado. Entonces, Addati estaba armado y se había defendido. ¿Por qué la había ocultado? Por ahora no hay respuesta. Lo cierto es que pese al shock traumático por el que podía estar pasando, en ese momento tuvo la suficiente frialdad como para tomar el arma y ocultarla.

Surgió entonces una reconstrucción más posible de todo lo sucedido: Addati, según confiaron fuentes de la investigación, habría avanzado hacia su casa defendiéndose a tiros de al menos un vehículo blanco desde donde lo atacaban. Giró e intentó entrar el auto al garaje después de accionar el botón de la puerta eléctrica, pero chocó con el pilar de la entrada. Cuando intentaba retroceder para volver a entrar le habría dicho a su mujer, según aseguró ella misma, “cuidado, ahí viene un enmascarado, agachate”, lo que supuestamente le salvó la vida. El disparo entró por la axila y habría sido realizado a diez centímetros, lo que también deja preguntas. La mujer habló de un solo disparo.

Interviene en el caso el fiscal César Lucero, de Lomas de Zamora. Según fuentes policiales, “los dichos de la mujer no son coherentes con lo que ocurrió. Además no quiso colaborar con la investigación ni hablar con el fiscal Lucero, que se acercó al lugar del hecho. Estamos hablando de una circunstancia rarísima, donde no le sustrajeron nada y lo mataron”.

Compartir: 

Twitter

La puerta de rejas de la casa de Lacámera al 1300, que Addati no logró abrir antes de que lo balearan.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
SOCIEDAD
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.