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Lunes, 10 de septiembre de 2007

MAÑANA, UN FASCICULO CON EL ULTIMO DISCURSO DE SALVADOR ALLENDE

Una lección contra la cobardía

El aniversario del golpe de Pinochet sirve para remarcar las palabras del presidente socialista en un palacio sitiado: “Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano”.

“En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con nuestro ejemplo, que en este país hay hombres que saben cumplir con la obligación que tienen.” Con estas palabras desafiantes iniciaba Salvador Allende lo que más tarde pasaría a la historia como el “discurso final”, su testamento político. Con estas palabras también culminaba el sueño de un gobierno socialista que había llegado al poder sin revolución, elegido en democracia y que concitaba la expectativa mundial. Se trata de una pieza de oratoria que más allá del silencio al que fueron sometidos su cuerpo y su nombre, más allá de los 17 años de Pinochet en el poder, y más allá incluso del viraje que el mismo socialismo manifestó en estos últimos años, sigue sonando en los oídos de quienes lo escucharon alguna vez, y merece ser conocido también por los más jóvenes.

Es por esta razón que mañana, cuando se cumplen 34 años del golpe que encabezó Pinochet junto con el ejército, la marina, la aviación y el cuerpo de carabineros, Página/12 rinde homenaje a la figura del presidente chileno a través de un fascículo especial de 16 páginas, con el texto completo de este discurso que hizo historia.

Dicen que Allende solía decir: “Yo no seré jamás como esos presidentes que salen al exilio arrancando poco menos que en pijama”. En la hora trágica, demostró que era capaz de transitar la distancia que existe entre el dicho y el hecho. Y en parte, allí reside el valor de este discurso que al filo de la muerte demuestra el poder de la palabra aun en tiempos en que se festeja su devaluación.

Este fascículo, que se distribuirá gratuitamente mañana con el diario, incluye también otros dichos de familiares, escritores, amigos y testigos que dan cuenta de lo que ocurrió aquella mañana del 11 de septiembre en el Palacio de La Moneda. “El drama ocurrió en Chile, para mal de los chilenos, pero pasará a la historia como algo que nos sucedió sin remedio a todos los hombres y mujeres de este tiempo”: así definió Gabriel García Márquez el impacto histórico del golpe y la trágica escena final de un hombre solo con su fusil y unos pocos colaboradores resistiendo en el palacio de gobierno, mientras la aviación copiaba la técnica de los bombardeos nazis a grandes ciudades, para destruir un solo edificio. Para derribar la vida en democracia.

Este ejemplar, que contiene el discurso del Palacio de La Moneda, es también el primer número de una nueva colección, que lleva el nombre de Discursos que cambiaron la historia, y que Página/12 distribuirá gratuitamente todos los lunes a partir del 8 de octubre. Los textos y la investigación estuvieron a cargo de Liliana Viola, autora del libro Los discursos del poder (Editorial Norma), donde recupera y pone en contexto los discursos políticos que en distintos momentos de la historia lograron influir en el pensamiento y a veces en las acciones de las masas que los escucharon. La colección incluye las palabras de Martin Luther King Jr., Mahatma Gandhi, Albert Einstein, Winston Churchill, Boris Yeltsin, Malcolm X, Nelson Mandela, Hernán Cortés, Adolf Hitler, Benito Mussolini, Ernesto “Che” Guevara, Eva Perón, Juan Domingo Perón y Raúl Alfonsín, entre otros.

¿Pueden los discursos cambiar la historia? Es una pregunta que esta colección tratará de responder. Por lo pronto, las últimas palabras del discurso de Allende, pronunciadas hace 34 años, siguen sonando y, “más temprano que tarde”, salieron de su tumba a la hora de revolver conciencias en su país:

“Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor. ¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”

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Al borde de la muerte, Allende reivindicó la palabra.
 
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