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Jueves, 3 de diciembre de 2009

DANZA › LA COMPAñíA NACIONAL DE DANZA DE ESPAñA SE PRESENTA EN EL SAN MARTíN

Veinte años de estilo y personalidad

El coreógrafo Nacho Duato está a punto de celebrar dos décadas al frente del grupo financiado por el Ministerio de Cultura de su país, al que logró darle un rumbo y un sello. En esta oportunidad, trae dos programas con tres obras.

 Por Alina Mazzaferro

Cuando la Compañía Nacional de Danza de España vino por primera vez a la Argentina, en 1993, hacía tres años que Nacho Duato, un coreógrafo formado por grandes nombres de la danza (trabajó junto a Jirí Kylán, estudió en las escuelas de Maurice Béjart y Alvin Ailey), se había hecho cargo de un ballet que hasta el momento no había encontrado el rumbo. El le dio un giro de ciento ochenta grados a la compañía, le imprimió un estilo y una personalidad. Veinte años más tarde de haber sido nombrado su director artístico, Duato regresa con su equipo a la Argentina para mostrar algo de la amplia producción coreográfica que allí realizó durante esas dos décadas. Esta vez ha traído dos programas diferentes, cada uno con tres obras representativas de su repertorio; el primero podrá verse desde hoy hasta el domingo y, el segundo, desde el 9 hasta el 13 de diciembre, en la sala Martín Coronado del teatro San Martín (Corrientes 1530), de miércoles a viernes a las 21, los sábados a las 17 y a las 21 y los domingos a las 17.

Si bien en 2010 la Compañía Nacional de Danza festejará su vigésimo aniversario, pues fue en 1990 que Duato se incorporó al equipo, en realidad había sido creada en 1979 con el nombre de Ballet Nacional de España Clásico y estaba en las manos de Víctor Ullate. “En sus primeros diez años pasaron cinco directores, o sea que cada uno de ellos estuvo en promedio dos años a cargo. Eso a una compañía no le viene nada bien”, opina Duato en diálogo con Página/12. “La compañía se inició bailando obras de Maurice Béjart; luego vino María de Avila e hizo obras de George Balanchine. Ray Barras llegó desde Estados Unidos e hizo lo que sabía hacer. Más tarde, Maya Plisetskaya quiso montar con ella un pequeño Bolshoi en España, que es como intentar plantar un cactus en medio del Polo Norte. Por supuesto, no funcionó. Cuando llegué, me encontré con una compañía sin rumbo, maleada, que no sabía a dónde ir, aunque los bailarines no tenían la culpa de nada. No sé si hice bien o mal, pero estuve veinte años.”

–¿Por qué optó por volcar a la compañía hacia el contemporáneo, creando para ella obras nuevas, en lugar de conformar un repertorio clásico o neoclásico como habían intentado sus predecesores?

–En España no hay tradición de clásico y esta compañía no hubiera funcionado con un repertorio de ese tipo. Si hubiera querido hacer clásico, no duraba ni una semana, porque no había bailarines para hacerlo. La compañía que recibí no tenía personalidad. Conmigo pudo tener un director fijo por más de tres años, que además era coreógrafo, que había trabajado en todo el mundo y conocía a los principales exponentes de la danza. Ahora se abre el telón y uno en seguida se da cuenta de que ésa es la Compañía Nacional de Danza.

Para Duato, veinte años no son nada y él dice seguir “con la misma emoción y las ganas de hacer cosas nuevas, como si hubiera llegado ayer”. Sin embargo, su enorme trabajo da cuenta del tiempo que allí ha destinado: ha producido un repertorio de casi cincuenta obras para el ballet. Ha creado la Compañía Nacional de Danza 2, conformada por dieciséis bailarines, que recluta estudiantes y les permite comenzar a bailar profesionalmente para luego, tal vez, pasar a formar parte del equipo original. También ha abierto un taller destinado a los treinta miembros de su ballet, para que éstos puedan iniciarse en la coreografía: una vez al año, presentan sus producciones en España y destinan lo recaudado a causas de beneficencia. Algunos de los bailarines han llegado a trabajar como coreógrafos para la compañía, aunque Duato confiesa que prefiere convocar a reconocidas figuras, como Jirí Kylián o William Forsythe, antes que a los noveles, a la hora de dejar la producción de una temporada en manos de otros. Sin embargo, el director es el principal responsable de la creación coreográfica que interpreta este equipo y dice que los bailarines que audicionan para entrar al grupo lo hacen para trabajar con él. “En general, son fieles y se quedan por muchos años”, dice.

La principal diferencia de esta compañía –financiada completamente por el Ministerio de Cultura del gobierno de España– respecto de los ballets argentinos oficiales es que, como la mayoría de las europeas, ésta realiza muchísimas funciones –alrededor de ochenta al año– y sale de gira por todo el mundo. De hecho, después de Buenos Aires la esperan en Montevideo y, para 2010, Duato ya tiene planificado visitar varias ciudades alemanas, francesas, norteamericanas, canadienses y rusas. Claro que también del otro lado del océano la danza también tiene sus obstáculos y dificultades: “Salimos mucho de gira porque no tenemos un teatro propio, que es algo que hace tiempo reclamo”, explica el director. “Necesitamos una sede en la que podamos tener nuestra programación y no andar siempre atrás de una sala, esperando a que nos metan con calzador en el huequito que queda entre Turandot y Aida”.

Tampoco habrá presupuesto extra para festejar a lo grande las dos décadas el próximo año. Sin embargo, Duato no se desalienta: “Las dificultades son las mismas que tiene cualquier empresario, ya sea de un periódico o de una fábrica de chocolates”. Claro que este coreógrafo que ha dedicado su vida a una compañía poco entiende de diarios o bombones, aunque tampoco le interesa hacerlo, pues no hay nada que lo cautive más que su trabajo. O casi nada. “A mí me gusta mucho lo que hago y no sufro cuando estreno ni cuando me dan una mala crítica”, asegura. “Es lo que más me gusta... Bueno, me gustaría más retirarme a una isla y estar tomando piña colada todo el día, pero como no se puede hacer, lo siguiente que más me gusta es lo que hago.”

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La Compañía Nacional de Danza de España realiza unas ochenta funciones por año y viaja por el mundo.
 
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