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Martes, 9 de junio de 2009

LITERATURA › ENTREVISTA CON LAURA ESQUIVEL, NOVELISTA Y CANDIDATA A DIPUTADA

“No perdí el contacto con la gente”

La autora de Como agua para chocolate aspira a una banca representando a la izquierda mexicana, en una pausa de su escritura. “Así como cambiarme la vida, no me ha cambiado: desde hace mucho me interesé en cuestiones sociales”, dice.

La escritora mexicana Laura Esquivel, que hace veinte años se hizo famosa con su novela Como agua para chocolate, anda en estos días de aquí para allá en actos de campaña. No es que vaya a tomar apuntes para algún nuevo libro. En esta historia, ella es la protagonista: compite como diputada local en los comicios de Ciudad de México del 5 de julio. Su distrito es el XXVII de Coyoacán, una zona del sur de la capital mexicana con realidades contrastantes, donde viven muchos escritores, bohemios y artistas y en la que también hay comunidades marginadas. Esquivel, de 58 años, es candidata de la alianza de izquierda formada por el Partido de la Revolución Democrática, el Partido del Trabajo y Convergencia. Se despierta tempranísimo para hablar con los vecinos que acuden a las lecherías y no para hasta entrada la noche.

“Así como cambiarme la vida, no, no me ha cambiado. Yo desde hace mucho he realizado actividades en cuestiones sociales, no directamente una actividad política, pero sí, por ejemplo, cuando hacía teatro visitábamos mucho comunidades indígenas dando clases de teatro. Nunca he perdido el contacto con la gente del pueblo”, dice Esquivel. Con su primera novela, Esquivel rompió records de ventas: cautivó también desde las pantallas de cine con la versión fílmica dirigida por su entonces esposo Alfonso Arau, de la cual ella fue guionista. La historia de amor de Tita de la Garza y Pedro Muzquiz, saboteada por Mamá Elena entre cacerolas y tiros de la Revolución Mexicana, ha dado la vuelta al mundo traducida a 36 idiomas. Pero en su distrito electoral muchos ignoran quién es. Nunca han leído sus novelas ni conocen sus records.

“Hay un sector obviamente que sabe perfectamente quién soy yo, y es muy lindo porque me sienten cercana”, manifiesta. Sin embargo, también hay gente que “no ha tenido la oportunidad de leerme y yo lo entiendo perfectamente. Tú tienes que elegir: con el sueldo con el que ellos viven tú eliges entre comer o comprar un libro. Obviamente ellos eligen comer”. Ya casi no tiene tiempo para nuevas novelas o guiones de cine, pero en algunas partes del camino se cruzan su trayectoria literaria y su presente político. Su lema de campaña, por ejemplo, es “escribamos una nueva historia”, y lo vuelca en el papel con sus frecuentes reflexiones político-filosóficas, a manera de ensayo, en las que analiza el efecto que pueden tener “los pensamientos colectivos equivocados” en las sociedades.

Después de Como agua para chocolate (1988), estuvo varios años sin escribir. En 1995 publicó La ley del amor y luego Intimas suculencias (1998), Estrellita marinera (1999), El libro de las emociones (2000), Tan veloz como el deseo (2001) y Malinche (2006).

Convivir con el éxito de su primera obra fue difícil. “Te cuelgan etiquetas que no necesariamente son lo que tú eres. Por ejemplo, lo que a la gente le impacta más es que seas best-seller”. “Inmediatamente tienes una reacción adversa de un sector que no ha logrado ese éxito, inmediatamente todo el mundo empieza a decir que eso no es literatura. Era mi primera novela. Ahora yo ya entiendo por qué les causó tanto escozor, porque ahora sé lo que cuesta a veces que te lean.”

Además, tuvo que enfrentar la presión de las editoriales para que siguiera escribiendo. “Me tuve que rescatar, retraer, recuperar y hacer un gran trabajo interno. Cinco años después escribo La ley del amor, y ha sido mi gran maestra aquella novela.” Además de dedicarse a la literatura, tuvo durante un tiempo una tienda de ropa tradicional mexicana y conserva el sueño de abrir alguna vez un restaurante con las recetas de Como agua para chocolate, aunque otros ya le han plagiado la idea en ciudades como Santiago de Chile, Oaxaca, Valladolid, Buenos Aires y Lima. “Fui a Chile y hay uno que se llama Como agua para chocolate. Estuve cuando presenté Malinche. Yo tengo registrada la marca, porque ese sueño lo tengo hace mil años. Y me hicieron una presentación del libro ahí...” “Cuando llego con la señora y veo, no tienes idea lo que me conmovió. Le dije: mire, señora, se supone que yo lo tengo registrado, pero a usted se lo doy. Le agradezco el amor. No sabes qué bellezas tiene. Cosas que yo ya había pensado para el mío, hay otras que ella no llegó a imaginar y no se las dije, pero tiene cabeceras de camas, llegas y en la mesa hay pétalos de rosa glaceados de botana (para picar), deliciosos.”

Esquivel piensa que, una vez que concluyan las campañas, quizá pueda retomar una novela que tiene en preparación desde hace años, una historia sobre una mujer, de la cual se reserva los detalles. “Yo la había empezado antes de Malinche, ya tenía 70 páginas. Me proponen Malinche y le dediqué tres años, y luego dos de promoción. La otra pobre ahí sigue. Ahora viene esto y queda relegada, pero bueno, a lo mejor esta experiencia la va a enriquecer más.”

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Laura Esquivel representa a Coyoacán, zona sur de la capital, donde viven bohemios y artistas.
Imagen: Bernardino Avila
 
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