SOCIEDAD › LAS CELEBRIDADES QUE SURGIERON DE INTERNET Y SON FUROR ENTRE ADOLESCENTES

Idolos 2.0

Filman videos de su vida cotidiana y los suben a YouTube. Son youtubers y millones de adolescentes los siguen. Este fin de semana, una convención en Buenos Aires juntó a los más famosos. Miles de fans se desviven por ellos cual estrellas pop. Tres especialistas explican un fenómeno totalmente desconocido para los adultos.

 Por Sonia Santoro

“Mamá, cuando sea grande quiero ser youtuber”, dice el niño de siete años que pasa sus tardes siguiendo a Willyrex, un joven español que comenta a toda velocidad, mientras dispara un fusil o se mueve en un imaginario mundo hecho de cubos, los nuevos gameplays o juegos de consolas. La madre corre a desasnarse en Wikipedia y se entera de que hay una Youtubepedia, que define:

“Youtubers: Personas que se dedican a subir vídeos como ocio, llegando al caso de monetizarlos y convertirse en partners”.

“Partners: Youtubers los cuales ganan dinero mediante las visitas de sus vídeos.”

¿Pero en qué categoría entraría El Rubius, que fue definido como el youtuber más famoso del mundo? “Youtuber famoso: Para ser un Youtuber famoso debes tener como mínimo entre 50 mil y 100 mil suscriptores y ser partners”.

El Rubius ya supera los 10 millones de seguidores. El, junto a Werevertumorro, Rogelmangel y otros youtubers (ver aparte), está por primera vez en Latinoamérica desde el viernes y hasta hoy en el ClubMediaFest que se desarrolla en La Rural; poniendo el cuerpo y sacando a la luz, frente a padres y madres extrañados, un fenómeno que atraviesa a niños, niñas y adolescentes.

Los youtubers hacen cosas de lo más variadas, desde monólogos cercanos al stand-up, como los de Hola Soy Germán, el youtuber chileno que se hizo popularísimo parándose frente a la cámara con apenas la compañía de un pañuelo –que lo ayuda a interpretar personajes femeninos– hablando de cosas como cuándo es urgente que cambies tu celular o cómo zafar de una prueba. También hay algunas chicas que enseñan a hacer manualidades o interpretan canciones. Están quienes cuentan sus pesares adolescentes, siempre apelando al humor. Pero sobre todo abundan los que se filman jugando videojuegos y comentándolos al mismo tiempo.

Los videos son cortos, nos superan los 10 minutos por lo general, pero se replican viralmente. El más famoso de El Rubius tiene 20 millones de visitas. Ahí parodia la canción de Chayanne Torero mientras cuenta las peripecias de un minero en el juego Minecraft.

¿Es entretenido? Sí. ¿Es lo más maravilloso del mundo? Depende para quien. Para el mundo adulto, la cosa carece de gracia. Es como ver esos videos de gente que se cae, choca, se estampa contra una pared. Generan empatía, morbo. Algunos pueden estar horas mirándolos. Aunque una vez que se levantaron de la pantalla no se acuerden de lo que acaban de ver. Esta parece ser la mirada del mundo adulto, tal vez la crítica, pero para los de menos de veinte las variables a considerar son otras.

“Es importante desplazar la pregunta por la calidad porque estoy casi segura de que la clave no está en la calidad ni en el contenido. Nuevos soportes, nuevos dispositivos, nuevas categorías para analizarlos. Un youtuber está más cerca de una estrella de rock que de un programa televisivo”, dice Carolina Duek, investigadora del Conicet y doctora en Ciencias Sociales.

“Ezeiza, desbordada por la llegada de Rubius.” “¡Locura en Argentina por Rubius!” “Monumental recibimiento al youtuber en Buenos Aires.” Dijeron los medios, mientras las imágenes mostraban la cara distorsionada de El Rubius por la multitud de manos de fans que querían tocarlo. ¿Desde cuándo ser youtuber se convirtió en un deseo para muchos chicos? Algunos medios compararon el fenómeno incluso con la llegada de los Beatles. ¿No será mucho?

¿Como estrellas de rock?

“El status del youtuber es el de los Rolling. ¿Hace cuánto que no escuchamos que hay desmanes en Ezeiza por ‘la llegada de...’. Cuando vino la Selección. Ahora llega un pibe de 24 años y sube a su Twitter una filmación de él pasando con una combi por el Hotel Panamericano donde está alojado, filmando a sus fans diciendo ‘esto es una locura’”, comenta Duek. A ella el fenómeno no la sorprende pero sí le provoca extrañeza el tipo de vínculo que se genera entre los youtubers y quienes los siguen. “Uno de los amigos de un youtuber se murió de cáncer a los veinte años. Y lo que encontré, que es fascinante pero en el límite de lo patológico, es unos 2000 videos de personas que se filmaron en sus casas llorando por la muerte”, relata.

Martín Becerra, doctor en Comunicación y titular de la cátedra Procesamiento de Datos en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, coincide en comparar el fenómeno con el que despiertan otros de gran popularidad. Sin embargo, explica, “la actividad que desarrollan es más hibrida, despiertan adhesión y fanatismos parecidos, pero es un híbrido porque tienen mucho de conductor televisivo. Si tuviéramos que explicárselo a una persona que desconoce, lo más parecido que deberíamos encontrar a lo de medios tradicionales es Tinelli: un conductor con mucho talento, con mucha destreza oral y expositiva, que en muy poco tiempo sabe captar la atención, tiene códigos de humor y cautiva el interés de un público adolescente, incluso niños”.

Con la tele comparte además la práctica de un “consumo que se presume gratuito, porque no se paga para eso, aunque hay una lógica mercantil que la organiza, que es una mezcla entre tráfico y publicidad”, dice Becerra.

Pero algunos de estos jóvenes –la mayoría son hombres, o por lo menos los más populares (ver aparte)– tienen más seguidores que Tinelli y con mucha menos inversión. ¿Cómo se explica?

La vieja TV

Una de las diferencias con la TV es la posibilidad de ver estos contenidos en múltiples dispositivos (computadoras, teléfonos, iPad) y de forma individual, donde el chico “no tiene por qué pagar peajes maternos o paternos. Ese pasaje por la mirada de los padres ya no es necesario”, coinciden los especialistas.

“Mucha gente, muchos padres, se desayunaron de la existencia de este fenómeno ahora porque los pibes le pidieron ir a este festival, y recién ahí los viejos toman conciencia de que hay algo que les interesa a los pibes de lo que ellos no tenían la más remota idea”, dice Becerra.

Para él también explica este fenómeno de la “desprogramación” de los contenidos: “La idea de que el entretenimiento ya no tiene que estar supeditado al horario de programación pautado por una cadena de televisión vale para YouTube y para Netflix. Son contenidos audiovisuales que van creciendo pero no están organizados con una lógica tradicional”. “Es más cómodo mirar cuando uno puede o quiere y no cuando el canal de TV lo programó, pero la literatura que trabaja esto coincide en el hecho de que tiene una implicancia cultural mucho mayor. Porque la desprogramación del uso de contenidos vinculados al entretenimiento implica una mayor capacidad de decisión por parte de los usuarios. Estoy lejos de las posiciones que leen una mayor democratización, pero sí creo que implica un tipo de decisión por parte de los usuarios que rompe el contrato televisivo tradicional”, agrega.

Yo quiero ser youtuber

Así como muchos chicos quisieron ser Maradona o Messi, ahora también quieren ser Germán. Por supuesto, seguramente sea tan difícil convertirse en un crack de fútbol como vivir de crear y subir videos a la red. Pero ronda a este fenómeno la fantasía de lograr la plata fácil haciendo algo divertido.

“Estos pibes que tienen seguidores no es que viven de esto, ¡son millonarios! Hay una retroalimentación que no tiene que ver con la calidad de los videos, sino con el dispositivo, la forma de recepción y la identificación, ya no sólo con el personaje que construyen sino con las posibilidades técnicas. Muchas veces los videos que tienen millones de vistas son rudimentarios para que no parezcan sofisticados, aunque es una puesta”, dice Duek. Y en esa puesta aparece la falsa opción de llevar a pensar “yo también puedo ser El Rubius”.

Para las empresas periodísticas, también la idea de sumarse a un fenómeno tan masivo atrae. Algunas notas subidas a la web generaron gran cantidad de comentarios entre lectores/as que sumaron a que la bola de nieve se hiciera cada vez más grande. Se transcriben ejemplos en estricto sic.

n Comentario 1: “Mas METROVAGOS que vienen del viejo mundo a enseñar la especialidad de no servir para nada! (...)”

n Comentario 2: “Leíste la nota? O te pareció larga y aburrida? El pibe este que decís estudio! Solo que le paguen por su pasatiempo preferido! Algo que vos no vas a lograr en tu vida!!”

n Comentario 3: “Hace dos días que se huele el olor a envidia que emana desde los Medios de Comunicación tradicionales. Saben por qué son criticados los youtubers? Porque cada vez somos más los que abandonamos el formato televisivo lleno de agresión y pobre contenido para buscar productos de calidad, que informen, que sirvan para pensar, divertirnos y debatir. (...)”

Estos comentarios podrían ser fácilmente catalogados por las edades de sus discursos, en todos los casos lejos de quienes se agolparon en el Panamericano o pagaron hasta 1500 pesos la entrada para estar entre sus ídolos digitales en el Club Media Fest.

¿Hay envidia? ¿Sus videos realmente sirven para pensar o están lejos de la agresión? ¿Vienen a revolucionar el mundo de los negocios?

Lejos de las ilusiones que genera en muchos chicos “la guita” que hacen los youtubers, no se trata de un negocio tan ajeno a los fenómenos de popularidad en los medios tradicionales. “¿Cómo se monetiza esto? Es muy interesante y tiene poca presencia en los medios –dice Becerra–. La ecuación es que uno resigna casi todos tus datos personales y que las redes sociales –YouTube lo es– laburan con tus datos personales, de gustos, sociabilidad, tus contactos y de ese modo la publicidad que ponen las redes sociales suele ser mucho más eficaz porque atiende al perfil de usuario que ellos estudian y que es más identificable que el de un medio masivo. El tráfico que generan estos star system es un pago que YouTube les reconoce con el pago por cantidad de visitas. Además ellos pueden, a partir de esa popularidad, generar muchas otras opciones de obtención de beneficios: dar conferencias, hacer libros”.

Lejos de preguntarse por este negocio no tan visible, los niños, niñas, adolescentes sueñan con encontrarse con sus ídolos en vivo y en directo, y contárselo a sus amigos y compañeros del colegio, en el aula, por chat o por la pantalla misma.

Porque como todo ese mundo sabe, y hasta el niño de siete años que quiere ser youtuber está al tanto, “vinieron un montón de youtubers a la Argentina”, y ése es el acontecimiento del momento.

–¿Y vos cómo sabés? –pregunta la mamá.

–Me lo dijo mi youtuber.

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Imagen: Joaquín Salguero
 
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