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Jueves, 29 de junio de 2006

MUSICA › “A MIDSUMMER NIGHT’S DREAM” EN EL COLON

Una noche en la ópera

La obra de Britten, basada en Shakespeare, tuvo una puesta excelente en lo musical, con un elenco cuidadosamente elegido.

 Por Diego Fischerman

El valor de una obra artística, para la línea central de la cultura de tradición europea, se construye alrededor de la idea de complejidad. Sus contradicciones, la tridimensionalidad, la simultaneidad de informaciones diversas, eso que, a falta de metáforas mejores, se denomina espesor, será lo que diferencie al mero producto de circunstancia de la obra maestra. Y si hay un creador que tempranamente sintetiza este ideal es William Shakespeare. Ninguna de sus piezas dramáticas carece de comicidad y ninguna de sus comedias deja de tener aspectos inquietantes. A Midsummer Night’s Dream, aparentemente un divertimento tejido alrededor de equívocos de enamorados y hechizos de hadas, está lejos de ser una excepción.

Su argumento tentó a las adaptaciones más diversas, incluyendo una de Disney con el Pato Donald y el Ratón Mickey junto a sus novias eternas, Daisy y Minnie, y una porno bautizada A Midsummer Night’s Cream, como señala Jorge Fondebrider en un artículo publicado en la Revista Teatro Colón y citado en el programa de mano para la puesta que acaba de estrenarse en el Colón de la ópera que Britten y su amante, el tenor Peter Pears, escribieron a partir de este sueño nocturno. Las adaptaciones teatrales son corrientes, por otra parte, en el mundo de la ópera, dado que los textos pasan de moda mucho más rápido que las músicas. Pero tanto en unos casos como en los otros, lo que se busca es agregar algo de ese famoso espesor: acentuar alguna contradicción de la trama que podría pasar inadvertida, enfocar la cuestión desde un punto de vista nuevo, provocar algo de ese extrañamiento que reclamaban los formalistas rusos o, simplemente, tratar de renovar la vigencia de la trama a partir de la actualización de sus circunstancias. Tanto Mickey y Donald como la pornográfica crema, en ese sentido, resultaban altamente eficaces. La apuesta del director de escena Paul-Emile Fourmy y el escenógrafo y vestuarista Louis Désiré, con su ubicación de la erótica noche en un teatro, eventualmente, no agrega en realismo y actualidad lo que resta en magia y fantasía.

Un elenco excelente, encabezado por el contratenor Fabrice di Falco en un temible Oberon más despótico que travieso, y la soprano Pamela Coburn como la reina Tytania, unió buenas voces, adecuadas a los papeles y utilizadas con criterio estilístico, a una sólida presencia en escena. El actor Gary Tushaw, como Puck, tuvo también la cuota de gracia unida a misterio que requiere su personaje. El cuarteto de amantes –ligado al clásico cuarteto de voces de la ópera romántica–, personificado por la soprano Graciela Oddone, la mezzosoprano Mariana Rewerski, el tenor Stephen Boyd y el barítono Luciano Garay, fue perfecto, al igual que el grotesco sexteto de rústicos. Justamente en su escena dentro de la escena, cuando representan el romance de Píramo y Tisbe –en donde se destacó la fantochesca composición de Tisbe por Ricardo Casinelli– fue donde lo escénico cobró mayor fluidez –y mayor espíritu shakespeareano–. La formidable orquestación de Britten, en la que cada grupo de personajes tiene un correlato instrumental, tuvo en el director Arthur Fagen un muy buen aliado. Más allá de alguna falla en la trompeta y de desajustes rítmicos menores, la Orquesta Estable cumplió con creces las exigencias de una obra brillante. Parte del color que el compositor concibió para este “mundo fuera del mundo” tiene que ver con otra de sus grandes especialidades: la escritura para voces infantiles. Como en la Missa Brevis, Ceremony of Carols o la formidable aria “Malo”, en The Turn of the Screw, aquí los niños encuentran una dimensión musical de sugestión única. El coro, a cargo de los personajes de las hadas, y los cuatro solistas que asisten a Tytania, fantásticamente preparados por Valdo Sciammarella, estuvieron, en la función del estreno, entre lo mejor de la noche.

8-A MIDSUMMER NIGHT’S DREAM

Opera de Benjamin Britten

Libreto: Benjamin Britten y Peter Pears, basado en la obra de William Shakespeare

Director musical: Arthur Fagen

Puesta en escena: Paul-Emile Fourny

Escenografía e iluminación: Louis Désiré

Iluminación: Patrick Méeüs

Dirección del Coro de Niños: Valdo Sciammarella

Elenco: Fabrice di Falco, Pamela Coburn, Gary Tushaw, Luis Gaeta, Alejandra Malvino, Jonathan Boyd, Luciano Garay, Mariana Rewerski, Graciela Oddone, Gustavo Gibert, Carlos Esquivel, Ricardo Casinelli, Sergio Gómez, Osvaldo Peroni y Sebastián Sorarrain. Solistas del Coro de Niños del Teatro Colón: Carla Antonella Franzé, Andrés Maximiliano Pereira, Carolina Schaarchmidt y Naría Candelaria Castro Orquesta Estable del Teatro Colón Coro de Niños del Teatro Colón

Teatro Colón. Martes 27

Nuevas funciones: Mañana, domingo 2 de julio y martes 4.

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