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Lunes, 10 de marzo de 2014

MUSICA › MUSICA LA SEMANA DE LAS MILONGAS COMENZARá HOY Y SE EXTENDERá HASTA EL DOMINGO

Siete días para sacarle viruta al piso

La inauguración será hoy a las 14 en Diagonal Norte, entre Cerrito y Libertad, y habrá actividades repartidas entre medio centenar de sedes. La llevan adelante la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico porteño y la Asociación de Organizadores de Milongas.

 Por Andrés Valenzuela

Milongas hay muchas y muy distintas. Son una parte esencial de la cultura tanguera argentina y fueron el refugio del 2x4 cuando el género se retiró del oído popular y las orquestas cedieron el lugar predominante en las radios a otros ritmos. Desde ellas, sin embargo, el tango sobrevivió y siguió latiendo, conservando parte de su historia e incorporando relatos nuevos. Hay una suerte de épica en las milongas, de militancia musical que se entremezcla con una visión de cómo es –o debería ser– el tango. Por eso entre hoy y el domingo se celebrará la Semana de las milongas, organizada en conjunto por la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, del Ministerio de Cultura de la Ciudad, y la Asociación de Organizadores de Milongas.

Las actividades de la Semana de las milongas se repartirán entre medio centenar de sedes. En las dos semanas previas, las entradas gratuitas podían retirarse (hasta dos por persona) en la Casa del Historiador. Hoy habrá entradas gratuitas disponibles desde las 14 en la plaza Astor Pia-zzolla (Diagonal Norte 1100). No conseguir esas entradas no impedirá acceder a las pistas, pero sí habrá que abonar (50 pesos) para hacerlo. Con esto, según comunicó el Ministerio de Cultura que dirige Hernán Lombardi, se espera que el tango “vuelva a ser de todos” y que “vuelva a la esquina”. Lombardi presidirá hoy, a las 14, la inauguración de las actividades en Diagonal Norte entre Cerrito y Libertad.

En algunas milongas, el saco y la corbata son casi una religión para los hombres y será imposible ver a una dama sin sus tacos altos. Los viejos bailarines de esos lugares retacean los firuletes extravagantes, pero hacen gala de una precisión de movimientos difícil de advertir en el resto de las horas del día, si no hay piso al que sacarle viruta y los parlantes no comparten a Di Sarli, Pugliese o D’Arienzo. En otras, de a poco más frecuentes y numerosas, el lugar lo ocupan cabellos largos en los varones, a veces algunas rastas, y los zapatos no son obligatorios ni para ellos ni para ellas. Se puede bailar en zapatillas de lona, con remera y jeans. Hay milongas en las que sólo los del barrio caminan la pista y otras que atraen al turista curioso con el tango “for export”.

Hay milongas donde se observa al nuevo hasta que se consiente bailar con él (o ella) y otras que dan la bienvenida desde el primer instante al forastero de turno. En algunas se habla español y en otras se mezclan acentos europeos y asiáticos, de ese fenómeno fascinante de quienes llegan a Buenos Aires para estudiar, practicar y bailar los siete días de la semana durante varios meses. En unas los habitués reciben con alegría a una orquesta en vivo y en otras los tacos son recelosos de los arreglos que no conocen.

La Semana de las milongas celebrará justamente esa diversidad y los lugares mismos de encuentro para los milongueros. Además de las habituales clases y prácticas, el festejo incluirá homenajes a grandes milongueros, orquestas en vivo, demostraciones de baile, shows y muestras fotográficas. La apertura será en la Parakultural (Scalabrini Ortiz 1331, Palermo) con la presencia de los bailarines Alejandra Gutty y Pancho Martínez Rey, y el cierre, el próximo domingo, será en Bohemia (Leguizamón y Gallo, Lugano) con el gran Sexteto Milonguero, una orquesta que suele animar pistas con gran recepción de público. Será una ocasión, en suma, para acercarse a las pistas. Para los milongueros habituales, de conocer otros pisos. Para quienes toman clases y aún no se animan a levantarse de su silla cuando comienza la tanda, de hacerlo. Y para quienes quieran abrirse el mundo del abrazo tanguero, otra gran oportunidad.

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En las milongas hay una suerte de militancia musical mezclada con una visión de cómo debe ser el tango.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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