SOCIEDAD › EL INCREIBLE DRAMA DE LA CAZA DE BRUJAS EN LA INDIA

Donde la Edad Media no terminó

Cuando se les muere un enfermo, los curanderos inventan una bruja para echarle la culpa. La solución popular es martillarle a la acusada un clavo en la cabeza y tirarla al río. Ocurren unos cien casos por año. Crónica de la tragedia de las “hechiceras” del siglo XXI.

Por Justin Huggler *
Desde la plantación de té
Kilkott, Bengala Occidental

Se tomó la decisión en la calurosa noche de la jungla: Bhobesh Pahan y sus dos hijos, Nirmal y Bimal, debían morir. Dos semanas atrás, los pobladores de Poaltore, cerca de la frontera con Bangladesh, habían tenido una reunión para decidir qué hacer con la racha de enfermedades que asolaba al pueblo. Un mes antes, un bebé de dos años, Sumon Pahan, que no era pariente de Bhobesh, había muerto de disentería. Varios pobladores habían sido infectados con una fiebre viral. El curandero del pueblo dijo que la causa era simple. Bhobesh Pahan, de 65 años, y sus dos hijos eran brujos, y habían echado una maldición sobre los pueblerinos enfermos.
Aquí, la jungla nunca queda lejos de los pueblos. Las hojas de bananas y las plantas trepadoras son tan espesas que no se puede ver a través de ellas ni aun a la luz del día. Hay arañas más grandes que la mano de un hombre y algunas de las víboras más venenosas del mundo. De noche, los del pueblo escuchan los sonidos de los leopardos moviéndose. Al parecer, el curandero les dijo a los pobladores que la única forma de liberarse de la maldición que los estaba enfermando era matar a los brujos. Bhobesh Pahan y sus hijos fueron condenados a muerte. Los pobladores decidieron matarlos.
Por un raro golpe de suerte, los Pahans se salvaron. La policía local se enteró de que iban a matar a brujos. Corrió y rescató a los tres hombres. Desde entonces, hubo intensos patrullajes de la policía en el pueblo para evitar cualquier violencia. Este incidente, hace sólo dos semanas atrás, ha provocado una nueva investigación en uno de los lados más oscuros de la India. El país está a la vanguardia de la revolución cibernética, es el hogar de la mayor industria fílmica del mundo y un lugar donde más y más empresas se mudan desde Gran Bretaña. Pero si la India está cambiando rápidamente, las partes más remotas de este país se quedan en el pasado.
La matanza de brujos es todavía parte de la vida diaria. Y no todas las víctimas tienen tanta suerte como los Pahans. Vinieron de Sanseriya Oraow en un húmedo domingo de monzones. Sus vecinos arrastraron a la madre de su casa y martillaron un clavo en su cráneo hasta su cerebro. Luego, mientras estaba todavía viva pero con un dolor insufrible, la cosieron dentro de una bolsa y la tiraron en el cercano río Murti para que muriera. Dos días más tarde, la policía recuperó su cuerpo. Ese día, arrastraron a otras cuatro mujeres de mediana edad de sus hogares. Cada una de ella recibió el mismo tratamiento: les clavaron un clavo en su cabeza, luego, en medio de su confusión y agonía, fueron metidas en bolsas y tiradas al río.
Fue el caso más notorio en los últimos tiempos. El curandero local había proclamado como brujas a las cinco mujeres después de que una serie de enfermedades cayera sobre la gente local. El lugar donde sucedió, el jardín de té de Kilkott, parece un lugar improbable para tales pesadillas. Es una de las plantaciones establecidas por los británicos en los tiempos de la colonia, que se ha hecho famosa en el mundo por la calidad de su té. En las laderas de las montañas cercanas están los famosos jardines de té de Darjeling.
Kilkott es un lugar contrastante con la jungla que la rodea. En el bungalow del jefe de la plantación, los trabajadores se sientan en sillas en la amplia galería blanca, mirando el jardín de césped y los canteros de flores que parecen salidos directamente de Surrey, resguardados por una elaborada pantalla de acero del diluvio del monzón. En una curiosa tradición de la era colonial, los gerentes de los establecimientos de té se visten con los antiguos shorts ingleses que se consideran extraños en la sociedad india y no parecen apropiados para una región llena de mosquitos portadores de malaria.
En otro caso notorio, a través de la frontera en el estado de Bihar en 2000, Manikul Gopai sobrevivió solamente porque su familia luchó a muerte para defenderla después de que fuera declarada bruja por el médico local y diez hombres atacaran su casa. Su marido fue muerto a cuchillazos por los atacantes mientras trataba de defender la puerta de su casa. El brazo de su hijo fue abierto de un cuchillazo y murió desangrado, pero antes logró escapar y llegar a la policía para pedir ayuda. La policía llegó armada hasta los dientes justo a tiempo para rescatar a Gopai. Había sido seriamente herida con un golpe de espada en la frente.
Los activistas creen que puede haber hasta cien casos por año en toda India. En mayo, Dituben Singhod fue muerta con un hacha por dos hombres que la acusaron de ser una bruja y de hechizar a su sobrina, que había muerto enferma. Eso sucedió en Vadodara, a cientos de kilómetros de aquí. Pero es en las plantaciones de té fundadas por los británicos que se encuentran los puntos focales de las actividades antibrujería. Entre 1992 y 1998, los más recientes de los que se tienen cifras, 1403 personas murieron en las plantaciones como supuestas “brujas”. La razón, según Sundeep Makherjee, de la Asociación de Té Indio, también se retrae a los tiempos de la colonia. Cuando los británicos plantaron té en la India por primera vez, encontraron dificultades en conseguir trabajadores preparados para hacer lo que era visto como una tarea servil: recoger a mano las hojas de té de las plantas. Para solucionarlo, importaron trabajadores.
Trajeron a los adivasis, un grupo que aún estaba viviendo en una sociedad tribal en ese momento en las junglas del vecino Bihar, y les ofrecieron una nueva vida. Albergue gratis en los establecimientos y un empleo no sólo de por vida, sino para por lo menos un hijo después de sus muertes. Hasta el día de hoy, la mayoría de los trabajadores en las plantaciones son adivasis y todavía gozan del trato hecho con los británicos. Mukherjee es un oficial retirado del ejército indio, vestido inmaculadamente, con un perfecto inglés y en un punto sugiere un viaje al pueblo vecino donde un elefante suelto está haciendo destrozos, sólo “por la aventura”.
“La caza de brujas sucede por la ignorancia, porque están sumergidos en la superstición”, dijo. “Antes que nada, la mayoría de las tribus son analfabetas. Están tan metidos en su superstición que, aun cuando se les brindan médicos calificados, siguen yendo a los curanderos.” La Asociación de Té de la India ha estado tratando de anular el fenómeno de la caza de brujas, al impulsar la educación en las plantaciones, y con iniciativas como el teatro para alentar a los adultos a que vayan a los médicos reales en lugar de brujos. Aunque algunos de los adivasis todavía practican el animismo, la mayoría se ha convertido al hinduismo o cristianismo. Pero la práctica de la brujería todavía está muy viva.
Hay una gran variedad de víboras venenosas en la jungla, incluyendo la mortal cobra. La mayoría de los adivasis que son mordidos todavía recurren a los curanderos, que se cree que pueden retirar el veneno con una mezcla de hierbas aplicadas sobre la piel. También recurren a los brujos por otras enfermedades. A veces el curandero no puede curar una enfermedad, dice Mukherjee, y enfrentado a la ira de la familia, dice que fue provocada por un brujo y señala a alguno de los trabajadores locales, generalmente una mujer de mediana edad o anciana, a menudo soltera o viuda. La única cura en la que creen es en matar a la bruja.
En un esfuerzo por terminar con la situación, a las plantaciones de té se les exige por ley que brinden cuidado médico gratuito a sus trabajadores, y hay médicos y hospitales disponibles cerca. Pero muchos todavía prefieren a los curanderos. “Por momentos, los curanderos, que son a su vez analfabetos, son peones en manos de los grupos rivales, y son usados para arreglar las cuentas entre ellos”, explica Mukherjee. Hubo casos en que en una disputa por tierra, uno de los sectores en pugna persuadió a los curanderos de que dijeran que su rival es un brujo para sacarlo de la escena. “Señalar a los ‘brujos’ es un crimen de acuerdo con la ley india, pero por la falta de testigos, los curanderos invariablemente quedan libres”, añadió Mukherjee.
El caso Kilkott todavía está bajo investigación, y hay un caso pendiente en el tribunal. Pero muchos de los testigos son acusados de haber cambiado su declaración a la policía. En la plantación misma, nadie va a admitir haber presenciado la matanza. Todos declaran que estaban en otro lado en ese momento.
En las plantaciones de té no es difícil entender por qué los trabajadores todavía creen en brujerías. La noche es negra, no hay luces en kilómetros a la redonda y si uno se encuentra afuera de las plantaciones después de que oscurece, uno está solo en medio de una oscuridad impenetrable y el sonido incesante de la jungla alrededor. Cualquiera puede creer en brujerías en tales condiciones.
Ashok Goaala es un curandero de Gandrapara. Un hombre con ojos profundos, oscuros. Parece más asustado que intimidado y está vestido con ropas occidentales, una camisa y pantalones. “Tengo el poder de Dios –dice–. Puedo curar enfermedades. Para las mordeduras de serpientes, pongo hierbas sobre la mordedura y luego recito un mantra. La gente viene de muy lejos como Assam y Nepal para verme. Mi bisabuelo era curandero.” Cuando se le pregunta si cree en brujos, su respuesta fue inquietante: “Por lo que yo sé, hay brujas aquí”, dice.
Los directivos de las plantaciones a menudo son tan reticentes sobre los incidentes como los trabajadores. En todos los jardines de té se recibe la misma respuesta: sí, sucede, pero no aquí. “Quisiéramos que usted escriba un artículo. Queremos más exposición para la caza de brujas, la queremos detener”, dice el subinspector Nirma Yonzhan, el oficial principal. Pero reproducir sus archivos de matanzas de brujas no era tarea fácil. La comisaría no tiene computadoras, sólo miles de polvorientos documentos que debían ser revisados cuidadosamente. Llevaría días. Hay montones de documentos como ésos sobre la caza de brujas en toda India, pero con tan pocos testigos dispuestos a atestiguar contra los asesinos y las sociedades tradicionales resistiendo los esfuerzos porque desaparezcan los curanderos, se seguirán apilando.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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