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Martes, 10 de enero de 2012

TEATRO › TEATRO TOUCHE, LA NUEVA OBRA DE SUSANA TORRES MOLINA

“Nadie está exento de entrar en el caos”

La dramaturga propone esta vez una comedia que indaga en la salud y la enfermedad, la normalidad y el equilibrio, desde una mirada que busca alejarse de los estereotipos. “Tenía necesidad de divertirme escribiendo”, señala Torres Molina.

 Por Carolina Prieto

Sus últimas obras abordaron temáticas ásperas. Esa extraña forma de pasión entrecruzaba tres historias enmarcadas en el horror de los años ’70 y en su vigencia actual; Estática reflejaba cuestiones como la decrepitud del cuerpo, el aislamiento o la imposibilidad de establecer vínculos. Susana Torres Molina necesitó tomar un poco de aire de la densidad que plasmó en sus recientes creaciones y el año pasado escribió Touché. Se trata de una comedia sobre conceptos nada sencillos como la salud y la enfermedad, la normalidad y el equilibrio, desde una mirada que busca alejarse de los estereotipos y, sobre todo, empaparse de humor. El espectáculo se estrena el 28 de enero en El Camarín de las Musas con dirección de Elvira Onetto y las actuaciones de las talentosas Mirta Bogdasarian y Laura López Moyano como madre e hija respectivamente, y el actor uruguayo Ricardo Saieh como el psiquiatra de la joven.

“Tenía necesidad de divertirme escribiendo, de volver a ese humor mordaz de obras como Ella o Extraño juguete y también Y a otra cosa mariposa, mis primeros trabajos. El proceso resultó fluido y rápido y ya estoy trabajando en otra comedia que posiblemente también se verá este año”, cuenta la autora en diálogo con Página/12. La mujer que descubrió el teatro en forma casual –asistió a una función en el Di Tella en los años ’60 y desde entonces no se alejó de la actividad– suele dirigir sus piezas, sobre todo aquellas que le demandaron un proceso de investigación previo. “Las últimas obras las dirigí yo, sentía que tenía que hacerlo porque había estado inmersa, trabajando y buscando durante mucho tiempo y era una forma de concluir el proceso. Pero hay otras, cómo ésta, que es distinto. Puedo desligarme de la puesta”, compara. Elvira Onetto es una suerte de partenaire artística: actuó en varias de sus obras y también dirigió algunas. Y en un encuentro le comentó a la escritora que andaba buscando un material que tuviera humor. Así fue como se enteró de Touché y decidió llevarla a escena.

–¿Cómo son los personajes?

–Todos son inteligentes. Madre e hija son muy unidas y muy lectoras. Los tres tienen aspectos lúcidos y también algunos caóticos. De algún modo reflejan los bordes difusos entre la locura y la cordura. Las fronteras se diluyen: no está de un lado el profesional que tiene el saber absoluto sobre la vida psíquica y que es el ejemplo de normalidad y del otro lado los pacientes con todos los problemas. Por el contrario, creo que una persona especial y excéntrica como la hija puede tener zonas de gran lucidez y que un profesional de la salud también puede tener algo de caos en su vida. En todos nosotros conviven los dos aspectos, en mayor o menor medida. Hay una frase de una canción de Caetano Veloso que me gusta mucho, que dice: “De cerca nadie es normal”.

–Los tríos suelen ser desparejos: alguien resulta desplazado. ¿Cómo se dan aquí los vínculos?

–Madre e hija son personajes muy queribles. Son incondicionales, se arman alianzas permanentes, complicidades y logran desestabilizar bastante al psiquiatra, que en un principio mantiene un encuadre, un actitud propia de un profesional. El va a la casa de la hija para atenderla y la madre anda siempre rondando, tiene mucha necesidad de hablar de lo que le pasa. Por eso, finalmente resulta una especie de terapia casi familiar y alocada porque no hay un equilibrio en el que los personajes se instalan y permanecen. Nadie está exento de entrar en una zona caótica, desbordada.

En cuanto a la estructura de la pieza, no hay discursos fragmentados ni historias entrecruzadas, como en sus creaciones anteriores, sino un desarrollo más tradicional que sigue una progresión temporal. “Es una obra muy dialogada. Estuve presente en los primeros ensayos, hablamos bastante de cómo se van armando los personajes. Es una ventaja que el autor esté disponible para el encuentro con el equipo de trabajo. Y la intención de Elvira es que ese devenir en el tiempo sea lo más fluido posible, sin muchos cortes”, anticipa la autora.

La escritura siempre fue su medio natural de expresión. El teatro irrumpió en su vida en forma abrupta y contundente. Corría la década del ’60 y Susana asistió con una amiga a una función de Libertad y otras intoxicaciones, en el Di Tella, con dirección de Mario Trejo. Una propuesta sin personajes, con actores que hacían de sí mismos: un francés, un inglés, un obrero metalúrgico y algunos pintores. Tras la función, todos se encontraron en una fiesta. Ella, que por entonces ya escribía, se enteró de que el director necesitaba un intérprete más. Y fue elegida. Así empezó a trabajar en el Di Tella y a participar de la explosión, el riesgo y la experimentación de entonces. Integró el elenco de Señor Frankenstein, formado por psicoanalistas, obreros, poetas y actores: una performance que incluía extracciones de sangre en escena. Recién con el cierre del Di Tella ordenado por Onganía comenzó a estudiar teatro junto a Beatriz Matar. Allí conoció a Elvira Onetto, a Lía Jelín; y su inclinación por la palabra escrita la convirtió en la autora de las escenas teatrales que trabajan en las clases. En ese marco surgió Extraño juguete, su primera obra estrenada en 1977 con dirección de Lito Cruz y Tato Pavlovsky (entonces su pareja) en el rol protagónico. Así nacía como dramaturga e iniciaba una producción que la fue señalando como una de las creadoras más prolíficas y destacadas del país.

Comenzó a dirigir también en forma no premeditada. Al volver del exilio en Madrid, quería estrenar Y a otra cosa mariposa, una crítica al machismo que desde su visión exigía una mirada femenina para su puesta. Y como no halló quien se hiciera cargo, ella tomó las riendas, convirtiéndose en una teatrista capaz de escribir y dirigir sus propios textos, una figura hoy extendida pero que entonces era una rareza. Sean comedias o dramas, historias fragmentadas o lineales, en casi todas sus creaciones late la intención de evitar facilismos y categorías absolutas, y de sumergirse en zonas ambiguas que incomodan pero iluminan la complejidad humana.

* Touché se podrá ver, desde el 28 de enero, los sábados y domingos a las 21 en El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960).

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Torres Molina descubrió el teatro en el Di Tella en los ’60 y desde entonces no se alejó de la actividad.
Imagen: Bernardino Avila
 
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