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Martes, 21 de abril de 2015

MUSICA › OPINIóN

Interpretaciones sesgadas

 Por Diego Fischerman

Iban a ser doce conciertos gratuitos programados por Martha Argerich y su amigo, el también pianista Eduardo Hubert. Iba a ser el retorno del Festival Argerich a Buenos Aires, después de la cancelación de 2005, cuando un problema gremial llevó a la suspensión. El programa iba a incluir doce conciertos –cuatro de ellos de la propia Argerich– con la participación de veinte artistas seleccionados por la pianista y de la Sinfónica Nacional, la Orquesta Juan de Dios Filiberto y la Orquesta del Bicentenario, más clases magistrales a cargo de los músicos convocados.

El Festival iba a inaugurar, en mayo próximo, el auditorio conocido, desde que comenzó la refacción del viejo edificio del Correo Central, como La Ballena Azul y bautizado con el nombre de Néstor Kirchner. Aunque la ministra de Cultura de la Nación, Teresa Parodi, dice no perder las esperanzas, el hecho es que después de una operación mediática salvaje, que incluyó la publicación, por parte del diario Clarín, de datos falsos acerca de los cachets cobrados por los artistas, y hasta ataques personales a Argerich llamándola “colaboracionista” y “cómplice” desde distintos sitios virtuales, la pianista le mandó un mail a la funcionaria para expresarle que no se “sentía capaz de sobrellevar físicamente el venir a Buenos Aires y soportar las agresiones y la violencia”.

El costo previsto para la Semana Argerich era de seis millones de pesos, incluyendo los pasajes, gastos de alojamiento y honorarios de los artistas. Con el consabido condicional que algunos medios han patentado en los últimos tiempos y que un periódico jamás debe usar –si es una noticia es porque está comprobada y por lo tanto el condicional es improcedente– se publicó que “la llamada ‘Semana Martha Argerich’, en el marco de la programación del Centro Cultural Kirchner, costaría alrededor de 25 millones de pesos, que equivaldrían a cerca de 200 mil dólares por función”. La agitación había comenzado con una nota en un sitio virtual llamado lapoliticaonline.com. Allí decía, el 14 de abril pasado: “En el ambiente cultural se recibió con sorpresa que Argerich haya aceptado realizar estos conciertos. Es que será la primera vez que una artista del prestigio internacional de Argerich preste su nombre para participar de un hecho político de la magnitud que significará la inauguración del centro cultural que llevará el nombre de Kirchner. En ese sentido, la ‘Semana Argerich’ fue recibida como una declaración de guerra en la élite cultural”. Se ignora cuál es el “ambiente” o la “elite” cultural a la que la nota anónima se refiere. Y es allí donde debe buscarse la verdadera declaración de guerra.

Que la inauguración de un auditorio que, en los hechos, será uno de los más importantes y mejor equipados del mundo se considere “un hecho político” –o sólo un hecho político y no de política cultural, en todo caso– tan sólo en virtud de su nombre (o de sus gestores) es una interpretación, como mínimo, sesgada. Aun concediendo que el bautismo del centro con el nombre del ex presidente pudiera resultar irritante para algunos o, incluso, inapropiado, invalidar por ello un festival como el que estaba programado es como si, llevando la cuestión a un extremo, se decidiera no aterrizar más en Buenos Aires en razón de que el ministro Pistarini, a quien el aeropuerto homenajea con su nombre, fue condecorado con la Cruz de Hierro por el gobierno del Tercer Reich. Por otra parte, es llamativo el hecho de que aquello que circulaba por Internet, donde ya se sabe que no es necesaria prueba alguna y donde el insulto o la difamación se mezclan demasiado frecuentemente con la pretendida información, haya pasado sin más a un diario de tirada nacional. Las profecías, ya se sabe, tienden a autorrealizarse. Y quienes lo saben inventaron un clima de crítica y disconformidad con la venida de Argerich que mal podía corresponderse con la realidad, pero que acabó moldeándola a su imagen y semejanza. En última instancia, el beneficiario directo de la cancelación es el Teatro Colón –que mantiene un convenio comercial con Clarín–, en cuya sala Argerich actuará en julio, junto a Daniel Barenboim, con entradas cuyo valor llega a los 3000 pesos.

“Nosotros nos escribíamos con frecuencia, de manera muy afectuosa, por lo que estoy realmente muy afectada en lo personal”, dijo a Página/12 la ministra. “Ella se había enamorado de La Ballena Azul; yo la llevé a conocerla y ella proponía cosas para hacer allí. Tenía pensado, además, instituir una Beca Martha Argerich, con un jurado que ella eligiera, para posibilitar el perfeccionamiento de jóvenes talentosos. En realidad, aunque sea un poco infantil, no pierdo todavía las esperanzas. La cuestión es que no queda mucho tiempo: apenas un poco más de un mes. De todas maneras, si esto no puede plasmarse, eso no quiere decir que ella no venga a tocar más adelante, cuando este clima de agitación desaparezca. Es una pena porque muchísima gente que jamás la había escuchado iba a poder hacerlo y este festival coincidía con nuestra idea de estar donde el mercado no está. Igualando lo que el mercado hace desigual.”

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