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Lunes, 26 de enero de 2009

TEATRO › LUCILA TESTE PRESENTA HIJA DE LA DICTADURA MILITAR

Un monólogo del dolor

 Por Carolina Prieto

Tenía apenas ocho meses cuando, en 1976, secuestraron a sus padres. Casi treinta años después, cada vez que sube a escena con el unipersonal Hija de la dictadura militar, Lucila Teste vuelve, de algún modo, a reencontrarse con ellos. De vacaciones en Australia y a días de viajar para Buenos Aires, donde el próximo viernes actuará en el Centro Cultural de la Cooperación, la actriz argentina radicada en España ansia retornar a su país. El año pasado hizo dos únicas pero aclamadas funciones en el Teatro Cervantes, en el marco del encuentro internacional del Ciclo Teatro por la Identidad. “La experiencia superó mis expectativas. Si bien sabía lo que el espectáculo generaba porque ya lo había presentado en Madrid y en Barcelona, la catarsis vivida en Buenos Aires fue tal que aún hoy me resulta difícil poner en palabras. Creo que la obra siempre ha sido recibida con mucho cariño y siento que, en cada función, mis padres estuvieron presentes”, cuenta la protagonista de la pieza.

Formada en danza clásica y contemporánea, Lucila se enamoró del teatro en un curso en el Centro Cultural Ricardo Rojas a cargo de Andrea Garrote, la actriz-fetiche de Rafael Spregelburd. En el 2000 se instaló en Barcelona y allí germinó esta pieza. “Hija... surge como parte de mi exilio. La lejanía como punto de partida, y un hábeas corpus que encontré un día, de visita en la casa de mi abuela, en el que se narraban los hechos que sucedieron la noche de la desaparición de mis padres. Ese documento me sirvió como disparador para comenzar a construir la historia desde la objetividad de un documento legal”, asegura la intérprete.

–¿Cómo es la estructura de la obra? ¿Cómo es el espacio escénico?

–Se inicia con mi viaje a Barcelona. A partir de ahí, comienzo a hablar de los tópicos que me acompañaron en mi niñez. Luego me meto con la historia argentina hasta llegar a la dictadura, y explicar mi historia personal. Todo ello, acompañado de una maleta de la que voy sacando elementos que voy colgando del techo. El espectáculo está pensado desde la idea de ritual, y apoyado en los estados emocionales por los que he pasado a lo largo de mi vida, de mi historia como hija de desaparecidos. Es un viaje personal.

–¿Qué aspectos de una experiencia tan dura como la que vivieron sus padres y que atraviesa a toda su familia le interesó exponer?

–Con el director Arià Clotet quisimos narrar una historia, como una forma de volver a los orígenes del teatro: un ser humano contando una historia a otro. En este caso, contar mi historia desde mi punto de vista, tal como la viví. Y como dije anteriormente, pasando por los estados que una experiencia de este tipo supone. La idea es que el espectador me acompañe en este viaje. Por eso hablo no sólo de catarsis personal, sino también de la catarsis que se produce en el espectador.

–¿De qué manera se puede tocar un tema tan doloroso y producir un hecho artístico? ¿Cómo fue el proceso de elaboración de la obra?

–Creo que la clave fue justamente no tomar distancia, sino todo lo contrario, meterme a investigar sobre mi dolor, y lo que supuso para mi vida que me robaran a mis padres, ambos abogados, cuando tenía ocho meses. El proceso fue duro por momentos, pero necesario para continuar adelante y contarle al mundo mi historia. El teatro es mi medio artístico, el terreno en el que mejor sé expresarme. Toda mi formación me influye a la hora de crear un espectáculo. En Barcelona aprendí a trabajar sobre la disciplina del movimiento escénico, y cada movimiento de la obra tiene una razón de ser, no hay nada librado al azar. La danza ayuda en ello, y también el clown, a la hora de crear la escena del militar, por ejemplo. Cuando escuché por primera vez la canción de Gotan Project que utilizo en el espectáculo, con el poema “Confianzas”, de Juan Gelman en la voz de Cecilia Roth, pensé que era perfecto. De hecho me acompañan en mi viaje y en el pequeño homenaje que hago nombrando a los abogados desaparecidos.

Teste se conectó con el ciclo Teatro por la Identidad a través de la organización Plataforma Argentina Contra la Impunidad, en Barcelona. “Ellos vieron mi espectáculo y me invitaron a participar. Desde entonces estuve en los tres ciclos que se hicieron en Barcelona. Y el año pasado seleccionaron Hija... para participar del encuentro en el Cervantes”, explica. Además de la propuesta que la trae nuevamente a Buenos Aires, la argentina pergeñó Re-presión, una performance visual de teatro-movimiento que creó junto a su compañía Entropía Zero, basada en testimonios de los detenidos en centros clandestinos. Por ahora, este trabajo roza los veinte minutos; Lucila quiere profundizar hasta convertirlo en un espectáculo de una hora.

Su interés por el escenario se remonta a la niñez, cuando su abuela la llevaba casi todos los fines de semana al San Martín a ver teatro para chicos. Luego se volcó a la danza y al teatro, dos disciplinas que integra en cada trabajo al punto de concebir su estilo como un “teatro de movimiento, con una fuerte impronta visual y alternativa”. En España, egresó del reconocido Col.legi de Teatre de Barcelona y se perfeccionó en danza contemporánea con maestros como Gema Díaz, Carles Salas y Claudia Moreso. Con su compañía estrenó Pimera part: Adiccions, Expresamientos o el més calent és a l’aigüera, e Insert Coin; y desde 2006 es miembro de la organización del Ciclo Teatro x la Identidad Catalunya. La oportunidad para descubrir a esta artista se dará en la sala Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación (Av.Corrientes 1543), en cinco únicas funciones que se de-sarrollarán los días viernes 30 de enero y 6, 13, 20 y 27 de febrero a las 21.

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La obra se estrena el viernes en el C.C.C.
 
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