SOCIEDAD › SUSANA MARCHAN, LA HERMANA DE LA CHICA DETENIDA

“No podemos salir del asombro”

“Por momentos era callada y por momentos divertida. Pero básicamente era una chica muy familiera, muy dada a los suyos.” Las palabras pertenecen a una de las hermanas de María Rosa Marchán, Susana, quien con un dejo de nostalgia pareciera dar por perdidos aquellos buenos tiempos en que su familia se reunía a celebrar los cumpleaños. “No podemos salir del asombro y para colmo la distancia nos hace sentir impotentes”, dice Susana a Página/12. Los mismos sentimientos inundan el ánimo del resto de los familiares y amigos de María Rosa: “Pasan por casa todos los días a consolarnos y a decirnos que están tan seguros como nosotros de la inocencia de mi hermana”.
María Rosa nació hace 23 años en un barrio humilde de General Pico, un año antes de que su padre, Felipe Marchán, falleciera en un accidente de tránsito. Hizo la escuela primaria sin mayores problemas e ingresó a un bachillerato cercano al hogar materno, ubicado en el humilde barrio Fonavi Roca, donde las casas prefabricadas unidas por la misma pared son una constante. En ese lapso, su madre, Martina Giménez, volvió a casarse y la familia quedó nuevamente compuesta por siete miembros: María Rosa, sus tres hermanas mayores, su hermano también mayor, su madre y la pareja. “Era un típico hogar de trabajadores”, comenta Alberto Callaqueo, periodista del diario pampeano La Arena, quien agrega que los Marchán “son una de las tantas familias obreras de General Pico que en los últimos años perdieron sus fuentes de ingreso tradicionales debido al cierre generalizado de las industrias locales”.
Así de difícil fue la vida para María Rosa, quien con menos de 18 años tuvo que hacer a un lado sus estudios y empezar a trabajar como auxiliar de enfermería en el Instituto Cardiovascular de General Pico, el mismo centro de atención donde años más tarde conocería a Esteban Calafell. “Desde un principio se la notó muy enamorada de él y siempre demostró estarlo”, cuenta Susana, quien sostiene como prueba el hecho de que su hermana menor haya aceptado sin dudar ir a vivir con su novio a Córdoba, de donde Calafell era oriundo. “No sabemos muy bien a qué se dedicó allá ni cómo vivieron, pero por lo que nos contaba cuando venía, retomó quinto año del secundario para tener un título con el que conseguir trabajo”, dice la hermana mayor de la joven detenida.
Instalada en Córdoba, María Rosa viajaba una vez por mes a su ciudad natal a visitar a sus amigos y familiares. “Lo que nos sorprendía era que él (Esteban Calafell) nunca venía. De hecho yo no lo conocí y mi mamá solamente lo vio cuando se pusieron de novios”, comenta incrédula Susana, aunque evade la conversación apenas se la consulta por la actitud de Calafell en los últimas semanas. “Es que el abogado nos dijo que no habláramos de eso con los medios”, confiesa. “Lo único que podemos decir es que estamos seguros de la inocencia de mi hermana, que nunca fue capaz de hacerle daño a alguien ni de tomar por propio lo ajeno. Por eso esperamos que esta pesadilla se termine y que María Rosa pueda volver a casa”.

Producción: Darío Nudler.

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