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Viernes, 10 de octubre de 2008

LA REVISTA FIERRO CUMPLE DOS AÑOS DE SU NUEVA ETAPA

“Es un fenómeno mágico y maravilloso”

 Por Andrés Valenzuela

Dos años. 24 números. 25 buenos deseos. Es una forma de hacer un balance de la revista de historietas Fierro que llega junto a Página/12 cada segundo sábado del mes. Con la nueva entrega se cumplen dos años de un recorrido que, tal como se puede apreciar en los testimonios recogidos por este diario, sacudió al ambiente comiquero de nuestro país. 25 entrevistados, entre historietistas locales y extranjeros, periodistas especializados y editores, expresaron de distintos modos su alegría por la existencia de la revista.

Más allá de los elogios a la publicación, los entrevistados destacaron el impacto positivo que tuvo Fierro dentro del ambiente por su llegada masiva a los kioscos y por la posibilidad para muchos artistas jóvenes de mostrar al gran público sus trabajos. Como toda antología, quizá su mayor virtud es que gusta por entero a pocos. Virtud curiosa, pero que habla de la variedad del material publicado en ella, tanto por estilo como por búsqueda narrativa y estética. La periodista especializada y curadora de exposiciones de historieta Alejandra Márquez la define como “una revista pensada para que no le guste todo a todo el mundo” y lo propone como una fortaleza “ya que muchos subgrupitos que les gustan distintas cosas la van a comprar, porque con el precio accesible que tiene vale la pena”. En el mismo sentido, el historietista Hugo Simkin destaca la mixtura de autores de la primera etapa de la revista “aggiornándolos a los tiempos que corren” con los nuevos valores. “Está ahí, en búsqueda de una identidad nueva”, grafica.

Sorpresa y felicidad

“La antología es un producto que me encanta como lector, pero como editor no me animo a sacar”, confiesa Pablo Muñoz, de Deux Studio. Que la antología es un producto difícil es un dato recurrente en la producción de la nota y son muchos los que destacan el valor simbólico del éxito de la revista. Andrés Accorsi, fundador de la tradicional revista Comiqueando, asegura que “es una feliz anomalía temporal que a Fierro le esté yendo bien en un mundo sin antologías de historietas para adultos, es un fenómeno mágico y maravilloso. En el resto del mundo nos deben envidiar mucho”. El actual director de Comiqueando, Federico Velasco, remarca que el contenido de la Fierro es “de autor y para un público a primera vista minoritario, pero que tiene éxito popular”.

Horacio Altuna, maestro y uno de los regulares de la primera etapa de la revista, ahora está radicado en Cataluña. Destaca a Fierro como ejemplo a seguir en su patria adoptiva. “En ese acento puesto en la producción nacional va una manera de ver, contar y sentir, que es argentina, y eso debería pasar en nuestro mundo historietístico”, dice. “Que un título madre, la Coca-Cola de la historieta nacional, esté en los kioscos es importantísimo porque empuja a todos los demás”, asegura Rubén Meriggi. En esto coincide el dibujante Max Aguirre que lo ve como una recuperación del espacio para el comic en los puestos de diarios.

Este punto es más importante de lo que parece a simple vista, como deja claro desde Reconquista, Santa Fe, Gabriel Fix. “Acá encontrar historieta en un kiosco es como una perla, no llega nada salvo la Patoruzú, a la que nadie le da bolilla –cuenta el artista–. Que Fierro aparezca y la vean todos es importante, porque genera un público.” Su colega Clara Lagos, desde Capital Federal, coincide: “Si hay mucha gente que antes no leía historieta y ahora lo hace por la revista, me parece perfecto”. Además, Lagos recuerda con cariño la presentación de la revista en el ciclo Mañanas informales. “Jorge Guinzburg sabía de historieta y la entrevista fue re interesante.”

Pablo Sappia, curador del Espacio Historieta del Centro Cultural Recoleta, la señala como un oasis para el género, “un montón de lectores han vuelto a la rutina de una revista semanal gracias a que Fierro existe”, asegura. Thomas Dassance, de la editorial Ex Abrupto, habla directamente de un “efecto Fierro”. Para él, la revista recuperó lectores para el género. “Es como el adicto al cigarrillo que reincide, dice ‘quiero más’ y busca cosas nuevas, así van a preguntar a las librerías, algo que hace algunos años era inédito.”

Un espacio creativo

“Durante mucho tiempo hice historieta por mi cuenta en fanzines, ahora estoy en una revista con un editor, pero el material que hago sigue siendo el mismo, me siento autor de lo que hago, escribo y dibujo lo que tengo ganas, ¡encima me pagan!”. La frase es de Salvador Sanz, que deslumbra a los lectores con la intrigante serie Nocturno en las páginas de Fierro. Con ella, Sanz resume con claridad el importante papel de contención que la revista significa para toda una generación de creadores locales.

Ariel López, también historietista, recuerda con cariño su paso por el suplemento Picado Fino de la revista, que se alterna entre retrospectivas de trabajos de viejas glorias de la historieta y nuevos valores, como él mismo. Esto además del espacio cedido a los regulares, “muchos talentos jóvenes que hace años hacen cosas importantísimas y ahora son el seleccionado de la Fierro”, explica.

Me gusta, me gusta, me gusta

Es cuestión de gustos, reza el saber popular, y el analista Hernán Martignone, coautor del libro publicado recientemente Historietas a diario, hace suya la frase. El contenido de Fierro es objeto de atenta mirada y genera interesantes debates estéticos. Por ejemplo, Martignone destaca las tapas como “una forma interesante de diferenciarse de la etapa anterior y darse una identidad”. Además, asegura que conoce gente fuera del mundo de la historieta que la compró fascinado por las tapas. El historietista Fabián Zalazar ve en ellas una exploración que suma al valor artístico de la revista. En cambio a Lagos, que como él pertenece al grupo Historietas Reales, no le gustan, pero sí se “copa” con las cosas de los chicos “que empezaron a publicar ahora”.

Cada quién destaca a sus favoritos. El editor Martín Casanova (Domus) describe como “simplemente maravillosas” al Síndrome Guastavino (Trillo y Varela), Vitamina Potencia (Reggiani y Mosquito), que “pide a gritos una adaptación a la TV por Pol-ka o Damián Szifrón”. El crítico Fabio Blanco cuenta que lo primero que lee es el “cada vez más genial” El Baño, de Gustavo Sala. Varios más nombran a Lucas Varela, Rovella, Minaverry, Sanz (uno de los más populares) o Nine (“que pensábamos que nunca más lo íbamos a poder ver editado en el país”, se alegra Fix).

Cariño latinoamericano

El peso de Fierro excede las fronteras del país. Argentinos como Altuna o Diego Cáceres la aplauden en el exterior. Este último, que desde Barcelona edita un digizine con autores iberoamericanos, cuenta que “cuando me enteré que salía lo primero que hice fue cagarme en Dios, por no estar allí, lo segundo llamar a mi vieja para que la compre religiosamente todos los meses”. Al panorama desolador que pinta Altuna, Cáceres agrega que desde que cerró el sello El Bivora, todo el material español se reduce a novelas gráficas y la historieta “perdió la calle, el contacto directo con la gente”. También llueven los elogios desde América latina. Christiano, dibujante de Chile, asegura que la revista “es un lujo y un ejemplo de que la historieta es un medio dinámico”. Aunque allí la historieta goza de buena salud, cuenta que “no hay una revista miscelánea tan completa como Fierro”. “Esperamos hacer una que diga ‘la historieta chilena, ¡gracias Sasturain, por favor concedido!’”, escribe por mail.

El uruguayo Rodolfo Santullo, habitué de las colaboraciones con argentinos, aseguró que se las arregla para tener todos los números y que aunque “como en toda ensalada de historias siempre hay algo que gusta más, hay material de primera como El Síndrome Guastavino, El Hipnotizador y otros”. En su país hubo un intento similar al de Fierro en el 2003. Se trató de Quimera publicada por el diario La República, que no superó los siete números. “La calidad era disímil, pero fue para los que participamos una experiencia enriquecedora”, recuerda.

Renso Gonzales, de Perú, señala que le pareció “innovadora” la convocatoria al concurso “Oesterheld Redibujado”. “He quedado impresionado, moderniza historias que otras generaciones necesitan conocer”, apunta. El colombiano Joni B, en este momento residiendo en nuestro país reconoce no entender, por no pertenecer a nuestro país, algún material que integra la revista. Pero la señala como una de las mejores de la región “después de SudameriK y Crash, de Bolivia” a las que adjudica falta de continuidad. De su país recuerda una publicación similar en los ’90, ACME, “que demostró que había buenos dibujantes y narradores”. César Da Col, miembro del movimiento nacional Banda Dibujada, asegura que Fierro es “un hecho fantástico en el ámbito cultural”. Lo único que echa en falta, por sus ideales sobre el medio, es que se recopile el contenido en libro, “para que sobreviva en la biblioteca”.

La reflexión del periodista especializado Juan Manuel Domínguez (Inrockuptibles) es conmovedora. “Antes que buena o mala, Fierro es una necesidad: no sólo para los que respiramos viñetas, sino para cualquiera que se haya dormido con los dedos manchados de tinta. Podemos odiarla, quererla, embolsarla para coleccionar o canjearla en el parque, pero lo importante es el ‘podemos’. Es hora de pensarnos y pensar nuestras viñetas, y siempre es mejor hacerlo con los dedos manchados de algo.”

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