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Domingo, 20 de mayo de 2007

NOTA DE TAPA

Vuelve a importar

 Por Roberto Navarro

Los importados están teniendo una presencia cada vez mayor en las góndolas de los supermercados. Sin llegar a la exageración vivida en los noventa resulta sorprendente recorrer las góndolas y encontrar que cada tres metros se encuentra un producto importado por el supermercado o envasado por el fabricante local, pero con la aclaración made in Brasil, China u otro país. En la mayoría de los casos la importación tiene un origen distinto a la de la década anterior, cuando lo que se traía de afuera era por su menor precio. Ahora es porque el proveedor local no produce lo suficiente para abastecer la cadena. Esto sucede porque la demanda doméstica crece cada vez con mayor velocidad, además de los pedidos desde el exterior, y los fabricantes, que ya colmaron su capacidad de producción, no invierten para aumentarla. El relevamiento brindó resultados increíbles: en las góndolas se encuentran en venta focos de Hungría a 2 pesos cada uno junto a uno argentino a 1,95; un microondas coreano a 1400 pesos al lado de uno local a 729 y pasta dental brasileña a 3,89 pegada a la argentina a 2,14 pesos.

No todas las importaciones se deben a la falta de entrega de las empresas; también comienzan a aparecer casos en que los importados son más baratos que los locales, porque estos últimos ya superaron el valor dólar que tenían en 2001, como muchos textiles y alimentos. Ese veloz proceso está reflejado en las cifras totales de importaciones de bienes de consumo, que pasaron de 3162 millones de dólares en 2005 a 4800 millones que se estiman para 2007. Ese monto ya supera los 3900 millones de 2001, cuando el tipo de cambio favorecía la importación. La cuestión es que el fenómeno se está acelerando al ritmo en que la utilización de la capacidad instalada de las empresas está alcanzando su máximo. En el primer trimestre de 2007 la importación de dentífricos creció 65 por ciento con respecto al mismo período de 2006, lo mismo que el rubro repasadores y toallas, por citar dos ejemplos. Aunque sea por motivos diferentes esta corriente importadora, especialistas en temas industriales destacan que el impacto económico de importar no es el mismo que el de producir localmente. Fabricar en el país da empleo; importar no. Además, ahora, que se compra más caro en el exterior, se importa inflación.

Esta nueva etapa de la importación, que para algunos se trata de un incipiente boom, tiene su origen en el intenso crecimiento de la economía desde 2003. La fuerte caída de la desocupación y la pobreza derivó en que cada vez más consumidores elijan realizar sus compras en las grandes cadenas. Centros comerciales de los que se habían alejado en los peores momentos de la crisis, cuando sus compras –por cantidad y precios– no ameritaban la visita a un supermercado. Por otra parte, los controles del Gobierno se focalizaron especialmente en esos comercios. Por ese motivo suelen vender más barato los productos de mayor rotación. Así, mientras el consumo viene creciendo a un promedio del 10 por ciento con respecto a 2006, en el primer trimestre del 2007 las cadenas incrementaron sus ventas en un 25 por ciento.

Este contexto de crecimiento benefició, principalmente, a los productos líderes del mercado. El mayor poder adquisitivo trasladó el consumo hacia las primeras marcas. Por otra parte, ante el control de precios, las empresas que entregan mercadería a los supermercados con las marcas de la propia cadena subieron el precio para recuperar lo que dicen perder con los controles. Así, estos dos precios –el de las primeras marcas y el de las marcas de los supermercados– se acercaron. Otra razón más que presiona sobre el consumo de las primeras marcas. Estas razones generaron un fuerte aumento de demanda sobre los productos líderes que no encontró respuesta de parte de los fabricantes.

“Cuando un industrial argentino se encuentra con que ya no tiene más capacidad de producción tiene varias opciones: subir el precio, si se lo permiten; seguir entregando lo de siempre; importar él mismo o invertir”, explica a Cash José Ignacio de Mendiguren, vicepresidente de la Unión Industrial Argentina. “Lamentablemente –agrega– algunos piensan que la peor opción es invertir para aumentar la producción” (ver aparte). Los motivos que esgrimen quienes prefieren hoy no invertir son diversos: unos esperan un proyecto de ley que duerme en el Congreso desde hace dos años, que proponía poder descargar del impuesto a las Ganancias las compras de bienes de capital para las pymes; otros piensan que el control de precios podría endurecerse aún más en un futuro y unos pocos creen que el plan económico no es consistente.

Dentro de la UIA las disidencias sobre el tema son fuertes. Algunos sectores siguen invirtiendo, como el automotor. El resto, en cambio, liderado por varias multinacionales anunció en ese ámbito –hace pocas semanas– que suspendían todas sus inversiones hasta que el Gobierno cambiara su política de precios. “Nosotros no podemos explicarles a nuestras casas matrices por qué no trasladamos a precios los aumentos de costos si no hay ninguna ley ni decreto que lo impida; la explicación de que hay un funcionario que nos presiona no alcanza”, expresaron en ese encuentro reservado. Entre ellas se encuentran grupos de relevancia como Unilever, Nestlé, Kraft, Refinerías de Maíz, Danone y Quilmes. Sin explicitarlo, y salvo algunos sectores muy beneficiados por el modelo, la mayoría de las grandes empresas locales fueron tomando la misma conducta en los últimos meses.

Frente a esta situación, la reacción de los supermercados no se hizo esperar. Para las cadenas importar no es tarea difícil: tienen los contactos abiertos de los ’90, poseen un enorme poder de compra, pueden aprovechar una carta de crédito que les permite pagar a 180 días y ante semejante demanda, saben que, aunque paguen un poco más caro –por el tipo de cambio– venden igual. Así logran vender, por ejemplo, un gel para cabello brasileño a 7,50 pesos al lado de uno argentino a 4,89.

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Claves

Los importados están teniendo una presencia cada vez mayor en los supermercados.

Sin llegar a la exageración de los noventa, resulta sorprendente recorrer las góndolas y encontrar que cada tres metros se encuentra un producto importado.

La importación de la década pasada fue por su menor precio. Ahora es porque el proveedor local no produce lo suficiente para abastecer a la cadena.

La demanda doméstica crece cada vez con mayor velocidad, además de los pedidos desde el exterior, y los fabricantes, que ya colmaron su capacidad de producción, no invierten para aumentarla.

No todas las importaciones se deben a la falta de entrega de las empresas. También comienzan a aparecer casos en que los importados son más baratos que los locales, porque estos últimos ya superaron el valor dólar que tenían en 2001, como muchos textiles y alimentos.

Varias multinacionales anunciaron en el ámbito de la UIA que suspendían todas sus inversiones hasta que el Gobierno cambiara su política de precios.

 
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