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Miércoles, 26 de septiembre de 2007

ENTREVISTA A PEDRO AZNAR Y DAVID LEBON

“Y... nosotros ya llevamos 30 años de amistad musical”

La edición del CD doble que registra su exitosa serie de recitales en el ND Ateneo es la excusa para que los músicos repasen la historia de este encuentro que se resiste a ser “la mitad de Seru”.

 Por Cristian Vitale

Pedro Aznar descorre unas amplias cortinas y le da al salón el color que precisa lo que vendrá: claroscuro con matices. Fuera, la avenida Cabildo luce lluviosa pero templada. A media altura, parece una postal de otoño en movimiento. El bajista de los dedos interminables apaga la luz y, quisquilloso como es, no deja que nadie la encienda. Acaba de lograr el tono ideal. Enfrente, mesa ancha de por medio, está David Lebon, un poco más sonriente, y de espaldas al gris reinante. “Casualmente, a los dos nos tocó un año humanamente difícil”, desliza el guitarrista de 54 años, ex buena parte de grandes grupos de la década del setenta. Ambos contemplan la foto contundente que Diego Ortiz Mugica sacó para graficar la contratapa de AznarLebon, el disco doble en vivo que eterniza el ciclo que brindaron en el ND Ateneo. Una luz dirigida hace foco directo en un abrazo, que parece el del final del show. Aznar se cuelga un minuto y elogia. “Es un artista del blanco y negro, mirá. Nos hubiera dado velocidad pedirle el trabajo. Un honor, ¿no? Este abrazo es fundirse... se nota mucho, y él hace que se note más.”

El dúo, que alguna vez configuró el cincuenta por ciento exacto de Seru Giran, explica el abrazo como el efecto lógico de una larga amistad, pero trata de desmarcarse del pasado. Aznar, lacónico, dispara lo que hoy parece una obviedad: que ambos nunca fueron un grupo, sino parte de uno que ya fue. “Esto es un estreno”, tira. Y Lebon asiente: “No tiene nada que ver con una juntada. Yo lo llamaba desde Mendoza y le decía ‘dale, Pedro, hagamos un disco’. Pero cada uno estaba con su vida, hasta que sin querer, a través de una cuestión de afuera, salieron los shows, la gira y el disco. Siempre es una sorpresa”. El tema central, claro, ancla en la flamante edición de EMI: un cd con 24 canciones –doce por disco–, extractadas de los cuatro primeros shows en el ND, cuyo material seguirán exponiendo en una rotation bien armadita por algunos rincones del país: 29 de septiembre en la Plaza Independencia de Tucumán, 11 de octubre en Bahía Blanca, 13 en Bariloche, 14 y 15 Neuquén, 20 de octubre en el Auditorio de Belgrano (Buenos Aires) y 3 de noviembre, en Rosario. “No teníamos planes tan extensos, esto empezó como un festejo íntimo, pero felizmente se nos fue de las manos”, dice Aznar y sigue Lebon: “Fue un regalo para el alma. No existe esa cosa de grupo que, cuando uno tira para otro lado, la cosa empieza a renguear”.

–En uno de los recitales apareció Charly García y tocó dos canciones con ustedes. ¿No se les ocurrió registrar ese momento e incluirlo en el disco?

Pedro Aznar: –No, porque surgió espontáneo. Fue como una travesura. No hubo ensayo ni preparación. Honestamente, tampoco salió tan lindo. Además, lo hubiera convertido tangencialmente en Seru y no era la idea.

–Tangencial, pero medio imposible: Moro ya no está. A propósito, lo mencionan cuando hacen “Dying to live”, de Edgar Winter. ¿Se recuperaron de su ausencia?

David Lebon: –Mi duelo por él ya se alivió. Yo tengo una idea de lo que son el cielo y el infierno, y yo sé que está bien. Pero lo extraño físicamente... lo extraño cuando decía “me salió la parte animal” y empezaba a correr chicas (risas).

P. A.: –A mí me pone inmensamente triste su ausencia. Me nubla recordarlo... la muerte es algo que no se puede entender. Es impensable. ¿Cómo que yo voy a seguir viviendo y jamás lo voy a volver a ver? Creo que es algo que no entendés, porque el amor sigue estando. Hasta que no se te muere alguien muy cercano, no se te hace carne lo impensable de la muerte. Moro era como un púber travieso, inquieto y bromista... te daba unos abrazos de oso que te partían al medio.

D. L.: –¿Sabés qué? Ultimamente estoy escuchando mucho a Seru y nunca le había prestado demasiada atención a Moro. Realmente, era un gran baterista.

Moro, muerto el 11 de noviembre del 2006, a los 58 años, fue la musa de uno de los tres temas inéditos que contiene AznarLebon. Evoca David, de memoria lúcida, estar recorriendo la 9 de Julio en su auto, escuchar “White Trash”, disco emblema de “Edgardo Invierno” (dixit Aznar), y detenerse, los cuatro Seru, en la belleza melódica de “Dying to live”, que Aznar, treinta años después, transformó en “Muriendo por vivir”. “Mientras ensayábamos, la empezamos a cantar y los dos nos acordábamos de la canción, perfectamente bien. Casi con la letra completa”, cuenta. Aznar pensó traducirla al castellano, lo hizo e inició el trámite para que Winter la apruebe. Le fue bien. “Me tocó hacer muchísimas versiones de otra gente y me metí en bailes fieros, porque hay músicos difíciles para aceptar versiones de sus canciones.”

–¿Casos?

–Joni Mitchell. Ella está muchísimo tiempo para considerar un pedido, porque se lo toma personalmente y revisa hasta la última coma de la canción. Cuando me largué, un poco inconscientemente admito, a hacer la versión de su canción favorita “Amelia” (incluida en el disco Entremedios, de Roxana Amed), el proceso fue medio complicado. Costó.

“Dying to live”, por despojada, encantadora e intensa, podría operar como una vía eficaz para entrarle al todo por la parte. La frase inicial (“Algunos ven la distorsión como belleza / y sus cabezas no han sabido proteger”) explica bastante el aura que recorre el disco. No hay distorsión, sino belleza. No hay pomposidad orquestal, sino justeza instrumental. Apenas tres músicos (Lebon, que alterna guitarra acústica, eléctrica y armónica; Aznar con sus bajos, su piano y su guitarra de doce cuerdas; y el aporte justo de Andrés Beeuwsaert en coros y teclados), edifican a ritmo de araña un trabajo íntimo y penetrante a la vez. Los temas refieren a muy distintas épocas: mucha cosecha Aznar solista (“Traición”, “Fotos de Tokio”, “Si me das tu amor”), algunas versiones (“Sorry seems to be the hardest World”, de Elton John y Bernie Taupin, “God only knows”, de Wilson y Asher), canciones indudablemente lebonianas (“El tiempo es veloz”, “Tu llegada”, “Reyna”), algunos bellos de Seru (“Nos veremos otra vez”, “Noche de perros”), otros trillados (“Mundo agradable”), otros bellos y trillados (“Seminare”), pero todos englobados –y aquí es cuando el gris del afuera se convierte en la tónica precisa– por una clara unidad conceptual de espesura emocional. Hay una carga estético-sensitiva que subyace a la música, que le da una completud a la obra. “Y... son 30 años de amistad musical”, justifica Aznar.

–A veces funciona eso del menos es más...

P. A.: –Es que son versiones despojadas, pero logran, en su austeridad instrumental, brillar por sí solas. Fue el concepto que trabajamos. Como muchas de estas canciones son conocidas, la manera de encararlas las corrió de ángulo. Lo íntimo, igual, es un concepto para tomar con pinzas. Tal vez se imagina que es algo chiquito, suavecito y no es así: el show tiene poder sin necesidad de batería o percusión. El mensaje está fuertemente condensado... con pocos elementos te hace ¡boom!

–Lebon hacía hincapié en que ambos tuvieron un año duro. Se nota que ese estado emocional influyó en la elección del repertorio...

P. A.: –Claro, son canciones de una tremenda profundidad. Y tienen que ver con maduraciones, con honduras y alturas personales tocadas. Eso se trasmite a través de la música, que no solamente emociona a la gente, sino a nosotros. Terminamos todos los conciertos atravesados por la música, y por la emoción. Muchas canciones fueron escritas en momentos fuertes de nuestras vidas, por eso el disco tiene un fuerte hilo conductor... cuenta una historia.

D. L.: –Además, es fundamental saber hacer listas. En este caso, Pedro sabe más... yo soy un poco apurado. Me doy cuenta de que a veces voy a ver artistas y me aburre el repertorio, no el artista. A veces te ponen un tema donde vos sentís que tiene que ir otro, y así. En nuestro caso, por otro lado, hay temas que suenan fuerte y que con batería incluida serían insoportables.

–“Dos edificios dorados”, “Casa de arañas”, “Copado por el diablo”, “32 macetas”... mucha presencia del primer disco de David, grabado hace 34 años. ¿Por qué?

D. L.: –Porque ganó la lista de él (risas).

P. A.: –Charly y yo, además de ser fans de David en general, somos recontra fans de su primer disco.

–Cuya característica central es que David toca todos los instrumentos. Algo inédito entonces...

–Es que lo quise grabar todo ahí, en el momento. Es muy espontáneo... aparece Pappo tocando el piano en “32 macetas”, Alejandro Medina en “Nube cien”, y es así porque está hecho en la época que La Pesada copaba los estudios Phonalex y se grababan todos los discos: el de Gabis, el de Alejandro, todos. Cuando vino Walter Malosetti a grabar el solo de “Copado por el diablo”, nosotros le dijimos que siga, porque un pedazo de ese solo lo usó Gabis para una canción suya (risas). Grabé todo por las ganas que tenía. Yo no sabía tocar el piano, y lo tocaba con tres dedos. Para el “Tema para Luis” (la canción que Lebon le escribió a Spinetta cuando dejó Pescado Rabioso) me maté estudiando tres acordes de mierda como si fuera Beethoven. Ese disco lo grabé en una semana.

P. A.: –Yo creo que es el primer disco de un solista argentino con esa fuerza. Está bien, están los de Moris... pero como disco de rock, no creo que tenga parangón.

D. L.: –Lo grabé casi antes de que se terminara Pescado, y el culpable fue Luis, porque yo tenía una canción –“Mañana o pasado”– y cuando me escuchó cantarla, me pidió que la grabáramos para el último disco (el famoso doble de Pescado). Pienso que la cagó, porque desde ese momento abrí la puerta y empecé a componer (se ríe). La culpa la tiene él. ¡Si yo hacía solos de viola, nomás!

–¿Qué suerte le pronostican al disco del dúo, teniendo en cuenta el vendaval de ediciones que ocurren en este tiempo de rock “de masas” y facilidad tecnológica?

D. L.: –Yo siempre aposté a que no hace falta mucho para que un disco venda. No tenés que vestirte especialmente ni hacer ninguna locura marketinera... si la cosa es buena, llega por el boca a boca. Antes, llenabas el Luna Park sin que tus temas se escucharan en la radio, porque te los censuraban o despreciaban. Pregunto: ¿por qué no van a llegar ahora?

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Con AznarLebon bajo el brazo, el dúo saldrá de gira por distintas ciudades del país.
 
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