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Lunes, 13 de enero de 2014

MUSICA › MATíAS CORRADINI PRESENTARá SU ESPECTáCULO EL TANGONAUTA

“La identidad es algo dinámico”

Ex integrante de la banda rosarina Irreal, y radicado en Italia desde hace 25 años, el compositor y guitarrista actuará hoy en Café Vinilo. Allí mostrará su suite de temas dedicados a Piazzolla, animados por la vocación de buscar en el tango “siempre algo nuevo”.

 Por Cristian Vitale

Matías Corradini ya estaba en Italia cuando un día le sonó el teléfono y del otro lado de la línea estaba Mercedes Sosa. “Levanté el tubo y me cantó ‘Río de Camalotes’. Por supuesto quedé duro”, refresca él, como protagonista directo de una de esas sorpresas que solía dar la tucumana. El tema era de él, claro, y la Sosa lo terminó incluyendo en su disco de 1993 (Sino), previo encuentro entre ambos en Roma. “Bajé de las nubes, le agradecí, y la fui a ver a un concierto en el que la cantó. Cuando escuché a la gente cantar el estribillo comprendí que, como todas las canciones de las que la gente se apodera, ella había llegado a su destino, y éste fue un punto de inflexión para mí: comprendí que las canciones no vienen de uno sino a través de uno”, extiende este guitarrista, arreglador y compositor argentino que bajó de Italia hacia su país para presentar su nuevo espectáculo (El Tangonauta) el próximo jueves a las 21 en el Café Vinilo (Gorriti 3780).

“Río de Camalotes” no es, lógico, la única cuestión que este músico radicado en Italia hace 25 años puede utilizar como carta de presentación ante un público que prácticamente lo desconoce. Pero sí es un puente para unir ese pasado lejano que lo vincula a Irreal, una de las bandas amateur que Juan Carlos Baglietto piloteó antes de la trova, y al Corradini-Campos, grupo marplatense que trabajó duro en eso de “renovar” la música litoraleña, cuando había mucho por hacerse –de él bebió Mercedes– con un post italiano, en el que Corradini no sólo se dedicó a grabar óperas conceptuales, discos con sonidos marinos y laburos de musicoterapia, sino a componer piezas en homenaje a otra de sus musas: Astor Piazzolla. “De esto se trata el Tangonauta”, explica y desarrolla: “De una suite de temas dedicados a la memoria de Astor, que nos fue a escuchar en Punta del Este, pocos años antes de irse. Lo grabé originalmente en 1999, en Italia, y el punto es que su obra es un muro con el que todos los compositores se topan. Hay tanta luz en ella que es inevitable también que se proyecten sombras. Ahora, uno puede quedarse allí o animarse a proponer otra cosa. Y yo, con todo respeto, me puse a trabajar en lo que mi preparación y mi instinto me permiten ahondar hasta que quedó este Tangonauta, espejado en los que bucean, buscan y encuentran en el tango siempre algo nuevo”.

–¿La obra puede ubicarse en el “nicho” de world music o música étnica?

–Así califican mi música en Italia, sí, pero luego aclaran que se trata de música del mundo con un fuerte acento argentino. Entiendo que toda la música es étnica, en el sentido de que su autor, inevitablemente, deja traslucir el contexto cultural en el que creció y se formó, como me sucedió con la música del Litoral o el tango. Si agregamos que la música de un pueblo tiene sus raíces pero que también va incluyendo elementos con los que puede desarrollarse y expandirse, y que el tiempo puede ir modelando nuevas propuestas sin perder el sabor original, veremos que la identidad es algo dinámico, se va construyendo permanentemente. Entonces, lo que resulta en el caso de la música que hacemos hoy, sí, es exactamente eso.

Es, a trazo grueso, lo que propuso en dos décadas y media de labor en la península europea donde, además de El Tangonauta, editó discos como Mar o Tierra del Fuego, que lo llevaron a ganar el premio revelación en el Arezzo Wave Festival. Y a escribir libros –seis en total– en los que indaga sobre dos caras, tal vez, de una misma moneda: la música y la búsqueda interior. “Cuando emigré a Italia, me di cuenta de que el paisaje interior se lleva todas partes, nos marca la mirada del horizonte y aflora en lo que hacemos. Desde allá, por ejemplo, el tango se ve como un color que tiñe todos los recuerdos de Argentina. Es un proceso paradójico, porque me pasó lo mismo cuando me tuve que ir de Rosario a Mar del Plata y empezó a surgir en mí el paisaje del Litoral. Mar del Plata, con otra cultura y otro paisaje, me metió presión adentro y empezaron a surgir chamamés, chamarritas y guaranias”, se “autohistoriza” Corradini.

–Las que nutren al trío que le dio canciones a Mercedes Sosa, que también se apropió de “Luna de cabotaje”.

–Un trío con una identidad bien definida basada en la experimentación constante, sí. No teníamos ninguna duda al momento de incluir instrumentos exóticos o mezclar ritmos o proponer nuevas armonías, y tampoco en sumarnos a la Alternativa Musical Argentina, aquel movimiento de músicos independientes con el cual realmente proponíamos alternativas a los esquemas con los que se manejaban la música y la producción en la época. Recorrimos prácticamente todo el país, pudimos grabar varios discos y tocar junto a los más reconocidos intérpretes de esa época.

–¿Y cuál es la reminiscencia de Irreal? Un grupo que, además de la voz de Baglietto, contaba con la batería de Manuel Wirtz y todo lo que ello implica, claro...

–Irreal tuvo su reconocimiento “póstumo” cuando Baglietto, que era la primera voz del quinteto, se hizo conocido. Allí empezó a circular la leyenda. Nos encolumnábamos con el movimiento de producción independiente, musicalmente muy amplio, y con un lenguaje innovador dentro del rock nacional. Fueron épocas dulces para la creatividad y terribles para el esfuerzo. No obstante la fragilidad de nuestros medios, llegamos a tocar en lugares muy lejanos de Rosario, como Tucumán o Chaco, hasta que llegó el final.

–Líos con “la ley”. O con una ley que no lo era...

–Sí. El grupo terminó cuando el Servicio de Inteligencia del Ejército (corría el año 1981, plena dictadura) se interesó en nuestras letras, que nosotros nos encargábamos de fotocopiar y distribuir entre el público, para compensar el sonido precario de esos años. Como yo era el autor y compositor de casi todos los temas, bueno, fui el primero que tuvo que ir a declarar. Fue un momento muy duro, el grupo se rompió y ahí decidí irme a buscar otros aires.

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Matías Corradini es autor, entre otros temas, de “Río de camalotes”, grabado por Mercedes Sosa.
 
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