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Lunes, 15 de agosto de 2016

MUSICA › LA BANDA ALEMANA SCORPIONS SE PRESENTA EN SEPTIEMBRE EN TECNOPOLIS

“Acá estamos, los buenos sobreviven”

El guitarrista Matthias Jabs reconoce que el grupo estuvo cerca de separarse, y que el grunge, en su momento, fue una amenaza para el hard rock. Pero con más de medio siglo de carrera, Scorpions sigue en la ruta.

 Por Mario Yannoulas

Scorpions, por cuarta vez en la Argentina. Es la banda alemana más vendedora de la historia.

No hay metáfora al decir que los días de algunos artistas se parecen bastante a una ruta. Nubes, vías, casas, animales salvajes, montañas, resplandor nocturno, todo eso conforma el panorama cotidiano a través de una ventanilla. Es el caso de Matthias Jabs, cuyo amor por la guitarra eléctrica nació a partir de la radio, con la versión de Jimi Hendrix de “All along the watchtower”, que instantáneamente le masticó los sesos. Eso lo llevó, después de un aceptable camino personal, a sumarse como guitarrista de Scorpions sobre el fin de los 70, para llenar el vacío que había dejado Michael Schenker tiempo atrás. Desde entonces, la vida de Jabs se dividió entre aeropuertos y estudios de grabación: ahora llegó a la Argentina por cuarta vez, después de haber pisado destinos dispares como Suiza, México, China, hasta Vietnam, en una gira que termina el 2 de diciembre en Groenlandia. “Tratamos de mantenernos siempre ocupados”, refuerza. “El único momento en el que pensamos en terminar nuestra carrera fue en 2010, cuando sentíamos que quedaba sólo una gira por hacer, la de presentación de Sting in the Tail. Así lo creímos de verdad, pero en un momento dejamos de creerlo, el unplugged para MTV nos obligó a volver a arreglar las canciones, aparecieron ideas, y el sello nos propuso grabar dos discos más. Ahí nos dimos cuenta de que nos habíamos apurado con la decisión, amamos mucho lo que hacemos y no había razón para dejar de hacer nada”.

El legado de ese proceso es Return to Forever, su decimoctavo lanzamiento de estudio –el que el 15 de septiembre permitirá su cuarta visita a la Argentina, en Tecnópolis–, que tiene como particularidad haber empezado como una modesta recolección de descartes de distintas épocas, hasta tomar vuelo propio. “La idea madre era sacar un disco que nos permitiera revivir canciones inconclusas, bocetos que no habían visto la luz, especialmente de los 80, pensando en tantos seguidores que nos reclamaban más material de esa época. Y por supuesto que había, por las 8 o 9 canciones que salían en cada álbum, había compuestas casi 25, muchas de las cuales valían realmente la pena. Así que las retomamos, aparecieron nuevas ideas de todos lados, terminamos produciendo y grabando 18 temas, así que el material es nuevo en un ochenta por ciento”, revela el guitarrista de una de las bandas insignia del hard rock teutón, junto con Accept.

–Todo indica que la canción “We built this house” (“Nosotros construimos esta casa”) se refiere a tantos años de trabajo con la música. ¿Es así?

–Es que, en la importancia de los cimientos, una banda es como una casa. Hay que montarse sobre una base sólida, porque si la estructura es débil colapsa ante la primera tormenta. Siempre hay que reconstruir, arreglar. Las carreras también tienen momentos: en los 90, por ejemplo, con todo el tema del grunge, bandas como Scorpions y toda la música de los 80 parecían pasadas de moda. Pero la casa era fuerte, nosotros seguimos, y las bandas grunge no están más.

–Esa visión la comparten muchos músicos de hard rock. ¿Fue la época más difícil para bandas como Scorpions?

–Absolutamente. Al principio las cosas iban bien, porque sacamos un disco muy exitoso como Crazy World, que tenía singles como “Wind of change”, “Send me an angel”. Pero la segunda parte fue dura para los que hacíamos rock en los ‘80. Toda la industria nos señalaba como piezas de museo. Pero acá estamos: los buenos siempre sobreviven.

–Además de ser la banda alemana de rock más vendedora de la historia, llevan más de medio siglo de carrera. ¿Cuál es la clave?

–La banda se formó en 1965, y Klaus Meine se sumó en el 70, yo en el 78. 38 años es mucho tiempo. Pero siguen apareciendo ideas nuevas, y si bien no dormimos todos en el mismo cuarto, la gira por EE.UU. la hicimos en micro, almorzamos juntos todos los días, hay que saber llevarlo.

–Habló de “Wind of change”, una canción que impactó por la melodía, pero también por la letra. ¿Cómo la ve hoy?

–Era un mensaje de esperanza: la Unión Soviética caía, y con ella el muro de Berlín… había un sentimiento de que la cosa avanzaba. Si bien el tema tiene especial conexión con situaciones de hace casi veinte años, hoy lo vientos siguen cambiando, y todavía hay esperanzas.

–¿Cuán difícil fue pasar a formar parte del mundo internacional del rock, viniendo de un país con menos tradición que otros?

–Al principio no teníamos apoyo del management. En muchos países el rock no estaba muy profesionalizado, y era el caso de Alemania. Crecimos y nos volvimos un poco exóticos: éramos como unos ingleses raros, pero distintos de los norteamericanos. La gente se dio cuenta de que proponíamos algo diferente, y las cosas empezaron a pasar.

–Todavía hoy se habla del peso de las bandas de hard rock de los 80. ¿Qué tuvo de especial esa época?

–Fue una década espectacular para Scorpions, porque todo el mundo amaba al rock. Había mucha desfachatez, estaba también el factor glam, la cosa salvaje en los pelos. Era todo un gran show. Después del grunge sólo quedaron los realmente buenos: Iron Maiden, AC/DC, Metallica… mire dónde están hoy esas bandas, son más convocantes que cualquiera. No veo bandas con ese potencial hoy.

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