SOCIEDAD › LA INEDITA HISTORIA DE UNO DE LOS CASOS QUE DERIVO EN LA PURGA DEL SERVICIO PENITENCIARIO FEDERAL

Los guardias de la mafia

Antes de ser apuñalado en el penal de Ezeiza, un preso había contado a Página/12 los detalles de otra muerte por la que estaba acusado. Aquí, su relato, parte de la historia negra que descabezó a 69 jefes penitenciarios.

 Por Carlos Rodríguez

“La mafia que estaba en Caseros ahora está acá”. La voz en el teléfono era la del detenido Carlos Angel Sandez Tejada, alias “Chabuca”, asesinado el 10 de julio pasado, de 37 puñaladas, en el Complejo I de Ezeiza. Desde ese lugar, al que él señalaba como “refugio de la mafia del Servicio Penitenciario” Federal (SPF) en una conversación telefónica mantenida hace dos meses con Página/12, Sandez Tejada anticipó que cambiaría su versión sobre el homicidio, en la vieja cárcel de Caseros, del también detenido Maximiliano Noguera Brizuela. “Yo no lo maté a Noguera. Antes declaré que había sido yo para llamar la atención, pero la verdad es que fueron los guardias”, sostuvo el preso, quien dio a entender en la charla que temía que sus días estuvieran contados. En el juicio por el crimen de Noguera, a Sandez Tejada no terminaron de juzgarlo: el veredicto fue de 37 puñaladas. Al otro imputado, José Fabio González Veliz, lo acaban de absolver y es posible que su vida corra peligro en la cárcel. En torno del caso de los presos que salían de la cárcel para robar, que desnudó en el 2000 la corrupción del SPF, son cuatro las muertes acumuladas, incluyendo a Noguera y Sandez Tejada. La historia conduce a zonas oscuras del submundo carcelario, en íntima relación con el reciente pase a retiro obligatorio de 69 jefes de la fuerza, cinco de ellos del Complejo I de Ezeiza.
Mariana es la joven viuda de Noguera y está indignada porque nadie fue condenado por el asesinato de su marido, ocurrido el 4 de enero de 2000 en el piso 17B de la hoy desactivada cárcel de Caseros. “Tengo bronca porque yo estoy segura de que a Maximiliano lo mató ‘Chabuca’ (apodo de Sandez Tejada), con la complicidad del Servicio Penitenciario. En el juicio oral no condenaron a nadie, como siempre ocurre en las causas por la muerte de un preso. A nadie le importa lo que pasa con ellos, los tratan como si fueran basura”, declaró a este diario Mariana, con la noticia fresca de la absolución del “único imputado vivo” rondando en su cabeza.
Más allá de determinar si “Chabuca” fue o no el asesino de Noguera, el caso de los presos que salían de la cárcel para robar, con la complicidad de altos jefes penitenciarios, dejó una estela de acusaciones contra la cúpula del SPF y apenas dos condenas en el juicio por el robo al restaurante Dolli, ocurrido el 18 de julio de 1998, que fue la primera pista firme sobre el tema. Dos de los miembros de la banda eran Noguera y Alejandro Hebert Núñez, uno de los pocos sobrevivientes y testigo de las salidas clandestinas. Por seguridad, hoy está alojado en una dependencia de Gendarmería, en Campo de Mayo. La noche del robo en Dolli, Noguera y Núñez estaban en la calle, cuando debían estar en sus celdas de Caseros.
La viuda de Noguera está convencida de que la muerte de su marido fue planificada paso a paso. “Primero estaban los dos juntos, Núñez y Maximiliano, en el piso 18. Después se lo llevaron a Núñez al piso 17. La noche antes de la muerte lo bajaron a mi marido al piso 17, sabiendo que allí estaba ‘Chabuca’, con quien Maximiliano estaba peleado y los guardias sabían que algo iba a pasar. El día que lo bajaron a mi marido, a Núñez lo llevaron al piso 18, de manera que les quedó el camino libre.” A la viuda de Noguera no le quedan dudas de que Sandez Tejada tenía banca: “Hasta gestionaba las visitas íntimas y cuando íbamos teníamos que firmar en un libro, de manera que estaba en conocimiento de los guardias”.
“Yo eliminé a Noguera porque me lo propusieron personas con mucha autoridad dentro del Servicio Penitenciario. El se había vuelto muy peligroso para los guardias, porque los iba a delatar”, si no lo hubieran asesinado en enero de 2000 en Caseros, antes del juicio por el robo a Dolli. En dos ocasiones, Sandez Tejada se declaró culpable del crimen de Noguera, a quien dijo que lo encontró durmiendo y lo estranguló utilizando un cordón. Después se desdijo en tres ocasiones, una de ellas durante la charla telefónica con Página/12. “Yo fui testigo principal de la muerte de Noguera, a las 8.30 de la mañana del 4 de enero de 2000.” En su diálogo con este diario, “Chabuca” sostuvo que a Noguera “lo bajaron al pabellón 17B y con él venía el ayudante de cuarta Ovejero, el subalcaide Juan Carlos Gómez y también Diego Díaz, que era la mano derecha de Sequeira, el director del penal de Caseros en ese momento”. De acuerdo con el relato de Sandez Tejada, cuando lo bajaban Noguera estaba “como en una crisis, inconsciente”, situación que él atribuyó “al consumo de algún psicofármaco”, aunque bien podría ser el síntoma del estrangulamiento del que había sido víctima. “Chabuca” no hizo acusaciones concretas, sólo mencionó a quienes “estaban cerca” y que “tenían que saber muy bien lo que pasó”.
El detenido recordó que después llegó “el jefe de seguridad interna, Save, y cortaron el tránsito interno de presos”. También recordó que finalmente pusieron el cuerpo dentro de una bolsa de color negro. Según Sandez Tejada, “Noguera todavía estaba vivo, se movía dentro de la bolsa”. Esta versión, sin tanto detalle, fue la que aportó en su declaración indagatoria ante el Tribunal Oral en lo Criminal 8, ante el cual se declaró “inocente”. Otra hipótesis dice que “Chabuca” no terminó de matarlo y que “lo remataron los guardias”.
Gustavo Semorile, abogado de la familia de Noguera, dijo que con la muerte de Sandez Tejada “es imposible avanzar sobre quiénes fueron sus cómplices en el crimen y mucho menos tener pruebas para incriminar a los guardiacárceles que supuestamente lo instigaron para que cometiera el homicidio”. Lo único que quedó claro es que, con “Chabuca” como autor o como testigo, siempre deslizó alguna acusación contra el SPF.
En el caso Dolli, uno de los condenados fue el agente del SPF
Christian Franco, a quien se le imputó el crimen del policía Rubén Juárez. En relación con las salidas para robar fueron acusados 17 guardiacárceles, pero el único imputado y condenado fue Franco. “Que se comunique al director del SPF que está acreditada la salida de internos alojados en dicha institución para delinquir en connivencia con funcionarios de ese servicio”, dijo en su sentencia en el caso Dolli el Tribunal Oral 5, pero eso no hizo que se ampliaran las investigaciones.
Además de Noguera y Sandez Tejada, también fueron asesinados en hechos por demás extraños Miguel Angel Arribas, en un supuesto intento de fuga ocurrido el 20 de abril de 1999, y Lucas Ricardo Carrizo, de 21 años, el caso más reciente, ya que fue hallado muerto el martes pasado, en una celda del Complejo Penitenciario I de Ezeiza. Se duda si fue un suicidio o un crimen. Lo mismo se dijo al principio en el caso Noguera. La extraña muerte de Arribas tendría relación con Dolli, ya que conocía por boca de Noguera toda la historia y podía declarar. En el caso de Carrizo, lo habrían matado porque presenció el asesinato de Sandez Tejada. Es muy sospechosa la muerte de Carrizo.
El joven de 21 años recién había comenzado a cumplir su pena como mayor de edad, estaba a punto de salir en libertad condicional, era un preso no violento y de muy buen comportamiento, y sin embargo, lo habían llevado al Módulo 3, pabellón A, del Complejo I de Ezeiza, donde están los presos más pesados. “Allí están, por ejemplo, algunos de los miembros del grupo conocido como ‘La Chocolatada’, que según las propias autoridades del SPF han impuesto el terror en Ezeiza, en Devoto y en la Unidad 29”, recordó un funcionario que visita en forma permanente el Complejo I. Sandez Tejada era un hombre rudo, pero ¿qué hacía Carrizo en ese lugar?
En Ezeiza se han producido al menos cuatro muertes: Sandez Tejada, Carrizo, René Gonzalo Rojas Paz y Walter Benítez. En tres de los casos se habló de suicidio. Hay versiones sobre otros tres casos nunca confirmados. Otra curiosidad son las fugas. En julio de 2002 se produjo la primera, la “única reconocida oficialmente”. Se fugaron cuatro presos, uno de ellos Reinaldo Darío Maini, también acusado de tener salidas clandestinas para robar, en complicidad con el personal del SPF. Lo recapturaron en julio de este año y dicen que se entregó porque tenía miedo de que lo mataran.
En enero de este año hubo otro intento de fuga siguiendo el mismo camino que el anterior: un conducto que permitiría salir a los techos, deslizarse al piso y luego superar tres altos alambrados de seguridad, equipados con sensores de movimiento. A nivel interno del SPF se dice que en la zona “hay muchas ratas y los guardias andan de noche siguiendo supuestas fugas. Por eso se cansan y a veces no le dan bola al sensor”. Una excusa cuando menos torpe. Lo cierto es que la corrupción generalizada ha motivado el desplazamiento de 69 miembros del SPF, cinco de los cuales cumplían funciones en Ezeiza, incluyendo al director del penal, de apellido De la Rosa. Como alguna vez lo dijo antes Patricia Bullrich, ahora se asegura que se llegará “al fondo del problema”.

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