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Miércoles, 4 de enero de 2012

LITERATURA › CARLOS CHERNOV PUBLICó EL DESALMADO

Revelaciones de un viejo mito secreto

El protagonista de la novela es un médico que comete “pequeños asesinatos” y decide el preciso instante en que un desahuciado morirá para succionarle el alma.

 Por Silvina Friera

“Cuando te llegue tu hombrecito, cuídalo.” En la fenomenología de los mandatos, casi siempre los planos se confunden. El oráculo del pilagá Uro Uña, un anciano brujo tan afamado como temido en el Chaco, recién se comprenderá hacia el final de El desalmado (Emecé), de Carlos Chernov. El calvario de Ricardo L’Héritier, un médico que comete “pequeños asesinatos” y decide el preciso instante en que un desahuciado morirá para succionarle el alma, se gestó en el útero. Una carta de la madre y la revelación de que eran tres los bebés obtura más la angustia almacenada. En los embarazos gemelares a veces sucede que uno de los hermanos queda aplastado por el otro. “La vida es curiosa: Eduardo y yo fuimos asesinos fratricidas antes de nacer –piensa Ricardo, masticando, como puede, la novedad–. Dicen que todos nacemos culpable, pero nosotros cometimos el verdadero pecado original; no esa pequeñez de ser concebidos en pecado, nosotros fuimos asesinos cuando todavía no éramos personas.” A esta altura de la novela, el pequeño “ladrón de almas” es un cauteloso y discreto asesino serial que carga sobre sus espaldas muchos crímenes, archivados, por la pericia de la ejecución, como muertes naturales.

La última novela del escritor, médico psiquiatra y psicoanalista, atrapa al lector de la primera a la última línea por los tópicos que explora: el doble, la identidad, la inmortalidad y el miedo a la muerte. Las páginas de El desalmado están atravesadas por un “mito secreto”. O, si se prefiere, la secta de un solo hombre, no exenta de una suerte de pacto satánico o de tragedia original. Ricardo, entonces, uno de los gemelos en cuestión, nació con una extraña enfermedad. El pilagá, luego de ejecutar un ritual, lo salvó. Pero se compadeció ante los padres por la desgracia de haber tenido gemelos. Una antigua leyenda aborigen postula que cuando se paren gemelos, uno de ellos nace sin alma. Como los indios no saben cuál de los dos es el desalmado, para evitar que se “endiable”, los sacrifican a ambos. Visto desde un ángulo que deroga los sufrimientos futuros, acá no hubo sacrificio literal. Ricardo y Eduardo sobrevivieron. Pero el chamán, protector del más débil –Ricardo–, lanzó el primer mandato: hasta que Ricardo no se apoderara de suficientes almas, su vida dependería del parecido con su hermano.

La seguidilla de asesinatos fue inaugurada con un inmigrante de origen rumano de ochenta y dos años, que se estaba muriendo de una hemorragia digestiva. La lista de víctimas se incrementará con Eugenia, una diabética alcohólica; un suicida y hasta el propio hermano, Eduardo. La imperiosa necesidad de nutrirse de las almas ajenas no tiene límites. Este canibalismo espiritual se traducirá en sendas mutaciones; por obra y gracia del rumano que lleva adentro tendrá compulsión a comer cebollas; por Eugenia, en cambio, pronto desa-rrollará una pujante afición al whisky. El indio le explicará a Ricardo que, con los años, a medida que las fuera incorporando, las almas se neutralizarían entre sí hasta encontrar el equilibrio.

A Chernov le picó el bicho de la curiosidad por la universalidad del alma. “Hay pueblos que le tienen mucho miedo al alma y cuando alguno se está por morir se le tiran encima para que no se salga, le tapan la boca, no lo dejan respirar y lo terminan de matar”, cuenta el escritor en la entrevista con Página/12.

–¿Cómo explicaría ese miedo que genera el alma?

–El alma es como un prefantasma, y los fantasmas dan miedo. Los fantasmas son muertos; es muy difícil concebir la muerte como un estado completo de finalización total y siempre queda un resto dando vueltas. Muchos pueblos piensan que las almas entran en otros cuerpos. Es muy complejo el tema del alma; yo nunca vi ninguna (risas). Hasta le quieren dar consistencia: 21 gramos, como en la película. Nunca pude confirmar eso.

–¿Por qué el tema del doble suele estar vinculado con lo siniestro?

–El tema del doble es muy abundante en la literatura fantástica. La posibilidad de tener un gemelo es muy inquietante. Supongo que lo siniestro viene de que contradice el principio de que somos únicos e irrepetibles. Aparte es como si otro estuviera fuera de tu cuerpo y lo mirás en el espejo de una familiaridad perturbadora. ¿Qué es lo que muere? ¿Por qué tenemos tanto miedo a morir? Porque va a morir nuestro yo, ese sujeto único, o porque vamos a perder lo que significa la vida en tanto placer. No sé qué es lo puede producir tanto miedo a la muerte... quizá la suma de todas estas cuestiones está muy presente en el temor a la muerte.

–Pero la vida eterna sería como una maldición; en la novela algo de esta cuestión aparece a través del pilagá, ¿no?

–Si querés la vida eterna, bueno, acá la tenés: envejecer eternamente, por ejemplo, o ver siempre la misma película una y otra vez y no poder salir del cine. No sé cómo sería no tenerle miedo a la muerte, que sería una ligera ventaja. Pero calculo que si no hay fin, la vida sería desgraciada.

–Cuando Ricardo empieza a apoderarse de las almas y a matar, se podría leer la novela en clave de policial “metafísico”. ¿Fue ésta la intención?

–No sé si diría que es una novela policial porque no entraría dentro de las tipificaciones del género; es la novela de alguien que asesina. En algún sentido es un policial y hay una serie de asesinatos. Pero no es un policial en tanto no hay ningún enigma, no hay nadie que lo descubra y los asesinatos parecen muertes naturales. El no se anima a matar a gente que esté muy sana. Ricardo es un personaje que tiene miedo de que lo descubran. Y tiene una especie de fantasía secreta de que él toma lo inservible del mundo, lo que está a punto de caducar, lo que tiene fecha de vencimiento, porque son personas que están por morir y eso a él le provoca cierto goce. Le gusta la idea de que sea valioso un objeto que para los demás no importa, como el alma.

–Después de la escritura de El desalmado, ¿puede definir el alma?

–No, no creo que haya nada que sea el alma. Los relatos sobre el alma son muy complacientes, te aseguran ciertas dosis de inmortalidad, te tranquilizan un poco los nervios, pero no son relatos de alto nivel en relación con la verdad. Son ficciones; no creo que exista el alma, por ahora no me han convencido los discursos que me tranquilizan los miedos.

–¿Psicoanaliza a sus personajes? Ricardo podría ser un manantial...

–No, Ricardo sería un manantial peligroso (risas). Al que psicoanalizo cuando escribo es a mí mismo porque cuando escribís, a posteriori, te das cuenta de las cosas que te preocupan. En la sesión viene el discurso del paciente y después el discurso del analista. En mi caso, cuando escribo, es el discurso del paciente. Y veo las repeticiones, detecto dónde me aprieta el zapato en temas como la muerte y la extrañeza. La escritura es otra mirada sobre uno mismo.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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