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Viernes, 22 de agosto de 2014

TEATRO › AUGUSTO FERNANDES HABLA DE SU PUESTA DE OJO POR OJO, SOBRE AUGUST STRINDBERG

“Todos vivimos un momento de cambios”

Inspirado en una pieza del gran dramaturgo sueco, el espectáculo propone una nueva danza macabra, esta vez alrededor de temas como el prestigio y el manejo de la opinión pública. Federico Luppi, Erica Rivas y Darío Dukah protagonizan la obra.

 Por Hilda Cabrera

Las relaciones hostiles en un clima de mutua dependencia pueden resumirse en diálogos peligrosamente sencillos, como los que se suceden en el nuevo estreno del director y actor, régisseur y docente Augusto Fernandes, quien regresa al teatro con Ojo por ojo, título que anticipa una venganza o un castigo idéntico al mal que otro ha infligido. Se trata de una versión libre de Acreedores (1888), del dramaturgo y novelista sueco August Strindberg (1849-1912), el mismo de El padre, La señorita Julia, Danza macabra y Sonata de espectros. Dedicado con parejo entusiasmo a otras artes, como el cine y la pintura, además de impartir clases y seminarios a directores y actores, Fernandes sigue pendiente del destino que tendrá una filmación suya iniciada años atrás, donde “el guión es creado sobre la marcha” y con improvisaciones que alguna vez podrá mostrar. Un proyecto en el que participa un importante grupo de actores que trabaja en cooperativa y cuya salida se demora por cuestiones ajenas a su director. “Espero poder hablar con las nuevas autoridades del Incaa. Este es un trabajo atípico, al estilo de algunas películas de John Cassavetes, Milos Forman y Mike Leigh, el director de Secretos y mentiras”, apunta Fernandes, quien vivió cerca de dos décadas en Alemania, realizando periódicos viajes a la Argentina, España y otros países europeos. Partió a Alemania convocado para realizar puestas en Frankfurt y Bochum mientras era rector del Conservatorio Nacional de Arte Dramático, quedando provisoriamente en su lugar el director Agustín Alezzo, entonces vicerrector, quien, al tiempo, le escribió que demorara la vuelta porque estaba en una lista negra.

Su trayectoria es intensa y abarcadora. Ha estrenado, entre otras obras, Reflejos de una leyenda, sobre el Fausto, de Goethe; Madera de reyes, del noruego Henrik Ibsen; El relámpago (Travesía), sobre Camino a Damasco, de Strindberg, y La gaviota, de Anton Chejov. Se considera “básicamente actor”. A los cinco años integró La Pandilla Marilyn (programa de radio) y a los seis asistía al Instituto Infantil de Teatro Labardén. Participó en películas de Luis César Amadori y Carlos Borcosque y, ya adolescente, integró distintos grupos de teatro hasta crear el Teatro Experimental de Buenos Aires, donde estrenó La leyenda de Pedro, sobre Peer Gynt, de Ibsen. “Mis padres, inmigrantes portugueses, me trajeron siendo muy niño. Eran campesinos con ambiciones. Mi madre quería ser actriz y mi padre enseñaba bailes portugueses. Cuando fui al pueblo en que nací, me contaron que en Semana Santa, cuando se recordaba La Pasión, mi viejo hacía de Diablo. Fue mi madre la que me hizo ingresar al teatro infantil, así como a mi hermana a la escuela del Teatro Colón. Mi hermana dejó, pero yo seguí, aun cuando mostraba claramente que me gustaba pintar. Pero mi madre no quiso que tomara clases porque –decía– iba a ver desnudos muy pronto.”

–¿Ojo por ojo fue una propuesta suya?

–Venía buscando qué hacer en teatro, porque al perder la escuela para actores y directores por intimación del dueño que quiso vender la casa y razones económicas, debía recuperarme: entraron ladrones a mi casa y me sacaron todo. Ese asalto coincidió con que estaba escribiendo una obra de teatro, porque quería que mi hija Romina Fernandes, que trabaja en el off, hiciera un papel donde pudiera demostrar lo que sabe. Lo hablé con el actor Fernán Mirás, pero no pudo ser. Paso un tiempo, tomé contacto con la actriz Erica Rivas y pensamos en Acreedores.

–¿Qué lo atrae de las obras de Strindberg? En 1996, estrenó El relámpago, su versión sobre la tercera parte de la trilogía Camino a Damasco.

–Y en Alemania estrené El sueño, en 1991. Acreedores me dice mucho. Comencé traduciéndola y al final pasé a otra cosa, a temas como el prestigio y el manejo de la opinión pública. El ex marido que regresa (Federico Luppi) y besa a la mujer (Erica Rivas), que ha escrito un libro exitoso, busca que fotógrafos y periodistas, e incluso el marido (Darío Dukah) presencien esa escena, mostrando así su dominio público y psicológico sobre la pareja. Me pasa algo muy fuerte con Strindberg y también con Chejov. Ellos fueron personalidades emergentes en períodos de cambio, tan difíciles de asimilar, como en otras épocas el Renacimiento y la Revolución Industrial. También nosotros estamos en un momento de cambio, de caída de una cultura y comienzo de otra, y todavía no sabemos cómo vivir. No estoy diciendo que vamos pendiente abajo, pero sí que nos encontramos en un ciclo de decadencia de la cultura que hasta ahora acompañamos. El Renacimiento fue la primera gran crisis de la Iglesia. Recordemos, en Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, la famosa escena del cardenal inquisidor con el papa Urbano VIII.

–Donde, por conveniencia, aceptan difundir los planos de navegación.

–Necesarios también para la Iglesia, que supo apoyarse en las obras de los grandes pintores y escultores renacentistas, en esas imágenes y figuras que los luteranos condenaban como una forma de idolatría. Así pudimos conocer esas magníficas obras. ¡No hay mal que por bien no venga!

–¿Sigue interesado en la astrología?

–La astrología me permitió descubrir a Shakespeare, un poeta atraído por la astrología y la Cábala. Parte de esto se cuenta en el libro La filosofía oculta en la época isabelina. No sólo Shakespeare tuvo interés en tomar contacto con el judaísmo debido a la Cábala, también otros poetas, a pesar de la persecución a los judíos. Cuando Christopher Marlowe escribió El judío de Malta no quedaba un judío en la calle. La gente salía a matar judíos. Shakespeare escribe El mercader de Venecia cuando se estaba difundiendo la Cábala cristiana en Venecia. El monje Giovanni Pico della Mirándola basó la Cábala en la misericordia. El discurso del personaje de Porcia sobre el valor de la misericordia (en El mercader...) está extraído de la Cábala cristiana. Me metí en esto a fondo, y sigo metido. Por eso me interesa también el período en el que los judíos fueron expulsados de España (la diáspora sefardí). Muchos partieron hacia los Países Bajos e Italia, donde los monjes benedictinos y franciscanos quisieron hacer alianza con los rabí (o rabinos), por el tema de la Cábala.

–En cuanto a Strindberg, ¿qué opina de las alusiones a su misoginia?

–El tema esencial de Strindberg no es la misoginia, sino Dios, como lo expone en su trilogía Camino a Damasco (la travesía del desencanto existencial de un personaje). Para este personaje, la cárcel de castigo es la Tierra y el redentor es el ángel caído. El hombre y la mujer son como el agua y el fuego, los dos crean vapor, pero también el agua apaga el fuego y el fuego seca el agua. Strindberg era orientalista y de esto se sabe cuando fue ayudante de bibliotecario en la Biblioteca Nacional de Estocolmo. Claro que un poquito misógino debía ser. Pero lo veo y lo pienso desde otro aspecto. Era un enloquecido en relación con la mujer y tenía una mentalidad casi femenina. El personaje de Gustavo –el ex marido de Acreedores– es Strindberg; como lo son Tekla, la mujer, y Adolfo, el marido. Ellos son reflejo de una pasión distinta a la de esta época pero con algunos puntos en común. Hoy vemos que se va de un extremo a otro, o falta intensidad o se tiene de sobra y se mata o muere por celos. La emancipación femenina cambió el modelo anterior y no se encontró otro. Es complejo adaptarse a nuevos códigos. Está sucediendo también en nuestra sociedad. Por eso digo que una de las funciones del teatro es encontrar aquello que permita al público pensar o reflexionar sobre lo que tiene necesidad.

* Ojo por ojo, versión libre de Augusto Fernandes sobre Acreedores, de August Strindberg. Actúan Federico Luppi, Erica Rivas y Darío Dukah. Dirección, puesta en escena y luces: Augusto Fernandes. Diseño escenográfico: Marta Albertinazzi y Augusto Fernandes. Vestuario: Marta Albertinazzi. Asistencia de dirección: Milagros Plaza Díaz. Producción general: Fernando Blanco y Paola Lusardi. Teatro Margarita Xirgu, Chacabuco 875 (tel. 4300-0359). Funciones: los viernes y sábados a las 21 y los domingos a las 20.

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Augusto Fernandes tiene una trayectoria intensa y abarcadora, que va de Goethe a Ibsen, pasando por Strindberg y Anton Chejov.
 
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