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Lunes, 26 de agosto de 2013

CULTURA › EXPOSICIóN EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Tiempo de ajedrez revisionista

La muestra Aportes del revisionismo a la historia nacional, que está hasta pasado mañana, incluye libros, fotografías y manuscritos varios. También se producen interesantes debates que dan cuenta del “pensamiento nacional” como un movimiento de múltiples aristas.

 Por Cristian Vitale

“No nos cabe duda de que la Constitución no puede reducirse a un instrumento jurídico; en realidad es un instrumento de alta política, es la institucionalización, al más alto rango normativo, de un proyecto de Nación”, señala el abogado constitucionalista Jorge Cholvis. Y da en el punto nodal de la era. Su pensamiento fluye, con justeza y matizado fervor, durante uno de los varios encuentros que imprime contenido a la exposición bibliohemerográfica y documental Aportes del revisionismo a la historia nacional, que se lleva a cabo hasta el próximo miércoles en la sala Lugones de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502). La mirada de Cholvis deviene de la figura que le tocó en suerte revivir: su maestro Arturo Enrique Sampay, el jurista, docente e historiador a quien su alumno –y no solo él, claro– considera el padre intelectual de la Constitución Nacional de 1949. “En cada esquina, en cada calle de Buenos Aires y del país, el pueblo debe discutir, debe debatir y debe saber que la Argentina ha tenido tres modelos de Constitución: la agroexportadora de 1853; la del Pacto de Olivos, que acompañó la década del neoliberalismo en su máxima expresión, apoyada en las directivas del Consenso de Washington, y aquella de 1949, que ubicó a la justicia social en su finalidad última”, desarrolla el pensador, ante un público asertivo.

El bolillero cayó en Sampay como podría haber caído en cualquiera, entre la gran cantidad de figuras del pensamiento nacional que la muestra rescata a través de charlas, exposición de libros, fotografías, biografías, manuscritos y hallazgos varios. “Se pensó en hacer esta muestra para recordar a todos los historiadores que son patronos del sillón académico del Instituto Juan Manuel de Rosas, pero también a otros autores propuestos por la Biblioteca Nacional, o historiadores que, sin ser revisionistas `químicamente puros`, facilitaron su difusión”, encuadra Mario Tesler, vicepresidente segundo del Rosas y motor humano de la muestra. “Me refiero a Félix Luna, que en su revista ha incorporado figuras como Arturo Jauretche, o al mismo Pedro de Angelis, que no fue revisionista porque la historia argentina, en su tiempo, aún no estaba escrita, pero hizo un gran aporte como periodista. Aunque fue traído por Rivadavia, el solo hecho de haberse puesto al servicio del gobierno de Rosas hizo que lo marginaran no solamente sus contemporáneos, sino también las generaciones que lo sucedieron”, señala Tesler.

El pedagogo, periodista e historiador italiano –director de la Gaceta Mercantil y el Archivo Americano durante el período rosista– es la primera figura histórica que aparece en una seguidilla que arranca en la planta baja de la Biblioteca, y continúa en el tercer piso. “Acá hay libros de él y una antología publicada hace poco por esta Biblioteca, en la que figuran algunos artículos del Archivo Americano”, indica Tesler, mientras comienza a desandar la exposición a paso lento, seguro y reflexivo. Se detiene en Adolfo Saldías, uno de los primeros en animarse a rescatar la figura de Rosas a través de información entregada por Manuelita, la hija del Restaurador; en Antonio Bilbao, chileno y liberal, que publicó la más temprana historia del líder de los colorados del Monte, en 1868; o en Vicente Quesada y su hijo Ernesto, quien denunció el ataque de Estados Unidos a la colonia argentina en Malvinas, en 1831. “Por lo general se cree que el revisionismo es una cosa de católicos, hispanistas y derechistas, y para nada es así. En el revisionismo ha militado gente que viene de la masonería, de la izquierda, del radicalismo, del peronismo, del antiperonismo, del guevarismo, o del peronismo de izquierda. Hemos incorporado a Rodolfo Puiggros, por ejemplo, porque entendemos que él es claramente revisionista, aunque no rosista. Sus trabajos sobre el plan de operaciones de Mariano Moreno son de gran importancia, porque le dio una gran trascendencia y difusión a ese plan”, señala Tesler, sobre el autor de Rosas, el pequeño, un libro contrario al ideario del Restaurador, que también forma parte de la exposición.

La perspectiva de Tesler sintoniza con lo que Horacio González, director de la Biblioteca, define como “El ajedrez revisionista”, en un artículo inserto en la revista que condensa y grafica la muestra. “El revisionismo histórico logró un nombre efectivo, pleno de voluntad de batalla, y se convirtió en un movimiento de múltiples aristas”, introduce el sociólogo y da cuenta escrita de lo que la exposición denota en acto: la convivencia, bajo una cuestión esencial –”la cuestión nacional”–, de radicales (Ricardo Caballero, Emilio Ravignani); radicales que se hicieron peronistas (Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz); peronistas de izquierda (John William Cooke, Eduardo Luis Duhalde); peronistas a secas (Fermín Chávez, José María Rosa, Luis Soler Cañas); marxistas que se hicieron peronistas (Rodolfo Puiggros); nacionalistas que apoyaron a Perón (Manuel Gálvez, Ernesto Palacio); nacionalistas que no apoyaron a Perón (Julio Irazusta, Roberto de Laferrere); nacionalistas de izquierda (Juán José Hernández Arregui, Jorge Abelardo Ramos); masones (Martín Lazcano); liberales (José Luis Busaniche, Dermidio González); anarquistas que adhirieron al peronismo (Pedro de Paoli)... un todo diverso, al cabo, con continente documentado en la exposición.

En el tercer piso, Tesler sigue revelando secuencias de tal historia, como la carta que Manuel Ugarte le escribe a Diego Molinari, en 1912, y que funda la idea de Tercer Mundo, antes que Estados Unidos y la Unión Soviética intenten partir el mundo en dos. Como una foto de Arturo Jauretche sacada el 23 de mayo de 1974, “dos días antes de su muerte”; o un folleto de F.O.R.J.A, que llama a un acto para oponerse al monumento a Jorge Canning que igual se plantaría cerca de la Torre de los Ingleses, a finales del año 1937. “Es la estatua que llevaron arrastrando durante la guerra de Malvinas, el día que quemaron la Torre de los Ingleses”, recuerda el investigador de la Biblioteca. También figura una colección de revistas revisionistas entre las que se cuentan números de Ahijuna, Nuestra historia, o del periódico Barbarie; una de las “mil” ediciones del Manual de zonceras argentinas, de Jauretche; el seminal Vida del Chacho, de Fermín Chávez; o Vida de Hipólito Yrigoyen, de Manuel Gálvez, cuyo ideario Tesler toma como síntesis de apertura. “Unos reivindican su labor literaria, otros la de historiador, pero muchos se olvidan que fue un gran defensor de la mujer, un gran luchador contra la trata de blancas que escribió, nada más y nada menos que en La Vanguardia Socialista, siendo un católico”.

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La de la BN es una exposición bibliohemerográfica y documental.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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