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Lunes, 3 de febrero de 2014

CINE › FUE HALLADO MUERTO AYER EL ACTOR PHILIP SEYMOUR HOFFMAN

Un todoterreno con status de culto

Su rol protagónico de Capote en la película homónima de 2005 le valió el máximo reconocimiento, pero durante veinte años mostró una capacidad asombrosa para saltar de proyectos “oscarizables” a otros personalísimos.

 Por Ezequiel Boetti

La noticia circuló con la velocidad supersónica de la era 2.0, siempre acompañada de al menos una imagen del rostro de su protagonista. La decisión respondía, quizá, menos a una norma editorial que a una necesidad periodística. Al fin y al cabo, Philip Seymour Hoffman portaba un rostro rechoncho y rubión que el espectador promedio seguramente vio mil veces en roles secundarios de películas comerciales sin saber su nombre. Esto porque dedicó gran parte de sus más de 20 años de carrera a convertirse en uno de esos actores de reparto lustrosos y eficaces al servicio de grandes realizadores (de Paul Thomas Anderson a Sidney Lumet, pasando por los hermanos Coen), un intérprete de presencia abrumadora capaz de desandar con solvencia los vericuetos de la comedia (El gran Lebowski), el drama (Capote, La duda), el cine de acción (Misión imposible 3) y el thriller (Dragón rojo, Juego de espías) con el aplomo y la sabiduría de los grandes. La mayoría de sus protagónicos siempre tuvieron un carácter independiente, excéntrico y minoritario, pero de gran reconocimiento por la crítica. Es, entonces, un actor cuya condición de culto ya entró en la historia: su cadáver fue encontrado ayer al mediodía en su departamento de Manhattan y al cierre de esta edición se investigaban las causas de su muerte, aunque The New York Post aseguraba que se trató de una sobredosis, ya que el cuerpo tenía una aguja en su brazo, signo de una reincidencia del actor de 46 años en su adicción a las drogas.

Hijo de una abogada y un ejecutivo, Hoffman dedicó gran parte de su adolescencia a perfeccionar su técnica interpretativa, hasta que en 1989 finalmente recibió el título en la Universidad de Nueva York. Si hay cientos de actores que esperan durante años una oportunidad, a él le llegó casi al instante, ya que tuvo su primera aparición delante de las cámaras en 1991 en un episodio de La ley y el orden. Su paso al cine no se hizo esperar. Apenas un año después interpretó a uno de los nenes ricos y malcriados que amenazaban la continuidad académica del personaje de Chris O’Donnell en Perfume de mujer. Le seguirían algunos roles menores en películas ídem y otro un poco más relevante en Twister, al tiempo que empezaba a incursionar en la dirección de obras off-Brodway, hasta que en 1997 su carrera pegaría un volantazo con el primero de sus cinco trabajos con PT Anderson, Boogie Nights.

Volantazo a nivel artístico, claro, ya que a partir de aquí vendría una sucesión de roles estrafalarios y/o extravagantes, características que con el correr de los años se convertirían en una de las marcas de agua de su trayectoria: el Brandt del El gran Lebowski, el Phil de Magnolia y por sobre todo el Allen de Happiness, entre otros. Pero no sólo por sus roles excéntricos se caracterizaba Hoffman. Un repaso por su filmografía durante los primeros años de la década pasada muestra una capacidad asombrosa para saltar de proyectos “oscarizables” (Casi famosos, Regreso a Cold Mountain) a otros personalísimos (esa rareza absoluta llamada Embriagado de amor) e incluso realizados por fuera del cobijo de los estudios, como la aquí inédita Love Liza, ópera prima de Todd Louiso guionada ni más ni menos que por Gordy Hoffman, el hermano de Philip.

Pero el prestigio y beneplácito de la crítica aún no se traducía en reconocimientos para él, al menos en el terreno cinematográfico (fue nominado a los Tony en 2000 y 2003). Tuvo que esperar hasta interpretar a Capote en la película homónima de 2005 para arrasar con cuanta estatuilla se le pusiera delante. Entre ellas, claro está, el Oscar. Podrá criticársele que tuvo que darles a los académicos de su propia medicina (una de esas actuaciones miméticas que tanto aman), pero también debe reconocerse la inteligencia para llamarles la atención y, después sí, volver a ser el intérprete implosivo y de perfil bajo que siempre fue. La estrategia fue perfecta, tanto que da la sensación de que a partir de ese film los electores descubrieron el talento insoslayable del neoyorquino.

Director de la aquí inédita Jack Goes Boating, fue también uno de los asesores políticos de Secretos de Estado, el retorcido líder sectario de The Master y uno de los organizadores de Los juegos del hambre en la reciente En llamas, cuya secuela, Sinsajo - Parte 1, filmó a fines del año pasado. También se lo verá próximamente en God’s Pocket, ópera prima del actor John Slattery, más conocido como el jefe fanfarrón y mujeriego de Don Draper en Mad Men, además del thriller británico A Most Wanted Man. Es un triste consuelo saber que aún queda Philip Seymour Hoffman al menos para unos cuantos meses.

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Una presunta sobredosis acabó con la vida de Hoffman a los 46 años.
Imagen: EFE
 
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