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Domingo, 25 de octubre de 2009

CINE › COSTA-GAVRAS EVALUA QUE CAMBIO DESDE ESTADO DE SITIO HASTA AHORA

“América latina se está liberando”

En ocasión del lanzamiento de su nueva película, Eden à l’Ouest, sobre el drama de la inmigración, el director de Desaparecido se mostró optimista con respecto al futuro de América latina, pero piensa que en Europa ya no vibra la esperanza.

 Por Mateo Sancho Cardiel

Desde Madrid

El realizador franco-griego Costa-Gavras, que denunció en películas célebres como Estado de sitio (1972) y Desaparecido (1982) la mano invisible de Estados Unidos en la política latinoamericana, confiesa ahora su alegría porque “América latina se está por fin liberando de Estados Unidos. En mi generación hemos visto cómo Estados Unidos controlaba tanto dictaduras como democracias en Latinoamérica. El primero que tuvo la valentía de enfrentarse fue Fidel Castro y Cuba lo ha pagado y todavía lo está pagando muy caro”, explica en un entrevista con la prensa madrileña el director, que estrena este fin de semana en España Eden à l’Ouest. “Otros han encontrado otras maneras de hacerlo. Y a mí en concreto, el que más admiración me despierta es Lula da Silva. Hay países que, en cambio, parece que nunca saldrán de la situación, como México”, añade.

Ahora, el director que ofreciera un escalofriante análisis de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile o se acercara a la realidad de los guerrilleros tupamaros en Uruguay, vuelve a problemáticas europeas en Eden à l’Ouest, protagonizada por el actor italiano Riccardo Scamarcio. En Latinoamérica, según él, ya han creado su propia voz. “Sin duda, Argentina, Brasil y Perú están ofreciendo uno de los mejores cines sociales del momento” asegura quien dio el Oso de Oro a Tropa de élite, de José Padilha, cuando presidió el jurado del Festival de Cine de Berlín en 2007. A pesar de su optimismo respecto de la política latinoamericana, Costa-Gavras muestra en cambio su decepción por el adormilamiento social en el mundo en general. “La sociedad ha ido de mal en peor. Antes, al menos, había esperanza”, explica, y quizá por este sentimiento de desilusión ha decidido imprimir un tono de fábula mágica a su nueva película.

“Ha cambiado todo radicalmente y yo también he envejecido mucho –dice con más firmeza que melancolía–. En los sesenta y setenta podíamos tener posiciones claras. Había dos grandes bloques y elegir uno de ellos, filosóficamente, marcaba ya el camino –explica–. Hoy se habla de dos ideas bastante básicas como libertad y democracia como si pudieran resolver todos los problemas. Pero la democracia se ha banalizado absolutamente. El mundo está dirigido por las grandes empresas”, asegura.

Buscando un nuevo lenguaje para los nuevos tiempos, Edén à l’Ouest aborda la emigración desde una perspectiva diferente. “Quería mostrar al emigrante no como un portador de drama y tragedia, sino como alguien que trae luminosidad a la gente de ese mundo supuestamente más rico”, asegura. Así, Elias, el protagonista, se enmascara en el magnetismo sexual del actor italiano Riccardo Scamarcio que, desde que desembarca en las islas griegas hasta que llega a París, ejerce como catalizador de las deficiencias emocionales que emergen en el bienestar.

“Hay tanta soledad a un lado como al otro”, sentencia el director de La corporación, y asegura que en Eden à l’Ouest ha decidido centrarse antes en las personas corrientes que en el poder. No obstante, “nadie como individuo puede dar solución a la problemática de la emigración”, sentencia. “Lo máximo que podemos hacer es, como sucede en la película, darles una chaqueta, comida o una cama. La verdadera responsabilidad la tienen los gobiernos.” Costa-Gavras, que como otros realizadores como Roman Polanski ha desarrollado una suerte de cine itinerante, reconoce que su elección a la hora de elegir la nacionalidad de una película depende únicamente de la historia.

“Hago la película en el país en el que me dejen hacer lo que yo quiero y con mis medios. Si no, no la hago”, afirma el realizador que para Eden à l’Ouest ha contado con dinero de Francia, Italia y Grecia. El próximo blanco de su denuncia, de todas maneras, aún es indefinido. “Por desgracia, hay todavía muchas historias que necesitan ser contadas. Sólo tengo que ver cuál puedo contar mejor.”

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“Ha cambiado todo radicalmente y yo también he envejecido mucho”, reconoce Costa-Gavras.
 
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