SOCIEDAD › PROTESTA DE ESTUDIANTES Y DOCENTES POR LA PARALIZACIóN DE OBRAS

Pintar, otra forma de reclamo

En el colegio Nicolás Avellaneda, en Palermo, el centro de estudiantes y una docente impulsaron una jornada de protesta: pintaron las aulas y limpiaron los bancos para rechazar la paralización de obras de infraestructura en esa escuela.

Palanganas, escobas, trapos de piso y rejillas para limpiar aulas y pupitres. También, litros de pintura blanca y de colores, lijas, rodillos y pinceles de brocha gorda y de los otros, colmaron ayer los amplios pasillos del colegio Nicolás Avellaneda, en el barrio de Palermo. “Haciendo lo que (Mauricio) Macri no hace” fue la consigna elegida por los más de mil alumnos y casi trescientos docentes de la escuela para realizar una jornada entera de trabajo voluntario intramuros. En el turno mañana y en el de la tarde, el esfuerzo fue doble: “Por un lado, queremos educar a los chicos en el cuidado de lo público e ir así construyendo ciudadanía y, por otro, reclamar por el incumplimiento en los trabajos edilicios en los que incurre el gobierno de la ciudad al paralizar hasta 2011 una obra que dejó inutilizadas cuatro aulas, dos baños y la única salida de emergencia del Avellaneda”. Leticia Guindi, profesora de Educación Cívica, ideó la creativa protesta y encabezó desde temprano la iniciativa enfundada en un improvisado pintorcito celeste.

Amarillo. “Diluimos bien el color para que quede una tonalidad más pálida que el del PRO, para que no nos moleste a la vista”, ironizó Lucía González. La chica es la presidenta del Centro de Estudiantes del Avellaneda y junto con sus compañeros de 5º 2ª comenzaron “a lijar a las 7.30, y como la mayoría nos copamos, en menos de cinco horas pintamos las cuatro paredes”. Los estudiantes del último año, además, barrieron el aula, limpiaron los pupitres con alcohol y algunos de los ventanales. “Somos muy conscientes de que deberíamos estar estudiando –admitió Lucía–. Por eso, nos sentimos estafados cuando Macri nos deja el colegio sin algo tan elemental como una salida de emergencia.”

Blanco y rojo. “Los rodillos con pintura los bajamos todos y los vamos poniendo en aguarrás, para que los chicos de la tarde también puedan arreglar su lugar.” Al estilo de las protestas “a la japonesa” (donde la sobreproducción es la regla), la profesora Guindi, tutores y docentes de cada uno de los cursos “empezamos con la idea de pintar una sola pared por aula para enfocarnos en la idea del cuidado del espacio común. Después, todo se magnificó”. En lo que concierne a la jornada de trabajo voluntario y, a la vez, de protesta, el relato de la docente comienza semanas atrás: “Cuando el rector, Hugo Riveros, nos contó que el Ministerio de Educación de la ciudad suspendió la obra de la calle Humboldt (una de las salidas del edificio de El Salvador 5528), hicimos una asamblea con los alumnos y por voto unánime decidimos politizar la limpieza” y reclamar bajo la consigna “Haciendo lo que Macri no hace”.

Celeste y/o lila. Según Agustina, una alumna de 4º 3ª del turno tarde, su curso no tuvo “mucho margen para la elección de los colores. Entonces, decidimos hacer una combinación loca entre los dos, para no quedar sexistas”. La broma se volvió un poco más seria cuando Agustina habló del presupuesto que tiene el Avellaneda para los arreglos y la limpieza. “De los materiales (un par de litros de pintura y trapos rejilla) solamente una parte fueron comprados con el subsidio del gobierno. La mayoría de las cosas (rodillos, lijas, pinceles, tachos y el resto de la pintura) la trajimos los estudiantes y los profesores”, admitió la alumna, mientras limpiaba frenéticamente varias manchas celestes de su remera blanca.

Amarillo y negro. Durante la jornada, varios carteles críticos a la gestión PRO adornaron la decimonónica fachada de la escuela de Palermo. Cuando llegó al establecimiento, Gustavo Lesbegueris, ex defensor Adjunto de la Ciudad y actual titular del Area de Derecho a la Educación de la Defensoría del Pueblo, la leyenda “Haciendo mierda Buenos Aires” recién había sido incluida en la entrada del Avellaneda. “Como profesor de Educación Cívica, puedo decir que es la mejor clase de instrucción ciudadana que presencié en mi vida –dijo Lesbegueris a Página/12–. Ver tanta cantidad de alumnos haciendo un uso más que cuidadoso del espacio público y reclamando de una forma tan ingeniosa por el incumplimiento del gobierno es una sensación fuerte e inspiradora al mismo tiempo.” En los próximos días, la Defensoría presentará un informe sobre la crítica situación del Avellaneda al ministro de Educación, Mariano Narodowski.

Blanco. El fin de la jornada de protesta y trabajo llegó cerca de las 17. En abril pasado, los alumnos pintaron de blanco una de las paredes del patio “para ver por cuánto tiempo duraba”. Ayer, frente a ese “símbolo del respeto” –la pared seguía blanca–, Guindi pronunció las palabras finales del día de limpieza, reclamo y pintura: “Además de nuestro colegio, hay otras 50 escuelas de la ciudad cuyas obras están paralizadas por un abrupto recorte presupuestario y en 38 colegios más ni siquiera se iniciaron los arreglos edilicios, aunque ya tenían aprobados sus proyectos de refacción”, relató la profesora a los 750 alumnos amuchados.

Por último, la mujer dijo: “La jornada de hoy es histórica, pero tenemos que lograr que el gobierno se haga cargo de lo que le corresponde”. Desde el Ministerio de Educación porteño no respondieron a la consulta de este diario.

Informe: Mariana Seghezzo.

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Los chicos y docentes pusieron la mano de obra y parte de los materiales.
Imagen: Rafael Yohai
 
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