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Domingo, 31 de agosto de 2014

TEATRO › ADRIAN CARDOSO Y SU PUESTA DE EL CENTROFORWARD MURIO AL AMANECER

El pecado de querer ser libre

La obra que Agustín Cuzzani escribió en 1955, y que tuvo versión cinematográfica, adelantaba el presente de hipermercantilización del fútbol, con una mirada que lo relaciona con la esclavitud. Puede verse los domingos a las 18 en El Método Kairós.

La ciudad duerme y, en la penumbra, un vagabundo aprovecha el silencio de la noche para descansar en el banco de un parque. Pero es interrumpido por un policía que le advierte que debe desalojar el lugar porque en unas horas, ahí mismo, habrá una ejecución. ¿Quién es el condenado? Pronto se sabrá. Se trata de Arístides “Cacho” Garibaldi, el jugador estrella del club de fútbol Nahuel Athletic Club y el mejor centroforward del momento. Pronto se sabrá también que su único crimen fue querer ser libre. La trágica y heroica historia del astro deportivo nació de la pluma de Agustín Cuzzani, quien escribió en 1955 la obra teatral El centroforward murió al amanecer, que tuvo su versión cinematográfica en 1961, dirigida por René Mugica, e innumerables representaciones sobre las tablas. Este año, en el que la fiebre mundialista contagió a millones de hinchas alrededor del globo, el director Adrián Cardoso también quiso sumar su impronta a este clásico, que exhibe todos los domingos a las 18, en El Método Kairós (El Salvador 4530).

El caso ficcional de Garibaldi no es más que una metáfora, potenciada con elementos de la sátira y la farsa, de la realidad que viven miles de jugadores de fútbol en la actualidad, convertidos en mercancías de la industria deportiva. Porque lo que le ocurrió a Garibaldi parece significar –más que un presagio de lo que vendría– el derrotero inevitable de los habilidosos del balón. Cacho era el ídolo de un club de barrio fundido por sus deudas, que resulta embargado por uno de sus acreedores (cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia), y vendido en un remate, por una cifra millonaria, a Lupus, un magnate inescrupuloso, quien se “divierte” coleccionando seres humanos como piezas de museo.

Privado de su libertad y de sus gambetas domingueras, el jugador es conminado a vivir con las otras adquisiciones del excéntrico millonario: la bailarina clásica Nora Rodrigova, un actor que interpreta a Hamlet, el científico y profesor Westerhausen y un hombre mono del circo apodado King Kong. A través de una trama absurda y desopilante, Cuzzani revela con crudeza una realidad actual, donde se cruzan temáticas como la libertad, la pasión, el fútbol como evento popular, social y afectivo, y la degradación que impuso la privatización en todos los órdenes de lo social, como el deportivo. “Los textos de Cuzzani me hicieron divertir, pero también me hicieron reflexionar sobre la injusticia de las situaciones que éstos abordan”, confiesa el director, quien además asegura que apenas leyó la obra supo que tenía que hacerla: “Me sentí llamado a dirigirla. Me siento contento de hacer un clásico, que además tuvo tanta trascendencia”.

–¿Por qué le interesó dirigir esta obra?

–Siempre quise hacer una obra sobre fútbol. Hace un tiempo había visto Pezones mariposa, con mi profesor Lorenzo Quinteros, que cuenta la decadencia de un club barrial. Además, durante mi infancia también tuve relación con el club de mi pueblo y todo eso me llevó a querer contar algo sobre fútbol. Por otro lado, también la idea de que alguien pudiera comprar todo lo que desea, como es en el caso de Lupus, me pareció algo muy raro y muy fuerte.

–¿Cómo fue el proceso de adaptación?

–La obra aborda el tema de la esclavitud, y decidí, en conjunto con los actores, abordar la temática desde el concepto de la libertad –de ahí el subtítulo ¿Qué ocurre cuando tu libertad pasa a ser propiedad privada del mejor postor?–, vinculado con el concepto de la pasión. Para esto, nos preguntamos: “¿Qué nos pasaría si nos quitaran nuestra pasión?”. A su vez, mi idea para encarar la puesta fue jugar con un humor negro que provoque gracia pero que también genere incomodidad en el público.

–Cuando realiza una adaptación, ¿toma al texto original como punto de partida para crear o como un condicionamiento?

–Cuando leo la obra, siento que quiero hacerla de punta a punta tal cual como es, pero después voy haciendo modificaciones. Esta es una obra vieja que reitera cosas y además es larga, y los tiempos que exige el teatro independiente son cortos, pero aun así traté de hacer una adaptación en donde la idea principal no se perdiera, porque respeto mucho a los autores; ellos son los que me llevaron a crear a partir de lo que escribieron. En este caso, los cambios son a causa del tiempo transcurrido entre la obra original y mi puesta actual.

–Cuzzani escribió El centroforward... en 1955. ¿Hay en el texto un sentido profético respecto de la mercantilización del deporte?

–Sí. Cuzzani observaba la sociedad en la que vivía y vio venir lo que efectivamente está ocurriendo con el fútbol, por eso esta pieza tiene gran actualidad: porque cuenta, aunque de forma onírica, lo que pasa hoy. La obra invita al público a pensar en que lo que se cuenta en la ficción no está tan alejado de la realidad.

–¿Por qué se produce esta fetichización del fútbol encarnada en los jugadores?

–Creo que esto se produce a causa de la sociedad consumista en la que vivimos. Hace poco leí una estadística que revelaba que las camisetas más vendidas son las del Barcelona, con el nombre de Messi detrás. Los jugadores son parte de esto. Garibaldi, por el contrario, es un defensor de lo que se perdió, de lo que ya no está, un defensor de lo que el fútbol supo ser.

Informe: Candela Gomes Diez.

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“Estoy contento de hacer un clásico, que además tuvo tanta trascendencia”, afirma Cardoso.
Imagen: Rafael Yohai
 
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